" Nos gustaría ser optimistas y afirmar que “todo va a estar bien”, pero las evidencias nos muestran lo contrario". (Foto: Presidencia)
" Nos gustaría ser optimistas y afirmar que “todo va a estar bien”, pero las evidencias nos muestran lo contrario". (Foto: Presidencia)
Diana Seminario

Analista política

Cuando no se tiene una visión clara del país ni tampoco se cuenta con una estrategia para afrontar el futuro inmediato en medio de una que todavía nos acompañará por un buen tiempo, no se pueden esperar grandes mensajes ni centrar las expectativas en lo que el gobierno de pueda hacer en su último año de gestión. Y eso fue lo que vimos el 28 de julio en el , cuando el presidente de la República leyó su discurso por . Una alocución sin metas, estrategia ni autocrítica.

Fue recién al día siguiente de la presentación de Vizcarra ante el Parlamento cuando conocimos las verdaderas cifras de la pandemia. Según la ministra de Salud, , serían unas 43 mil las personas fallecidas por coronavirus.

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Las proyecciones tampoco son optimistas, si se tiene en cuenta que para fin de año los muertos podrían alcanzar el número de 100 mil, de acuerdo con las estimaciones del epidemiólogo del Grupo Prospectiva César Cárcamo. Pero de eso ni una palabra el 28. Si no se sabe qué terreno pisamos, es difícil plantear una estrategia distinta para intentar aplacar el virus.

Un día después del mensaje a la nación también se hizo público el fracaso en la compra de las tablets para casi un millón de escolares que viven en las zonas rurales del país. En abril, el presidente Vizcarra anunció que nadie se quedaría sin estudiar por falta de acceso a Internet. Un fracaso estrepitoso. ¿Se podía esperar algo distinto de una inversión prevista de 900 millones de soles destinada a una firma con 10 mil soles de capital y sin aval de ninguna entidad bancaria?

Vizcarra no quiso que su presentación ante el Congreso se vea opacada por 43 mil hogares que lloran una ausencia. Tampoco quiso evidenciar la nula capacidad de compra del Ministerio de Educación. El mandatario solo quiere aparecer en la foto bonita.

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Ante la ausencia del rumbo y estrategia abundaron las contradicciones; si no cómo se explica que nos dijera: “Desde el primer día, mi gobierno ha llevado un manejo transparente de la pandemia. Los peruanos tienen claro que soy uno de los pocos presidentes que ha informado día a día las acciones, cifras, resultados y todos los pormenores de la lucha contra la enfermedad”, cuando para entonces ya sabía que las cifras oficiales distaban mucho de la realidad.

Además, se refirió a la minería como “un componente esencial para el desarrollo económico del país”. También dijo: “En este gobierno hemos dado grandes pasos en ese sentido viabilizando contratos para la construcción de proyectos mineros”. Y hace un año, supimos cómo capitulaba con los antimineros de Arequipa para boicotear el proyecto Tía María que ya tenía licencia: “Nos ayuda que ustedes mismos hagan el sustento”, “ya ustedes saben cuál es mi posición, pero no puedo adelantarla públicamente”, les decía a los dirigidos por Elmer Cáceres Llica, quienes para entonces habían paralizado violentamente el sur.

Nos gustaría ser optimistas y afirmar que “todo va a estar bien”, pero las evidencias nos muestran lo contrario. Así que “si la salud está en tus manos”, yo te diría que tu futuro también. Ya no cabe esperar nada.

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