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“PPK, o el estilo sin filo”, una columna de Jaime Bedoya

El señor presidente tiene academia, pero no calle. Tiene salón, pero no patio

“PPK, o el estilo sin filo”, una columna de Jaime Bedoya

Un alma caritativa le ha sugerido al señor presidente que se remangue la camisa, se tome un expreso y ejerza el privilegio etario, pizarra al lado, de hablar didácticamente sobre lo que sabe. Como lo hacía Fernando Belaunde. Como lo hacía Petete.

Al resultado se le podría reconocer las virtudes propias de un búmeran... Si bien ha refrescado la imagen gráfica del presidente, evidencia lo ajeno que resultan al tecnócrata los recursos estilísticos de la política, especialmente cuando no se tiene en claro qué es lo que se quiere comunicar. El cargo reclama el ejercicio del gesto, punto de encuentro del favor popular con una causa digna. O con una buena idea, sincerando expectativas ante la crueldad de las encuestas.

Uno es lo que es, decía Popeye. Y el señor presidente es un venerable adulto mayor de una formación humanista que combina la sensibilidad europea con el pragmatismo tecnocrático anglosajón. Tiene academia, pero no calle. Tiene salón, pero no patio. Igual eso lo hace una persona de saber muy por encima del político peruano promedio, que si bien no es valla muy alta, es especialmente valla, entendiendo esta como obstáculo avalado por circulina y el don de la puñalada. Tal como lo acaba de demostrar ejemplarmente el congresista de su propio partido que hasta antes de pedir la vacancia presidencial era un ilustre desconocido y así lo seguiría siendo de no ser porque PPK lo llevó al Congreso...

Pero si esa singularidad presidencial se queda en estética de currículum fonavista que a estas alturas ya no se necesita, o se pasma en la nomenclatura vacía de un lujo que las masas no valoran, pues deviene en ociosa. El estilo hace al líder.

Fernando Belaunde supo sacarle lustre a las competencias de su profesión, intercalando con igual honra el título de presidente con el de arquitecto. Pasemos al mapa, su leit motiv, es la génesis de la pizarra con la que una de las versiones del presidente Kuczynski se acompañó esta semana en televisión.

García glosaba a Haya de la Torre y a Belaunde, y a la propia estima mayestática que tenía de sí mismo. Del primero recogió la retórica hipnótica. Del segundo, la visión de que un presidente ha de saber interpretar a su pueblo. Para ese fin iba desde el roce criollo con el ‘Zambo’ Cavero hasta la poética onírica de Calderón de la Barca. Así engalanó con versos del Siglo de Oro un discurso en la plaza San Martín a pocos metros del cine Colón, donde Seka la Erótica, la Marilyn Monroe del porno, exhibía sus talentos psicomotores.

Pero el estilo sin humildad degenera en pose. Pedaleando sobre la bicicleta estacionaria de una retórica autogratificante, García devino en anacrónico, con un reguetón forzado como agravante.

Alberto Fujimori, astuto hasta lo amoral, hizo de sus primeros meses de gobierno un desfile permanente de vestimentas típicas peruanas, paralelismo con el álbum de Topo Gigio que fungió de técnica útil a la hora de afianzar su eslogan: “Un presidente como tú”.

Citemos a su hijo y futuro contendor a la presidencia: tampoco, tampoco. Sería una tragedia que el sueño común de la peruanidad fuera postular al Senado del Japón (entre otros). Pero por más fallida que fuera su escala de valores, la mímesis adaptativa al servicio de la imagen de hacedor le funcionó con la misma eficiencia que a un camaleón le sirve ser verde entre plantas, gris entre piedras, afectado entre huaicos.

A Ollanta Humala, con esfuerzo, se le recordará por su marcial dedicación a una maratón ensimismada. Un Forrest Gump sin habilidades especiales orbitando en torno a la fuerza gravitacional conyugal.

Finalmente, Alejandro Toledo es al estilo lo que una licuadora es a un helicóptero. Pero el destino es generoso con sus predilectos. Este ex presidente podría ser el primero en tener ante sí una oportunidad dorada para demostrar carácter en medio de la dificultad.

Lo anterior es una manera elíptica de sugerir, a quien corresponda, que no se recurra a la usual frazada de tigre para cubrir las esposas. Bajo la luz cegadora de este verano peligroso, que el acero inoxidable de las marrocas resplandezca como una aureola que se ignora, que se aparenta no percibir.

Así es como un poeta peruano recomendaba comportarse frente a los propios vicios. Con estilo.

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#URGENTE #EXCLUSIVO El Comercio conversó con #AlejandroToledo sobre coima de US$20 millones ►https://t.co/AQw9BaXhwx pic.twitter.com/qmMaJjNH4t— Política El Comercio (@Politica_ECpe) 4 de febrero de 2017

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