Vizcarra puede pretenderse muy democrático por su presencia en dos programas dominicales recientes. Pero lo dicho en ambas jornadas no despejó las dudas razonables que sobre él se ciernen. (Foto: Presidencia)
Vizcarra puede pretenderse muy democrático por su presencia en dos programas dominicales recientes. Pero lo dicho en ambas jornadas no despejó las dudas razonables que sobre él se ciernen. (Foto: Presidencia)
José Carlos Requena

Analista político

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Con el cumplimiento de los plazos del calendario electoral, empieza a dibujarse con mayor claridad el complicado escenario al que el país ingresa. El sueño de llegar al bicentenario corre el riesgo de tornarse en pesadilla. Pero la historia está aún por escribirse y es necesario echar una mirada a los personajes y la trama, que parecen a la espera de un narrador.

El presidente luce crecientemente desgastado. Sus apuros provienen más del frente judicial –donde los casos del y de Cisneros seguirán siendo una fuente de intensa presión– y del mediático, que empieza a ver con más severidad al mandatario.

De hecho, Vizcarra puede pretenderse muy democrático por su presencia en dos programas dominicales recientes. Pero lo dicho en ambas jornadas no despejó las dudas razonables que sobre él se ciernen. , aludiendo a un pretendido desplante verbal de Vizcarra en su última presentación en “Panorama”: “El verdadero panorama desolador es que el presidente del país deba acudir dos domingos consecutivos a la televisión para responder sobre serios cuestionamientos en su contra. Y no nos termine por convencer”.

El , tras el fallido intento de vacancia, ha reemplazado la beligerancia de semanas previas por el retorno a aprobaciones de iniciativas poco defendibles. Difícil moderar los ímpetus en un conglomerado de 130 voluntades, por lo que es vital la responsabilidad con que se puedan manejar las voces razonables y el liderazgo de la Mesa Directiva.

Los organismos electorales, que deben garantizar un proceso limpio y confiable, tendrán que asegurarse de brindar las garantías necesarias que despejen cualquier atisbo de duda. La renovación de las cabezas en la ONPE y el Reniec, por parte de la Junta Nacional de Justicia, es una señal esperanzadora. Debe esperarse que el JNE no burocratice el proceso electoral, ni sobreponga su celo reglamentarista al derecho a la participación política.

Los partidos terminan la temporada de incorporaciones y alianzas para luego dirigirse a las primarias que definirán sus candidatos a la presidencia. En cuanto a alianzas, la más llamativa ha sido la de , que ha dejado insatisfecho a un sector de la agrupación socialcristiana. Las primarias, en tanto, seguramente serán –en su gran mayoría– las formalizaciones de los nombres que ya aparecen en las encuestas. Solo los históricos Apra, AP o la izquierda podrían guardar algo de suspenso.

La economía, como es evidente, aparece cada vez más vulnerable a los vaivenes políticos. Una situación sin duda preocupante, si lo que se quiere es enfrentar con éxito los desastres originados por la pandemia. Parece que muchos hubieran olvidado lo que fue el país de los años ochenta.

El proceso electoral abre el espacio para la renovación democrática del liderazgo político. Una nueva pieza teatral en construcción. Los personajes, que se van instalando en el escenario, parecen permanecer en busca de un autor. Ojalá no sea una tragedia la que escriba.

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