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Plaza del orgullo gay, la columna de María Alejandra Campos

Hay quienes piensan que el congresista Héctor Becerril es un dinosaurio homofóbico porque ha tenido algunas declaraciones desafortunadas...

Congreso de la República

Existen dos proyectos de ley atorados en la Comisión de Justicia y Derechos Humanos. (Foto: GEC)

Hay quienes piensan que el congresista Héctor Becerril es un dinosaurio homofóbico porque ha tenido algunas declaraciones desafortunadas. Frases del tipo “para mí nunca será igual [un beso entre dos hombres que uno entre un hombre y una mujer] y si eso es discriminar, entonces yo discrimino”. O un comentario como “hay actos que chocan con la moral, por ejemplo, [dos] hombres o [dos] mujeres besándose”.

Sin embargo, Becerril es un hombre nuevo. Un visionario de la lucha por la igualdad de derechos. Anoche publicó su revelación en su cuenta de Twitter. En respuesta a Marisa Glave –que invitaba hoy a las 12 del día a la presentación de la Marcha del Orgullo en la plaza Bolívar–, Becerril escribió: “Como es un hecho histórico tan relevante, ¿por qué no piden que se le cambie de nombre de plaza Bolívar a Plaza del Orgullo Gay?”. Debo decir que me sorprendió. Una idea brillante. Un acto simbólico que, junto con la aprobación del matrimonio homosexual, implicaría un verdadero reconocimiento a los derechos de la población LGTB. Gracias congresista. Ojalá su propuesta tenga eco entre sus colegas.

Y es que, valgan verdades, lo que el Congreso necesita es más parlamentarios como Héctor Becerril, que piensen fuera de la caja e innoven en maneras de hacer avanzar la agenda de la igualdad, porque, hasta ahora, la aproximación tradicional de los abanderados de siempre no ha logrado ninguna mejora en la legislación.

—Ay, Janet—
Existen dos proyectos de ley atorados en la Comisión de Justicia y Derechos Humanos. Uno de unión civil de Alberto de Belaunde y otro de matrimonio igualitario de Indira Huilca. El primero fue presentado en noviembre del 2016 y el segundo en febrero del 2017. Si bien no ha entrado al debate, el proyecto de la unión civil ha sufrido una baja. En febrero de este año, la parlamentaria Janet Sánchez, presidenta de la Comisión de Ética, envió un oficio al titular del Congreso solicitando el retiro de su firma del proyecto de ley. Anoche llamé a la congresista para preguntarle el porqué de su cambio de opinión:

“Ah, lo que pasa es que creo que le firmé ese proyecto al congresista De Belaunde”. ¿Pero por qué pidió que retiren su firma? “Porque lo creí conveniente”. ¿Está en contra de la unión civil? “Lo hice en su momento para apoyar al congresista De Belaunde para que pueda pasar su proyecto. No estoy a favor de la unión civil. Podría ser, como figura en nuestro plan de gobierno, la unión patrimonial”. [El plan de gobierno de Peruanos por el Kambio dice, en su acción estratégica 5: Acción efectiva para proteger a la población LGBTI, “Aprobación de la Unión Civil No Matrimonial, que sirva para el reconocimiento y protección jurídica de las uniones formadas por parejas del mismo sexo, de modo similar al régimen de unión de hecho existente para parejas heterosexuales”].

“¿Por qué tomó la decisión más de dos años después de firmar el proyecto?”. “Porque, imagínate, uno firma varios proyectos, creímos conveniente retirar la firma en ese momento. Yo no leí en el momento el proyecto. Estoy a favor de la unión patrimonial, pero la unión civil no estoy de acuerdo”.

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