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Venganza, abuso o verdadera justicia, por Mávila Huertas

¿Qué recibió Odebrecht a cambio de apoyar al nacionalismo? Eso es lo que queremos que nos digan

Mávila Huertas

Que el hábeas corpus presentado por la defensa resultaría exitoso era un secreto a voces hace rato. (Foto: Hugo Pérez/El Comercio)

La incautación de la casa de los Humala Heredia exhibe todas las características de una venganza cruel y abusiva luego del revés que supuso para la fiscalía que el Tribunal Constitucional fallara a su favor y anulara la prisión preventiva que la pareja venía cumpliendo durante más de nueve meses.

Salvo algunas voces solitarias, la mayoría de abogados constitucionalistas se había pronunciado en contra de la medida, calificándola de desproporcionada.

Los argumentos para señalar que existía peligro de fuga o intentos de entorpecer las investigaciones eran frágiles y forzados. Y por si fuera poco, la fiscalía había incumplido sus propios plazos para presentar una acusación en contra del ex presidente y su esposa por delito de lavado de activos. Acusación que dicho sea de paso todavía seguimos esperando.

Por todo esto, las imágenes que hemos visto de vehículos policiales y agentes fuertemente armados controlando quién ingresa y quién no a los inmuebles comprendidos en la disposición judicial son el triste reflejo del fracaso de nuestros fiscales para resolver uno de los más grandes casos de corrupción de los que ha sido testigo y víctima América Latina.

Como penoso resulta el intento de hacernos creer que la medida empezó a correr trámite el 11 de abril, mucho antes de hacerse pública la decisión del TC.

Que el hábeas corpus presentado por la defensa resultaría exitoso era un secreto a voces hace rato. Tanto fiscales como abogados sabían que el voto de Eloy Espinosa-Saldaña inclinaba la balanza a favor de los Humala. De otra forma no se justifica la insistencia de Wilfredo Pedraza para que el voto del magistrado fuera tomado en cuenta, un día antes de que al Ministerio Público se le ocurriese la idea de incautar una casa sobre la que ya pesa un embargo.

El problema trasciende a la situación de los Humala. Porque es cierto que Odebrecht financiaba campañas electorales. Pero su objetivo no era contribuir a fortalecer el sistema de partidos, sino cobrarle favores al candidato que resultara ganador, a través de contratos para obras públicas.

El esfuerzo desplegado por la fiscalía para corroborar y seguir corroborando a través de una colección de testimonios, que Barata entregó tres millones de dólares para la campaña nacionalista a pedido del Partido de los Trabajadores no se justifica si a su vez no se investigan los contratos, adendas y arbitrajes ejecutados por la constructora brasileña durante el gobierno de Humala.

¿Qué recibió Odebrecht a cambio de apoyar al nacionalismo? Eso es lo que queremos que nos digan. Lo mismo aplica para todos los casos porque son cuatro los gobiernos investigados. Desde Toledo hasta PPK.

¿Qué hay detrás de las cuentas y empresas ‘offshore’ que sirvieron para depositar y licuar los sobornos? ¿Cuánto se ha avanzado sobre eso? Se trata de encontrar la ruta que siguió el dinero sucio, sancionar con justicia y equidad a los corruptos, y reparar, en la medida de lo posible, el daño ocasionado al país por el perverso mecanismo creado por Odebrecht. El resto es apenas la lamentable exhibición de un falso trofeo para maquillar incapacidad.

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