MercadosJosé Williams, presidente del Congreso, le dijo a su tocayo José Cevasco, el oficial mayor: “Sal a declarar, da entrevistas, y di que yo no tengo responsabilidad, que yo no sabía de las compras”. Cevasco, que tiene mucho más recorrido que Williams en el Congreso y en la política, pues ha ostentado el mismo cargo intermitentemente por tres décadas; tuvo el impulso de negarse. Pensó, como usted y yo hubiéramos pensado, ‘¿por qué diablos un oficial mayor tiene que responder por estos asuntos administrativos?’. Tuvo una salida mejor para no contradecir al general en retiro ex jefe de la operación Chavín de Huántar.
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“Está bien, voy a salir a dar entrevistas, pero acompañado por Pablo Noriega”, le replicó Cevasco a Williams. Dio tres entrevistas junto al nervioso director general de administración (DGA). Noriega es lo más parecido a un gerente general y es hombre de confianza de Williams. Él lo designó a inicios de enero del 2023, pues lo conocía desde que Noriega, coronel en retiro, fue director previsional de las FFAA. He reconstruido la escena entre los ‘pepes’, gracias a fuentes que conocen al presidente y al oficial mayor y se extrañan de que Cevasco, cuya principal responsabilidad es interpretar la Constitución y el reglamento para que fluya la acción congresal, haya tenido que rendir cuentas de desayunos, alfombras, pasajes y, para remate, renunciar. La renuncia la indujo Williams y trataré de explicar por qué.
‘Respuesta política, pé'
Tras la retahíla de destapes sobre los precios sobregirados del bufet durante los plenos (a S/. 80 el almuerzo por cabeza, asumido por el Congreso), sobre la anulada compra de alfombras a una empresa cuya dirección comercial estaba en una pollería, sobre el alquiler de una playa de estacionamiento también a costa del ente y no de los congresistas, y sobre pasajes usados con mucha generosidad; Williams sintió que la ira popular contra el Congreso que pateaba el adelanto de elecciones, se desfogaba a través de esas denuncias.
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La preocupación del presidente es que, en esta oportunidad, la furia no se repartió igual contra los 130 congresistas, sino que gran parte le cayó a él. Quería repartirla a otros. Williams –se los he contado en crónicas anteriores- teme ser cuestionado o censurado como lo fue su antecesora Lady Camones. Le ha molestado mucho hacerse responsable político de gastos hechos en beneficio de ingratos que, cuando eran abordados en Pasos Perdidos, se desentendían del tema.
Pero los congresistas, por una vez, tenían razón. Cada uno de ellos no tiene por qué hurgar en la administración del parlamento. Allá Williams y la mesa directiva sí decidieron mantener un status quo demasiado cómodo en contraste con la crisis nacional. En la junta de portavoces que hubo el martes 28 de febrero, según una fuente presente, no hubo ataques serios contra Williams, pero más de uno le dijo que era necesaria “una respuesta política” y no solo explicaciones burocráticas. Los portavoces añadieron que el presidente no les comunicaba adecuadamente sus decisiones administrativas. No quedó claro si la respuesta política que pedían era que asuma su responsabilidad y se dé públicos golpes de pecho; o que se haga el loco y corte una cabeza ajena. El presidente quiso entender lo segundo.
Antes de que Williams tuviera una conversación final con Cevasco en la que se decidió su renuncia, alguien de su bancada de Avanza País le dio una empujoncito. En Pasos Perdidos, Norma Yarrow, abordada por la prensa, dijo: “El oficial mayor debe ser retirado o separado del cargo hasta que se concluyan las investigaciones de Contraloría”. Pudo ser una respuesta espontánea de Yarrow, pero sirvió de preámbulo para aliviar la presión que caía sobre su colega presidente.
Mira: Todos los gastos cuestionables del Congreso.
El control de daños, en términos administrativos, no fue difícil. Al bufet se le dijo ‘nunca más’. La compra de alfombras, que estaba en proceso y hubiera implicado remover los curules y poner el hemiciclo patas arriba, se la canceló. La empresa no puede quejarse pues, justamente, el reportaje de “Panorama” que la destapó, mostró que su oficina estaba en una pollería. Cuando Cevasco tocó el tema, repartió culpas a la OSCE (Organismo Supervisor de las Contrataciones del Estado) que incluye esas y muchas otras pequeñas empresas sin logística verificada. Sobre viajes y estacionamientos, las respuestas han sido menos firmes.
El mayor revés para Williams fue la difusión de una resolución, la. N 007 -2022-2023-P-CR del 12 de octubre, que deja bien en claro las responsabilidades administrativas del oficial mayor. Apenas son dos: resolver recursos de apelación interpuestos en procesos de selección y aprobar adicionales a contratos. Todo el grueso de la responsabilidad administrativa, según se lee clarísimo en la resolución, recae en el DGA. Sin embargo, renunció Cevasco y se quedó Noriega, el DGA. El sindicato del Congreso ha pedido la cabeza de Noriega.
Según mis fuentes, Williams no le pidió a Cevasco que renuncie. Este presumió que era lo que el presidente quería y se lo propuso. Williams asintió aliviado. Entonces, Cevasco le puso una condición equivalente a aquella con la que iniciamos el relato: dar una conferencia con Pablo Noriega al costado, para explicar que su renuncia se debía a una evaluación política de la crisis del Congreso y no a la admisión de faltas propias. Williams tuvo que aceptar.
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Ahora bien, Noriega es el principal responsable administrativo como deja la normativa muy en claro, pero tiene apenas unas semanas en el cargo. Encontró varias decisiones tomadas por su antecesor Juan Carlos Paz, y por funcionarios que han renunciado a la par que Cevasco, como los gerentes de logística, de abastecimiento y de recursos humanos. Parte del control de daños ha sido forzar esas renuncias y llamar a la contraloría. La fiscalía no fue llamada, pero ya ha visitado el área administrativa en búsqueda de sangre.
Con la renuncia de Cevasco, Williams apenas ha capeado un temporal. El cielo seguirá cargado mientras no se produzca la noticia más esperada del parlamento: la aprobación del adelanto de elecciones. Al menos, el último pleno ha saltado un escollo que tenía al tema paralizado. La reconsideración puesta por Jorge Montoya para volver a votar lo que ya se había decidido que sea debatido en la Comisión de Constitución, ha sido desestimada. La Comisión sí podrá debatir y dictaminar un proyecto de ley de adelanto que, muy probablemente, sería para el 2024. El resultado de la votación en el pleno es impredecible y dependerá de la protesta interna, de la presión nacional e internacional contra gobierno y Congreso, además de escándalos que protagonicen los dos últimos.
Como les he contado otras veces, Williams teme ser censurado y no es consciente del valor de una renuncia, como lo ha sido su ex oficial mayor. Su bancada de Avanza País lo presiona contra el adelantismo. Sin embargo, al presidente del Congreso le conviene, mirando de frente a la ciudadanía que desaprueba al Congreso en un 90% (IEP), representar a los que sí están dispuestos a irse.
NoticiasInformación basada en hechos y verificada de primera mano por el reportero, o reportada y verificada por fuentes expertas.

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