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Qué pena mis héroes, la columna de Cecilia Valenzuela

Lo que nos causó dolor después fue que los oficiales del GEIN y la Dircote, que indistintamente protagonizaron o propiciaron esa captura, se enfrascaran en una batalla fuera de proporciones

GEIN

Nuestros héroes especializados en inteligencia y lucha contrasubversiva tuvieron que capacitarse en los límites. El secreto ha sido un sello en su actividad y muchas veces tuvieron que moverse en la clandestinidad para salvaguardar la seguridad de nuestra patria. (Foto: USI)

Nuestros héroes especializados en inteligencia y lucha contrasubversiva tuvieron que capacitarse en los límites. El secreto ha sido un sello en su actividad y muchas veces tuvieron que moverse en la clandestinidad para salvaguardar la seguridad de nuestra patria. (Foto: USI)

La mañana del lunes 14 de setiembre de 1992 desperté con el timbre del teléfono de mi departamento. Un periodista que trabajaba en la mesa de redacción de una revista que circulaba entonces me llamó para darme el nombre y la dirección de la persona que tenía el video de la captura de Abimael Guzmán.

El rumor sobre la existencia de la cinta había empezado a circular la noche anterior mientras los periodistas merodeábamos la Dircote en busca de trascendidos. En ese momento yo era la productora de la BBC de Londres: John Simpson, tan famoso en su país como la reina Isabel, había llegado al Perú junto con Eamonn Matthews y Rosalind Bain para realizar cuatro documentales y me sumó a su equipo.

El hombre que me mostró las imágenes trabajaba con corresponsales extranjeros; lo había visto antes en distintas coberturas, pero según él ninguno de sus conocidos tenía los 10 mil dólares que los oficiales que le habían encargado vender la cinta estaban solicitando. Se la ofrecía a la BBC, pero era mejor que me apresurara en comprarla, porque la jefa de corresponsales de la CNN ya estaba volando hacia Lima.

Dejé ese departamento pidiendo un par de horas para hacer las consultas necesarias, pero en lugar de dirigirme al hotel Las Américas, donde se hospedaba el equipo de la BBC, fui directamente al edificio de la Dircote. Esperé hasta que pude interceptar al general Ketín Vidal y lo increpé. Cómo era posible que se subastara un video que debía haberse hecho público hacía horas.

Vidal replicó exigiéndome el nombre del sujeto que me lo había ofrecido. Deme las imágenes, le respondí. Las están vendiendo, sino las compra la BBC, las va a comprar la CNN. Lo que usted puede hacer es impedir que se pague por ellas y que se manche la hazaña extraordinaria que su gente acaba de lograr.

Y eso fue lo que Ketín Vidal hizo: impidió que las imágenes se vendieran.

Por supuesto, la BBC de Londres fue la primera cadena en el mundo que propaló la captura de Abimael Guzmán y su cúpula genocida, pero de inmediato las imágenes se retransmitieron en todos los canales peruanos que existían en la época, las copias, hace 25 años se usaban casetes, se hicieron en las oficinas de Univisión en Lima y hay suficientes testigos para confirmarlo.

El mundo entero pudo ver a uno de los terroristas más buscados del planeta, impávido, presenciando el levantamiento del acta de su propia captura. Fue extraordinario, los peruanos lo seguiremos celebrando.

Lo que nos causó dolor después fue que los oficiales del GEIN y la Dircote, que indistintamente protagonizaron o propiciaron esa captura, se enfrascaran en una batalla fuera de proporciones. Que tristemente, nuestros héroes contemporáneos se pelearan entre ellos y aún nos sigan privando del privilegio de mirar su mejor lado, de escuchar una y mil veces sobre sus proezas y sus estrategias.

Es difícil comprender cómo policías, con una importante capacidad analítica, se dejaron azuzar por plumíferos morbosos que aún viven de esa pelea desinformando sobre sus tareas y la naturaleza de su oficio. Contando historias vanas y descontextualizadas en las que hay espías buenos y espías malos. En las que un agente de inteligencia que debe ser capaz de saber engañar para infiltrarse, no debe mentirle a un detenido feroz al que está interrogando.

Nuestros héroes especializados en inteligencia y lucha contrasubversiva tuvieron que capacitarse en los límites. El secreto ha sido un sello en su actividad y muchas veces tuvieron que moverse en la clandestinidad para salvaguardar la seguridad de nuestra patria.

Su vida ha sido compleja y ha estado expuesta a la muerte; si alguno sobrepasó la ley, que sea la justicia quien lo juzgue. Nosotros devolvámosles gratitud, admiración y respeto por su sacrificio.

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