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¡Qué partido alquiló, señor Guzmán!, por Juan Paredes Castro

La legítima indignación que siente (Julio Gumán) por verse casi fuera de carrera no debería desequilibrarlo

¡Qué partido alquiló, señor Guzmán!, por Juan Paredes Castro

¡Qué partido alquiló, señor Guzmán!, por Juan Paredes Castro

Quien ha dañado la candidatura presidencial de Julio Guzmán no es el Jurado Electoral Especial Lima Centro 1 ni el Jurado Nacional de Elecciones. Tampoco la “maquinaria de fraude” que pretendería, según él, distribuirse, como tajadas de salame, sus 20 puntos de preferencias.

Recuérdese que, así como Guzmán ha ganado 20 puntos de preferencias, también los puede perder, porque son solo eso, preferencias, en un cambiante proceso electoral típico del Perú. Más le valdría mostrar en estos momentos una buena dosis de modestia con los pies en la tierra que tanta vehemencia arrogante, en camino a una presidencia que, de alcanzarla, le reclamaría dos cosas básicas: ecuanimidad y respeto por el Estado de derecho.

El candidato de Todos por el Perú acusa a las autoridades electorales de robarle una elección cuando todavía no termina de validar su derecho a participar en ella; cuando él mismo sabe que su candidatura es fruto de la ilegalidad y no de meros “trámites administrativos”; y cuando debería tomar de las solapas a los muy vivos que le alquilaron el partido, incluidos operadores que han viciado no solo su plancha presidencial sino también listas enteras de candidatos al Congreso en provincias.

Si Guzmán desea sinceramente honrar esos 20 puntos de intención de voto de gente que ni siquiera se ha preguntado seriamente quién es él ni qué cosa es su partido ni qué gobierno podría hacer, debería serenar su batalla legal con las autoridades electorales. La legítima indignación que siente por verse casi fuera de carrera no debería desequilibrarlo. Menos llevarlo a calificar de “buitres” y “ladrones” a quienes necesitaría en un eventual gobierno suyo como parte de una concertación para reformas que ningún partido podría impulsarlas solo.

El modelo de cambio que Guzmán busca introducir a la carrera en la política peruana contrasta con la naturaleza de su partido, Todos por el Perú, que proviene de viejas improvisaciones políticas y postulaciones presidenciales como la de Ollanta Humala, basadas en partidos de alquiler; contrasta con su paso por el actual gobierno, que no fue un llamado milagroso de la Virgen María para ser la nodriza mental del Partido Nacionalista o de la Presidencia del Consejo de Ministros; y contrasta por último con su temperamento irritable e intolerante en circunstancias difíciles que no corresponde con el perfil del “estadista nuevo democrático” que promete ser para un país complejo y a veces convulsionado como el Perú.

¿Qué partido alquiló usted, señor Guzmán, u otros lo alquilaron por usted, sin decirle a qué tendría que atenerse?

Si, con todo derecho, usted ya tenía sueños presidenciales, ¿por qué no pensó en darles una lección a los “ladrones” y “corruptos” del pasado fundando un partido propio, decente, legal, representativo y coherente en sus fines y medios? ¿Qué hizo que cayera usted en la informalidad igualmente ruin del pasado político peruano?

Y lo que es peor que todo: ¿Por qué viene a culpar de todo esto a los que no tienen vela en la incierta procesión de su candidatura? 

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