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Los refundadores arcaicos, por Juan Paredes Castro

Ollanta Humala y Verónika Mendoza quisieran pasar a la historia como los refundadores arcaicos de aquello que ya no encaja

Los refundadores arcaicos, por Juan Paredes Castro

Los refundadores arcaicos, por Juan Paredes Castro

Ollanta Humala quiere refundar el Partido Nacionalista, del cual renegó y se apartó Verónika Mendoza, la candidata presidencial del Frente Amplio. Esta, a su vez, quiere refundar el proyecto de “La gran transformación”, del cual renegó y se apartó Humala para aceptar, entre dientes, la “hoja de ruta” democrática que le dio el triunfo electoral en el 2011.

Ambos, de vuelta al pasado.

De pronto, el mismo Humala que, del lado de su esposa, Nadine Heredia, ha puesto al Partido Nacionalista por las patas de los caballos, debiendo inclusive retirarlo de la contienda electoral para salvar su vigencia, se promete a sí mismo resucitarlo. La misma Mendoza, que hizo mutis cuando Humala cambió “La gran transformación” (mezcla del velasquismo estatista con el autoritarismo chavista) por la “hoja de ruta” y se mantuvo leal a la pareja presidencial los primeros tres años del régimen, persigue ahora, con el 3% de intención de voto real de la izquierda que la postula, una reforma constitucional radical para cambiar el modelo económico.

Estamos ante dos personalidades que buscan rescatar lo que ellos mismos llevaron al fracaso y descrédito. El Partido Nacionalista y “La gran transformación” no solo fueron abandonados por Humala y Mendoza, sino por todos sus demás creyentes y militantes. Hoy en día, un Humala, saliente del gobierno, se propone recoger del piso las hilachas del Partido Nacionalista, mientras Mendoza, aspirante a gobernar, intenta sacar del canasto “La gran transformación”, que solo podría imponerla disolviendo el Congreso del futuro, cuya mayoría estaría compuesta por partidos con los que ella no podría concertar una sola reforma fundamental.

Ollanta Humala y Verónika Mendoza quisieran pasar a la historia como los refundadores arcaicos de aquello que ya no encaja en un siglo que demanda de la política todo lo contrario: democracia, apertura, libertad, modernidad y convivencia en medio de las diferencias. En el primer caso, ¿cómo podría ser la refundación de una organización política que no pudo ser sostén ni del gobierno ni de la propia pareja presidencial ni de la bancada parlamentaria oficialista ni de la candidatura del pobre Daniel Urresti, arrastrado, junto con Daniel Abugattás, a un ridículo político que no se merecía? En el segundo caso, ¿a dónde conduciría la refundación de un proyecto de gobierno autoritario y estatista que no tiene otro objetivo que liquidar el modelo económico vigente, controlar los medios de producción y restringir las libertades civiles?

Si quisiéramos dar el beneficio de la duda a Humala y Mendoza, podríamos sugerirles fundar más bien un partido ejemplarmente superior a los que representan Keiko Fujimori y Alan García. Por primera vez, un partido realmente fuerte y representativo, antifujimorista y antiaprista, nos evitaría el ‘outsider’ de turno o el aventurero de casualidad en cada carrera electoral.

Montarse en una ola anti para ganar una elección es muy fácil. Lo hizo Toledo, lo hizo Humala. No sabemos a quién le tocará hacerlo ahora. Lo que no se ha hecho es el gran partido que encarne el anti de ahora, mañana o cualquier día.

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