Para la elaboración de bebidas alcohólicas adulteradas, se emplean diversos insumos, como detergente y colorantes, así como tapas y etiquetas falsificadas. Sin embargo, el principal insumo es el etanol industrial, un compuesto químico controlado, no apto para el consumo humano, que se obtiene a través de la fermentación de la caña de azúcar. Es usual que se emplee en la elaboración clandestina de imitaciones de whisky, ron y pisco, los cuales podrían causar graves daños a la salud e, inclusive, la muerte.

Según un estudio de Euromonitor Internacional del 2018, los perjuicios de este mercado ilegal afectan también a la economía del país: las pérdidas por evasión de impuestos alcanzó los US$ 74 millones el 2017. El mismo documento detalló que el etanol industrial ingresa ilegalmente a través de las fronteras con Tacna (zona franca) y con Bolivia (Desaguadero), debido a una informalidad en los controles.

De hecho, se ha determinado que este insumo ingresa ilegalmente por diversas modalidades de camuflaje, conocidas como “hormiga”, “caleta”, “pampeo”, entre otras. En todas se utiliza barriles y galoneras de plástico, metal o aluminio, los cuales pasan por la frontera burlando los controles:

Para mitigar el crecimiento de este negocio, además de ejercer una fiscalización efectiva, Bruno Peralta, Gerente de Seguridad de Backus, propone la ejecución de proyectos coordinados entre el Estado y la empresa privada dedicada a la producción formal de bebidas alcohólicas, así como con organismos del Estado, como los ministerios de Salud y de la Producción.

En esa misma línea, Peralta plantea diversas medidas, como lograr el apoyo de los bodegueros y bodegueras del país, quienes pueden ser una gran plataforma de comunicación para alertar sobre los peligros de las bebidas ilegales. “También podríamos generar más mecanismos de devolución de envases, pues existe un mercado negro dedicado al desvío de estos productos hacia la ilegalidad”, subraya.

ADULTERACIÓN DE CERVEZA

La cerveza también es una bebida que se adultera en el país, aunque en menor medida que los destilados. Para ello se utilizan insumos como el agua y el detergente, para simular el cuerpo espumoso. También se utiliza cervezas de menor precio que se llenan a envases de cervezas más caras, todo en locales clandestinos sin medidas de salubridad.

En comparación a cinco u ocho años atrás —subraya Peralta— el control ha mejorado. “Sin embargo, no podemos tapar el sol con un dedo: la corrupción sigue siendo una puerta abierta para el ingreso de productos de contrabando”. En ese sentido, subraya que el camino correcto es seguir fortaleciendo la formalidad de manera coordinada y conjunta con el sector público y privado.

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