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¿Voceros o mandaderos en campaña?, por Juan Paredes Castro

Ambos tienen que corregir y afinar sus vocerías y mayordomías al interior de sus organizaciones de campaña

¿Voceros o mandaderos en campaña?, por Juan Paredes Castro

¿Voceros o mandaderos en campaña?, por Juan Paredes Castro

A solo veinte días de la elección de segunda vuelta, Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuczynski (PPK) deben resolver uno de los problemas más críticos de su campaña electoral, aquel ligado a la suerte de vivir entre el mejor acierto y el peor error de cada día.

Se trata de qué hacer con sus voceros y mandaderos; y lo que es peor: qué hacer con los voceros convertidos en mandaderos y con los mandaderos que pretenden convertirse en voceros: unos y otros volcados en el intenso “hacer” de afuera y muy poco en el calmado “pensar” de adentro.

Hay una primera común equivocación: la de creer que el vocero elegido o convocado, para ser la cara y representación del candidato o candidata y de paso la carta parlamentaria o ministerial del futuro, puede ser también el mandadero y pugilista verbal de turno para disparar adjetivos calificativos contra el adversario o la adversaria.

Así como al vocero no le gusta que lo saquen de su papel real, que consiste, de la mano del candidato o candidata presidencial, en interpretar estrategias, construir mensajes, hacerlos claros y transmitirlos bien, el mandadero, sumido en su trabajo de correveidile en los medios, redes sociales y la calle, se siente perdido cada vez que tiene que elucubrar ideas políticas de fondo en un panel de televisión o radio.

La vocería política debe ejercerse con inteligencia, ideas, representación honesta, tolerancia y respeto por los demás. Es fuente natural y enriquecedora de propuestas, debates y alternativas. La mayordomía política es otra cosa. Es fuente vertical e intolerante de encargos, recados y guiones de ataque sin tregua al adversario. No se puede tener a las mismas personas de un partido o de un entorno de candidatura presidencial mezcladas en tareas y funciones muy distintas y en colisión.

En la política estadounidense y europea, hay una larga tradición de vocería y mayordomía. Claro que se les distingue sin más rodeos a los voceros de los mandaderos y a los mandaderos de los voceros. En América Latina se ve algo similar, con altibajos todavía, en Brasil y Chile. En el Perú, por lo mismo que nuestra política es lo más parecido a una jungla, hablar de la diferenciación entre voceros y mandaderos podría resultar un absurdo. Pero a la hora de una segunda vuelta tan disputada como la que libran Keiko y PPK, ambos tienen que corregir y afinar sus vocerías y mayordomías al interior de sus organizaciones de campaña. No hacerlo les puede costar la presidencia que persiguen.

Keiko y PPK necesitan organizar y pulir mejor el “pensar” hacia adentro y el “hacer” hacia fuera. Las vocerías y mayordomías son difíciles de controlar, más aun si sus roles están cruzados y confundidos. Hay sin duda muy buenos voceros que hacen de mandaderos, pero pierden respeto y credibilidad. ¿Cuán desgastados terminarán algunos de ellos en sus funciones parlamentarias del futuro?

Vocerías y mayordomías políticas se nutren mal de lo mismo: de la tentación mediática y del figuretismo.

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