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El partido de Ollanta Humala, por Diana Seminario

Humala pretende suplir su escaso liderazgo político asegurando su estabilidad en incondicionales mandos militares afines a él

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El partido de Ollanta Humala, por Diana Seminario

Sin pudor alguno y amparándose en la legalidad, los compañeros de promoción de la Escuela Militar de Chorrillos del presidente Ollanta Humala tienen una carrera más que exitosa en el Ejército.

En un caso inédito en la institución castrense, la promoción 1984 cuenta con cuatro generales de división. Pero este no fue su primer récord, pues esta misma promoción ya contaba con 22 generales de brigada. Sí, todos compañeros del mandatario.

Sin embargo, esta situación no hubiera sido posible si es que en el 2013 no se hubiera modificado una ley clave como aquella que establecía que para ascender a general de división se requería haber estado cinco años en el grado anterior.

La promoción de Ollanta Humala recién iba a cumplir ese requisito el próximo año, entonces se modificó la norma y ahora solo hay que estar cuatro años. Todo para que el ascenso se diera cuando el compañero era aún presidente.

La semana pasada se oficializó lo que ya era un secreto a voces: el ascenso a general de división de cuatro compañeros de Humala. Las señales de alerta ya se habían dado con anterioridad.

Por ejemplo, el ex comandante general del Ejército Otto Guibovich lo puso en blanco y negro en un artículo publicado en este diario el pasado 24 de setiembre: “Ascendieron en demasía en la promoción y en la especialidad del presidente. Lo mismo pasó en la promoción de su hermano. De ocho promociones con generales de brigada hoy, las dos acaparan más del 50%. Hay, sin duda, un manejo preferencial y tóxico”.

Estos movimientos han traído consecuencias como por ejemplo el hecho que hayan sido dejadas de lado otras cuatro promociones para promover a la de 1984, y que sus integrantes ocupen puestos claves a lo largo del país. Son cuatro promociones que no han comandado el Ejército.

Para los incondicionales del presidente, esta situación no tiene nada de irregular y serían “simples coincidencias”. En este sentido, resultan preocupantes las declaraciones del primer ministro Pedro Cateriano y del ministro de Defensa Jakke Valakivi.

Este último argumenta que el proceso de ascensos es “legal, transparente y auditable”. Es legal porque efectivamente se ciñe a una norma. Lo que no dice el ministro es que este proceso se sustenta en una ley arbitraria y con una direccionalidad clara.

Como buen militar, Ollanta Humala prefiere construir su fortaleza política en los mandos castrenses, por lo que se entiende que sus compañeros de promoción se encuentren en ubicaciones estratégicas que están directamente relacionadas con zonas territoriales importantes, e incluso el resguardo de las elecciones.

Ante la inexistencia de su partido político, y el escaso respaldo que a estas alturas este puede ofrecerle, ya sabemos en quién se refugiaría el mandatario si es puesto contra las cuerdas. 

Ollanta Humala pretende suplir su escaso liderazgo político asegurando su estabilidad en incondicionales mandos militares afines a él, pero es incapaz de medir las consecuencias. 

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