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“Polo rojo, polo blanco, polo sucio”, por Héctor Villalobos

El polo blanco que Humala se puso en el 2011 para reemplazar la camiseta color rojo antisistema está ahora sucio y percudido

“Polo rojo, polo blanco, polo sucio”, por Héctor Villalobos

El polo blanco que Ollanta Humala se puso en el 2011 para reemplazar la camiseta color rojo antisistema está ahora sucio y percudido. Sucio porque las dudas de hace cinco años ya han empezado a convertirse en certezas. Manchado por una serie de acusaciones que él y su esposa tratan de desbaratar (nunca más apropiado este término) con una serie de argumentos ambiguos que insultan sin pudor a la inteligencia más crédula.

La estrategia de los Humala-Heredia no es nueva, es algo que han venido haciendo ante cada denuncia surgida en los últimos años: negar las imputaciones pero en ningún momento aclararlas. El testimonio que Jorge Barata, ex hombre fuerte de Odebrecht en el Perú, dio a la fiscalía peruana, sobre los tres millones de dólares que la empresa brasileña entregó para la campaña del Partido Nacionalista en el 2011, ha agudizado la soledad de la ex pareja presidencial. El abogado que los defendió durante varios años los ha dejado. Sus principales defensores y colaboradores políticos, o les han dado la espalda sin reparos, o han empezado a expresar en público y sin rubor sus suspicacias. En el 2011 tenían a los Vargas Llosa. En el 2017 solo les quedan los Teófilos, Otárolas y Gastañaduís. Quién sabe por cuánto tiempo más.

Hasta en el Twitter están de capa caída. Ya nadie insulta en tropel y bajo consigna a quien ose criticar al ex presidente o a su esposa.

Por supuesto que Barata no es ningún santo y que su testimonio debe ser tomado con pinzas. Por ejemplo, cuando los fiscales peruanos le preguntaron si tenía conocimiento de algún pago ilícito que haya realizado Odebrecht por el gasoducto sur (obra adjudicada en la gestión de Humala), este responde: “No, tampoco hubo solicitudes de dinero por parte de funcionarios, tampoco ofrecimiento por parte de nosotros”. La constructora ha reconocido que pagó coimas por el metro de Lima y por la carretera Interoceánica, pero asegura que no lo hizo por una obra que vale siete veces más que las otras.

En otro momento, a Barata se le pregunta si su empresa entregó dinero para la campaña de Humala en el 2006. “No, si eso hubiese sucedido, yo tendría que haberlo sabido”. Es más, señala que nunca entregó dinero a Martín Belaunde Lossio y que nunca se reunió con él. Sin embargo, en el 2015, como parte de la investigación fiscal por lavado de activos que se sigue a Nadine Heredia, el candidato a colaborador eficaz 01-2015 le dijo al fiscal Ricardo Rojas –a quien luego sacaron del caso– que Odebrecht aportó US$400 mil para la campaña de Humala en el 2006 y que ese dinero lo recogió Belaunde Lossio en la oficina de Jorge Barata. Es decir, testimonio contra testimonio.

Más allá del desenlace de este nuevo episodio judicial en la vida de los Humala-Heredia, el destino de un partido que de nacionalista no tenía nada (primero Venezuela, luego Brasil) es dudoso.

Todo indica que se avecina un triste final político –sin descartar otro tipo de consecuencias– para una dupla cuya principal estrategia fue colocar la etiqueta de “corrupto” a todo aquel que se le oponía.

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#PPK sobre viaje a Estados Unidos: "No hubo ninguna reunión con #AlejandroToledo" ►https://t.co/ksif1xIugW pic.twitter.com/BIqmDBATO9— Política El Comercio (@Politica_ECpe) 28 de febrero de 2017

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