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“Casa Garbo no busca inventar nada, sino hacer las cosas bien y pensando siempre en quien viene a disfrutar”. Así resume Jorge Muñoz, chef y uno de los cerebros detrás del concepto, el espíritu de este espacio ubicado en una casa icónica de Miraflores, la misma que albergó a Astrid & Gastón años atrás.
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Casa Garbo, a un año de su apertura, no es un restaurante tradicional, tampoco un bar a secas. Es un lugar híbrido, versátil y vibrante, donde la música, la coctelería y la comida se encuentran con una misma misión: que quien entre, quiera volver.

Detrás de cada noche en Casa Garbo hay un equipo comprometido, diverso y lleno de camaradería. Jorge Muñoz lo tiene claro. Menciona que este proyecto no sería lo que es sin la energía y talento de quienes lo integran. “Aquí nadie es más que nadie. Todos aportamos desde nuestra trinchera y lo más bonito es que lo hacemos con cariño, escuchándonos”, afirma. Esa horizontalidad se siente en el ambiente y se traduce en la autenticidad que buscan transmitir.

Autenticidad por encima de etiquetas
“¿Somos restaurante?, ¿somos bar?, ¿qué somos?”, se preguntaron cuando recibieron la nominación a los Premios Somos 2025 como mejor nuevo restaurante. Para Muñoz, la respuesta está en cómo lo vive el cliente: “Si alguien piensa que somos un restaurante y se encuentra con todo esto, pues bienvenido sea. Lo importante es que quiera quedarse”.

En Casa Garbo no hay prisa. Las mesas están pensadas para dilatar la noche, para quedarse de comida y tragos a conciertos; para sentarse con cartera y copa sin querer irse después de cenar. El único pendiente, bromea el chef, es un valet parking, aunque esto también podría decirse que es “a propósito” porque no puedes irte sin probar uno de los tragos de autor.

Por ahora, la carta de Casa Garbo seguirá afinándose, con una apuesta aún más fuerte por los piqueos y platos icónicos como el carpaccio de wagyu, el pulpo al olivo o las croquetas. “El cliente limeño ha cambiado. Se arriesga más, pero todavía le gusta jugar seguro. Nosotros vamos paso a paso, escuchando y aprendiendo”, concluye.

El bar como esencia del espacio
Lo primero que impacta al entrar es, sin duda, la barra. Amplia, luminosa e imponente. Frente a ella, una selección generosa de etiquetas invita a elegir con libertad lo que quieras beber esa noche.
Uno de los sellos de la casa es el equipo de bartenders bajo el mando del bartender Luis Flores, cuya creatividad y técnica se refleja en una carta de 13 cócteles de autor, cada uno con identidad propia y bien definida. Aunque si prefieres irte por un cóctel clásico, también puedes pedirlo. Un pisco sour o negroni bien preparado, nunca está de más,

De la carta de autor, “Flor Ácida” se presenta como una de las apuestas más refrescantes y originales. Refrescante, vibrante y con un alma amazónica. El cóctel Flor Ácida combina Befeater con copoazú, una fruta exótica de la familia del cacao que aporta una acidez dulce e intrigante, y jugo de mandarina verde, de temporada, que acentúa su carácter cítrico sin perder suavidad. El resultado es una copa que equilibra lo silvestre con lo elegante, ideal para empezar la noche con frescura y curiosidad.

Otra opción es la “Quinta Avenida”. Inspirado en los clásicos neoyorquinos y con alma de película, este cóctel rinde homenaje a los aperitivos que marcaron época en Manhattan. La Quinta Avenida tiene la nostalgia de las luces amarillas y las caminatas entre rascacielos, pero reinterpretada desde la barra de Casa Garbo. Se sirve con almendras tostadas, un guiño sofisticado que redondea su carácter: elegante, urbano y lleno de historia.

Por último, pero no menos importante, el cannoli es el favorito de muchos, y con razón. Aunque tradicionalmente es un postre italiano, en Casa Garbo el cannoli se reinventa como un cóctel dulce y con carácter. Inspirado en el relleno clásico de queso crema y pistacho, esta bebida rinde homenaje a uno de los dulces más queridos del sur de Italia. Tiene notas golosas, una textura sedosa y un cierre que recuerda a los caramelos de infancia.

Un bar que también cocina, y bien
Desde una barra imponente, que fue el punto de partida de todo, la propuesta se fue expandiendo a una carta dinámica y en constante evolución. “Aquí no le decimos que no a una hamburguesa a las 11:30 p.m.”, dice Muñoz. De hecho, gran parte del menú está pensado para el ‘finger food’, pero servido con todo el cuidado de un restaurante que se toma en serio el servicio.
Hamburguesas, croquetas, fideuá, pulpo al olivo, carpaccio de wagyu, meloso de pato... En Casa Garbo se puede venir a picar algo con una copa de vino, cenar contundente o continuar la noche después de unos tragos.

La carta responde más a los deseos del comensal que a una línea estricta de cocina. “Nos obligamos a hacer bien lo que servimos, aunque no seamos una hamburguesería ni un restaurante de cocina de autor”, agrega.
Algunas de las opciones más pedidas son el carpaccio wagyu, pulpo al olivo, steak tartare o unas clásicas empanadas de lomo acompañadas de una reducción llena de sabor. Son platos pensados para compartir, aunque si prefieres disfrutarlos solo, también es perfectamente válido.

Más allá de la comida y bar: música, cultura y vida nocturna
Uno de los sellos de Casa Garbo es su programación musical. Cada sábado, el evento “Garbo con sabor” trae músicos en vivo como Checho o Richie Rey, mientras Jorge se mete a la cocina con colegas invitados para armar una noche con sazón. También hay espacio para el jazz, el rock o incluso noches de descarga salsera. ¿Dónde termina la cena y empieza la fiesta? En Casa Garbo, esa línea es difusa a propósito.
Detrás de una puerta, un pequeño búnker se convierte en discoteca cuando “la noche se arma”, como dice Muñoz. Y es que Garbo es también una pista de baile, un punto de encuentro para celebraciones privadas o simplemente una escapatoria con estilo y sello propio.
En un año, Casa Garbo ha demostrado que no necesita una etiqueta para tener identidad. Y lo que viene, promete seguir sorprendiendo.
Sus horarios de atención son:
De jueves a viernes 6 p.m. a 3 a.m.
Sábados de 1 p.m. a 3 a.m.
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