La verdad, era su tesorero, la columna de Héctor Villalobos
La verdad, era su tesorero, la columna de Héctor Villalobos
Héctor Villalobos

Hay mentiras y medias verdades a las que el tiempo se encarga de refutar. Nuestra historia reciente da cuenta de varias y la memoria colectiva recurre a ellas cada cierto tiempo, a veces con indignación, a veces con humor.

“No son mis agendas”, “La verdad es mi letra” y “Después de efectuar una detenida revisión de la copia de los documentos originales […] pude comprobar que aquellos documentos son de mi propiedad” son tres declaraciones de que resumen las diferentes etapas del escándalo que originaron las libretas –primero negadas– de la ex primera dama.

Hoy, a la luz de las nuevas revelaciones en torno a los casos Odebrecht y Madre Mía, suenan a broma aquellas declaraciones que diera el ex presidente cuando criticó los hábeas corpus que presentó Alan García para anular los informes de la megacomisión del Congreso. “Los que nos metemos en política tenemos que aceptar las investigaciones y colaborar si es que no tenemos nada que ocultar”, afirmó un indignadísimo Humala un hoy lejano 1 de abril del 2014. Hasta daban ganas de creerle. Pero todos los recursos y argumentos legales que la defensa del ex mandatario viene empleando para dejar sin efecto las investigaciones y pruebas en su contra se han traído abajo la credibilidad de esta declaración de hace tres años.

La veracidad de las afirmaciones de Humala, Heredia y el Partido Nacionalista vuelve a ponerse en entredicho esta semana tras el informe de la Unidad de Investigación de este Diario sobre las conversaciones entre allegados al ex presidente que pone en evidencia que , hermano de la ex primera dama, era quien realmente manejaba las finanzas del nacionalismo en la campaña electoral del 2011.

En setiembre del 2015, en el marco de las investigaciones a los aportes recibidos por el humalismo, el Partido Nacionalista emitió un pronunciamiento en el que señalaba que este no manejó los fondos de la agrupación en dicha etapa. Añadían que Heredia “tuvo el cargo de tesorero hasta el 9 de agosto del 2010”, fecha en la que fue sucedido por Julio Torres Aliaga, quien, ahora se confirma, era un chofer de Humala que fungía de tesorero.

Las interceptaciones citadas en el informe de Graciela Villasís muestran a un genuflexo Torres (“sí, jefecito”, “ya, jefecito”) presto a firmar toda la documentación que le solicitaba Ilan y que debía ser presentada a la ONPE. También revelan que el hermano menor de Nadine le ordenaba al chofer que realizara depósitos a su nombre hacia las cuentas del partido “por tu cargo [de tesorero]”.

Los argumentos de Wilfredo Pedraza, abogado de Nadine Heredia, hacen recordar la broma del animal que tiene cuatro patas, tiene bigotes y maúlla pero no es un gato. Ilan Heredia manejaba las finanzas, decidía sobre los depósitos, coordinaba los informes a la ONPE, pero no, no era el tesorero.

Las posibles consecuencias legales del contenido de estas conversaciones serán materia para el análisis de abogados y especialistas, pero lo cierto es que estas grabaciones dejan al descubierto, una vez más, que la palabra de los miembros del clan Humala-Heredia es tan dudosa como el destino político de su partido.

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