(Foto: Presidencia)
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Hoy se cumple una semana del capítulo más ácido de un nuevo enfrentamiento Ejecutivo-Legislativo, la tensa normalidad que ha marcado la política peruana desde julio del 2016. ¿Qué implicancia tiene? ¿Plantea algún nuevo ciclo en el convulsionado quehacer gubernamental?

Por lo pronto, el planea debatir mañana –en segunda votación– la reforma referida a los requisitos para postular a cargos de elección popular, mientras que la inmunidad aún tendrá que esperar. Los parlamentarios deberían haber puesto atención a los sucesos políticos a lo largo de esta semana, de manera que se consideren sus potenciales implicancias. El último domingo causó gran desconcierto la ligereza con que se trataron aspectos constitucionales vitales.

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Por el lado del Ejecutivo, llamó la atención el interés que el presidente Martín Vizcarra dijo prestar a la reforma política. Si bien se ha dedicado un referéndum y una comisión de expertos a estos temas, el renovado ímpetu del mandatario plantea la pregunta sobre el negligente abandono del frente parlamentario: si tanto interés había, ¿qué consideración hizo que Vizcarra no presentara una lista parlamentaria en los comicios de enero del 2020?

Además, el histrionismo de los recursos del mandatario hace que, crecientemente, sus denuedos parezcan una pelea de cachascán, como anotaba en privado un agudo observador de la política peruana. De hecho, la presentación del mandatario en las primeras horas de la tarde del domingo 5 parece un ejercicio innecesario, ocioso, al menos en lo que a reforma política atañe. La congresista Rocío Silva Santisteban (FA, Lima) lo resumía con precisión en su cuenta de Facebook: “Todo lo que proponía ya estaba en camino” (7/7/2020).

Lo que se vio en los días posteriores fue un persistente afán por pasar la página de la pandemia. El miércoles 8, en un gesto celebrado por diversos sectores, el presidente Vizcarra convocó elecciones para el segundo domingo de abril del 2021. Zanjaba así las sospechas de sus más ácidos opositores, que no dejaban de ver en él un afán de permanencia, algo muy distante de lo planteado hace ya casi un año con la propuesta de adelanto de elecciones para el 2020.

Al margen del desenlace que tomen la reforma política o la relación Ejecutivo-Legislativo, es evidente que la agenda ha cambiado. Las cifras para el manejo de la pandemia siguen siendo poco promisorias: casi 320 mil casos de contagio y 11.500 muertes, al cierre de esta columna. Pero el mandatario ha iniciado su largo adiós. En la práctica, y sin haberse superado en el mundo real, la pandemia ha llegado a su fin en el mundo político. Forjada en los recovecos de la legislación electoral, la pospandemia se abre paso.

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