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La perniciosa ley del etiquetado, la columna de Diana Seminario

"El indulto es un asunto extremadamente delicado para quien lo espera y no debe estar supeditado a obtener ventajas políticas o al riesgo de paralizar al país con protestas. Se da o no se da".

Alberto Fujimori

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En su columna, Diana Seminario señala que se puede estar en contra del indulto "con motivos válidos, pero eso no puede llevar a descalificar a quienes con motivos también atendibles están a favor". (Foto: Dante Piaggio / Archivo)

Dante Piaggio

Mucho se ha hablado en los últimos meses de las etiquetas que deben colocarse en los alimentos para que los consumidores sepan qué es lo que realmente contiene lo que están comprando. Fue el caso de Pura Vida el que puso el dedo en la llaga.

Etiquetar alimentos para conocer su contenido nutricional es lo saludable y recomendable. Etiquetar a personas, chantarles un adjetivo porque simplemente no están de acuerdo contigo ni con lo que piensas, es más bien nocivo. Y esa es la ‘ley del etiquetado’ que lamentablemente rige en algunos sectores de nuestro país.

Y lo que ha desatado la ira del sector más radical del antifujimorismo, que no solo incluye a conocidos personajes de la farándula, sino también a autoproclamados intelectuales y medios virtuales, es la posibilidad de que Pedro Pablo Kuczynski esté evaluando indultar a Alberto Fujimori. Ahí no hay igualdad de oportunidades ni libertad de expresión que valga. Solo es lícito estar rotundamente en desacuerdo con el perdón presidencial. De no hacerlo, serás expuesto no solo a la lluvia de críticas, sino también a las más variadas teorías de la conspiración. Cree el ladrón...

Pero lo que resulta francamente cómico es que entre los activistas más encumbrados de convencer a PPK de que el indulto es una pésima idea, están quienes no solo apoyaron al ‘ingeniero’ con sus servicios profesionales, sino que hasta votaron por él, aunque actualmente padezcan de una severa amnesia o un bloqueo temporal de la memoria.

Me permito una licencia personal para decir que ni en 1990 ni en 1995, ni mucho menos en el 2000, me incliné por Alberto Fujimori. Mientras unos marchábamos y coreábamos “y va caer, y va caer, la dictadura va a caer”, los ahora antiindulto recibían sueldos pagados por el gobierno que actualmente repudian.

Como ya se ha dicho, el indulto es una potestad presidencial. No me he pronunciado ni a favor ni en contra de esta figura jurídica en este espacio, aunque estoy convencida de que la decisión es competencia exclusiva del jefe del Estado. Para más detalles, les recomiendo la nota publicada ayer en este Diario “Mitos y verdades sobre el indulto a Fujimori”, en la que se precisa que “el indulto humanitario, a diferencia del común, hoy es irrestricto. Así, dárselo a Fujimori o a otro reo depende de la decisión discrecional del presidente”.

Se puede estar en contra con motivos válidos, pero eso no puede llevar a descalificar a quienes con motivos también atendibles están a favor.
Lamentablemente, el presidente Kuczynski pareciera estar navegando entre esas dos corrientes. Ya se anuncia una marcha en la que los más radicales antiindulto le auguran todas las desgracias del mundo a PPK si osara liberar al reo de Barbadillo.

La toma de esta decisión tampoco debería considerarse una suerte de chantaje en el ala ‘albertista’ de la mayoría parlamentaria.

El indulto es un asunto extremadamente delicado para quien lo espera y no debe estar supeditado a obtener ventajas políticas o al riesgo de paralizar al país con protestas. Se da o no se da. Se está a favor o en contra, pero con respeto y modales, si no, ¿de qué derechos estamos hablando?

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