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“No, no, Susana”, una crónica por Fernando Vivas

Susana Villarán cometió errores garrafales que alentaron a sus revocadores. Al defenderse de ellos tuvo éxito, pero hipotecó su futuro con dramáticas consecuencias.

Susana Villarán

Distanciada de sus correligionarios y odiada por sus rivales, Villarán gobernó debilitada. (Ilustración: Giovanni Tazza/El Comercio)

Desde que se confirmó su triunfo en octubre del 2010, Susana Villarán cometió errores políticos monumentales que la llevaron a una revocación y, según contundentes revelaciones de la fiscalía, habría pedido plata a Odebrecht, ¡una proveedora de la Municipalidad Metropolitana de Lima (MML) siendo ella funcionaria pública! De allí se desprenden figuras delictivas que podrían tener un dramático desenlace penal.

¿Cuáles fueron las metidas de pata? Para empezar, en diciembre del 2010, antes de asumir el cargo, escribió desde Madrid una carta abierta, en calidad de presidenta del partido Fuerza Social (FS), criticando a aliados como Patria Roja. Así frustró la coalición de izquierda que se venía urdiendo para las elecciones presidenciales del 2011 y forzó a FS a aislarse, postulando al ex canciller Manuel Rodríguez Cuadros, quien se retiró cuando bordeaba el 1% en las encuestas. Gustavo Guerra García, secretario general de FS, y Eduardo Zegarra, vicepresidente de FS y flamante teniente alcalde, se pelearon con ella y arrastraron ese malestar los años siguientes.

Peor metida de pata fue anunciar, recién arrancado su mandato en enero del 2011, que iba a investigar la gestión de Luis Castañeda. También fustigó al Cristo donado por Odebrecht al gobierno de García. En lugar de una agenda concertadora, avivó el rencor que luego alentó la revocación y el cargamontón de sus antagonistas ideológicos.

Distanciada de sus correligionarios y odiada por sus rivales, Villarán gobernó debilitada. El runrún de la revocación empezó en el 2011 y tomó cuerpo en el verano del 2012, cuando Marco Tulio Gutiérrez, abogado experto en litigar a favor y en contra de municipios, se convirtió en su elocuente vocero. Tal como él me lo explicó entonces, encarnó una alianza sin orden ni cabezas visibles de gremios afectados por las reformas que anunciaba Susana: transportistas, taxistas, ‘imprenteros’ del Cercado, ambulantes, comerciantes de La Parada. Cada gremio y alcalde revocador se comprometía a poner su cuota de firmas para llegar a las 400 mil que exigía el Jurado Nacional de Elecciones (JNE). Lo que Gutiérrez callaba era que Castañeda y el Apra aguardaban el momento para dar la cara.

A pesar de los resentimientos, Zegarra y Guerra García colaboraron en el combate a la revocación, logrando que el Reniec dilatara el proceso de verificación de firmas. Villarán también tenía asesores políticos, a quienes no hacía mucho caso. Por ejemplo, Jorge Nieto, el actual ministro de Defensa, que se desligó de ella antes de la campaña del No y volvió luego, por poco tiempo, en su recta final.

Villarán agravó la mala relación con FS al aceptar la renuncia del gerente general Miguel Prialé, fundador de FS, y reemplazarlo por José Miguel Castro, en ese momento gerente de finanzas. El propio Prialé había enrolado a Castro, sin conocerlo, basado en su trabajo previo en el Interbank y en Cofide. Pero no esperaba que lo sucediera cuando renunció, a fines de diciembre, tras la crisis de La Herradura. Villarán soñaba con ver la playa tal como era en su juventud, y Prialé tramitó una donación de arena para cubrir la orilla invadida de piedras. El error de recurrir a Odebrecht, que entonces arqueaba cejas por el Cristo donado, y no haber previsto que el mar se llevaría la arena, fue tan fustigado que Prialé decidió irse.

La alcaldesa forjó un nuevo núcleo de decisiones con Castro, y este se apoyó en gente de FS pero que eran sus amigos y respondían a él, Ricardo Fort Meyer y Álvaro Espinoza. Hay que añadir a este grupo a Gabriel Prado, el ex gerente de seguridad que ha sindicado a Castro como el que lo envolvió en el escándalo de una misteriosa cuenta en el Banco de Andorra. Fue con ellos que Villarán enfrentó la campaña más difícil de su vida, a la que recién tomó en serio una vez que el JNE, en octubre del 2012, puso fecha a la consulta para el 13 de marzo del 2013.

—¡No era la plata de ‘Siomi’!—
He conversado con Salomón Lerner Ghitis, Eduardo Zegarra, Gustavo Guerra García, Miguel Prialé, los regidores Augusto Rey y Hernán Núñez, entre otros protagonistas de esta historia. Todos coinciden en no saber de dónde salió el dinero para la campaña. Cuando les repregunto qué idea se hacían del posible origen, algunos dicen ‘Siomi’ Lerner. Pero este, entre risueño y preocupado, niega que fuera gran aportante más allá de pocas centenas de miles de soles. Y, eso sí, confirma lo dicho por Villarán en su primer descargo de Facebook, que él le sugirió a la alcaldesa y a la jefa de campaña Anel Townsend que contrataran a Luis Favre, que él lo llamó, este vino a Lima, y se reunió con ellas. A partir de allí, contamos con los testimonios judicializados del publicista Valdemir Garreta, el empleador de Favre, y de Jorge Barata, el hombre de Odebrecht en el Perú, que hablan del pedido y entrega de dinero para el No.

Susana Villarán no ha querido responder mis preguntas y solo ha hecho descargos por Facebook, donde, para mitigar las sospechas, insiste en su austeridad. Lo mismo subrayan mis fuentes, y una íntima colaboradora suya dice que vive saltando entre las casas de sus hermanos. Cuando los confronto con la contundencia de lo que hasta ahora se sabe, dicen que la desesperación política pudo llevarla al extremo. Uno de ellos se proyecta más allá de la reelección del 2014 –que también está bajo sospecha de financiamientos indebidos– y dice que está seguro de que Susana postuló en la lista de Urresti ansiosa por lograr la inmunidad parlamentaria que la protegería de lo que se le venía.

Anel Townsend, jefa de la campaña según decisión de FS, tampoco ha dado luces sobre la fatal decisión de contratar a Garreta y Favre que, según las versiones difundidas, precedió al pedido a Odebrecht. Una fuente me contó un detalle por explorar. Anel pidió en diciembre al peruano Abel Aguilar que se hiciera cargo de la publicidad del No. Este empezó a trabajar en la campaña de los rostros del No, hasta que Anel, apenada, lo buscó para decirle que Lerner había traído a Favre. Aguilar me ha confirmado esta versión.

Falta en esta historia descubrir a las mentes y motivos que habrían alentado a Villarán a fichar a Favre (Lerner dice que solo los presentó) a sabiendas del paquete de corrupción política que Garreta armaba detrás de él. Y falta ponchar a quienes pudieron, con o sin la venia de Susana, desviar fondos con propósitos de corrupción pura y dura. Alguien que lo conoce bien pide que miremos más allá de Castro y de su grupo. El ex número dos de Lima es un evidente operador según lo trascendido de la fiscalía, pero no tiene el vuelo de las mentes de gran cálculo que a veces se agazapan detrás de los atribulados funcionarios.

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