Resumen

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Los pollos "bebé" de la Granja Azul se siguen sirviendo tal cual se ofrecían en 1949, fecha en la que comienza esta aventura en Chaclacayo. La leyenda cuenta que solo se aderezan con sal, pero la fórmula exacta sigue siendo un misterio. Fotos: La Granja Azul.
Los pollos "bebé" de la Granja Azul se siguen sirviendo tal cual se ofrecían en 1949, fecha en la que comienza esta aventura en Chaclacayo. La leyenda cuenta que solo se aderezan con sal, pero la fórmula exacta sigue siendo un misterio. Fotos: La Granja Azul.
/ Pocho Caceres

Las formas de cocinar un pollo al horno son -para bien de toda la humanidad- maravillosamente infinitas. Día a día se ponen en práctica en buena parte del planeta, con todos los métodos y todas las combinaciones posibles. Como es ley de vida, sin embargo, hay algunos a quienes las cosas les salen mejores que a otros. Los peruanos pertenecemos al primer grupo; al orgulloso porcentaje que ha dominado la técnica hasta llegar a un punto de perfección que no compite con ninguna otra receta. Nos referimos a aquella con la que se prepara el pollo a la brasa, el verdadero plato bandera de este país (al menos si lo basamos en las cifras: somos los mayores consumidores de pollo per cápita en toda la región), con el permiso y el perdón del cebiche.

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