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Venezuela no da más: en el Perú, se cae de Maduro

Nicolás Maduro ha empañado su carrera no solo con abusos en Venezuela sino con encontronazos en el Perú.

Nicolás Maduro

Al margen de la voluntad de PPK y su gobierno, ya el Perú está ligado al destino de Maduro y a la paz futura en Venezuela. (Ilustración: Giovanni Tazza/El Comercio)

Al margen de la voluntad de PPK y su gobierno, ya el Perú está ligado al destino de Maduro y a la paz futura en Venezuela. (Ilustración: Giovanni Tazza/El Comercio)

“Usted se equivocó, canciller del Perú, ha cometido el error de su vida”, amenazó Nicolás Maduro a Rafael Roncagliolo, practicando su trémulo acento chavista el 3 de mayo del 2013. Eso no fue nada comparado con las recientes invectivas contra PPK. Pronunció la ‘sh’ de Kuczynski con los mismos resoplidos que Chávez dedicaba a Bush y asegurando que no era peruano sino yanqui.

Volvamos al 2013, al comienzo de esta historia. Dos semanas antes de su amenaza, el 18 de abril, Maduro tuvo que hacer, apurado e incómodo, su primer viaje como presidente a Lima, tan solo 4 días después de haber sido elegido. Hugo Chávez había muerto el 5 de marzo del 2013 y él, como vicepresidente, convocó a comicios ipso facto, para que, en pleno duelo, no se disipara la última voluntad del comandante: ‘Que Nicolás lo suceda, pué’.

El chavismo ganó por estrecho margen. En la misma noche de las elecciones, el perdedor Henrique Capriles denunció fraude en el conteo de algunas zonas y pidió un recuento. La tensión era insoportable y la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) que, en ese momento, tenía a Humala en la presidencia temporal, convocó una reunión de emergencia en Lima. Y así fue que Maduro, recién estrenado como pleno sucesor del líder que se le materializaba en sueños en forma de pajarito (así lo relató en un célebre monólogo, al que seguirían muchos otros de ese calibre), tuvo que defender su sucesión ante Ollanta Humala como anfitrión, Cristina Fernández, Evo Morales, Juan Manuel Santos, Sebastián Piñera, Dilma Rousseff, José Mujica y algunos cancilleres en reemplazo de sus jefes de Estado.

Maduro no timbra—
Roncagliolo, un intelectual de izquierda que no venía de la diplomacia, convocó a un grupo de periodistas para contarnos lo que pasó en la reunión. Nos dijo que Humala, pese a lo que todos podíamos suponer por sus vínculos chavistas afianzados en su primera campaña del 2006, estuvo entre los que pedían a Maduro que sea tolerante con su oposición. En ese plan, aseguraba Roncagliolo, Humala estuvo junto a Santos y Piñera, mientras que Evo y Cristina se mostraron incondicionales del chavismo. Mujica hizo chistes contra Cristina y contra Maduro que distendieron la reunión y fueron un punto contra el venezolano.

Aunque Maduro posó de indignado, ya tenía decidida una medida que le permitiría irse en paz. La jefa de su parcializado poder electoral, Tibisay Lucena, anunció que auditarían el 100% de los votos en atención al reclamo de Capriles, quien también vino a Lima, pero no fue recibido ni por Humala ni por el canciller, sino por un funcionario de segunda línea en Torre Tagle (por eso, cuando en el 2016 visitó la casa del electo PPK, el opositor de Maduro subrayó que esta vez sí fue tratado al más alto nivel).

A Maduro, por haber sido canciller de Venezuela antes que vicepresidente y, en ese plan, haber entablado relaciones con Nadine Heredia para determinar el apoyo del chavismo en el 2006 (¡figura en sus agendas como ‘Nico’!), le costaba asumir que el Perú era masivamente antichavista. No solo por reacción a nuestra tradición de autoritarismo militar disfrazado de progresismo (Chávez confesó que una de sus fuentes de inspiración fue Velasco), sino que en abril del 2002, con ocasión de un fallido golpe contra el comandante, Toledo, apurado, lo dio por defenestrado y dijo: “No es santo de mi devoción”. A las pocas horas, Chávez, orondo y triunfal, volvió a su sitio. Ese fue el origen de muchas tensiones con el chavismo, que jalonaron lo que restaba del gobierno de Toledo, y todo el de García. Es más, Chávez fue tan insultante con García que, en plena campaña del 2006, le llegó a decir “corrupto de 7 suelas” y “ladrón de 4 esquinas”, lo que provocó reacciones nacionalistas que favorecieron el triunfo de Alan.

Por todo eso, Humala sabía que necesitaba un nuevo padrino para el 2011 y ese fue Lula. Y una vez en el poder, supo que –nacionalismo obliga– debía guardar una prudente distancia con el chavismo y a la vez evitar su resentimiento. Al morir Chávez fue con Nadine a su entierro; pero luego dio la venia a Roncagliolo para que sugiriera a Unasur hacer un pronunciamiento reclamando a Maduro respeto a su oposición. Eso fue lo que provocó la amenaza madurista a Roncagliolo del 3 de mayo del 2013, con la que empezamos esta historia. Ese mismo día, Humala llamó a Roncagliolo a Palacio, para que fuese testigo de cómo lo iba a defender ante una llamada que el venezolano prometió hacerle. Pero el teléfono no sonó y el canciller renunció unos días después, abonando a la versión de que Maduro había pedido su cabeza. La versión oficial fue “por razones de salud”. Aunque subsisten las dudas, lo último era creíble.

PPK, antichavista puro—
PPK ha dado un paso adelante del antichavismo que ya fue oficial en tiempos de García. Ha reiterado, dentro y fuera del Perú, que pretende un liderazgo regional en la presión para una salida democrática en Venezuela; razón por la que el canciller Ricardo Luna ha convocado la reunión de cancilleres latinoamericanos que se llevará a cabo este martes 8. En estos afanes, el gobierno tiene un entusiasta respaldo opositor, con excepción de la izquierda.

En el reciente mensaje de Fiestas Patrias, el presidente confirmó que es una política de Estado dar facilidades migratorias a los venezolanos, acelerando un éxodo que ya es bastante visible en Lima y en algunas regiones. Incluso una ONG, la Unión Venezolana en el Perú, ha anunciado su intención de postular a PPK a un Nobel de la Paz. Al propio presidente la idea no le sonaría descabellada pues una fuente nos contó que la habría comentado el año pasado en Cartagena, durante la firma del acuerdo de paz que promovió Juan Manuel Santos. El colombiano, por cierto, recibió ese Nobel en el 2016, por promover la paz con las guerrillas.

Al margen de la voluntad de PPK y su gobierno, ya el Perú está ligado al destino de Maduro y a la paz futura en Venezuela. La corriente migratoria está creando una importante colonia a la expectativa de la caída de Maduro. Ahí empezará otro capítulo en el que estaremos presentes.

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