Redacción EC

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad o TDAH (ADHD, por sus siglas en inglés), es una condición que hace que sea extraordinariamente difícil para los niños concentrarse en tareas, prestar atención, estarse quietos y controlar el comportamiento impulsivo.

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¿Pero cuáles son las características más comunes en los niños que padecen este problema? Para despejar esta interrogante, contactó a Angélica Araujo, psicóloga educativa, quien nos contó las características y recomendaciones para ayudar a los padres en este problema..

“Las características más comunes en los niños con lo que se llama “Trastorno por Déficit de Atención/Hiperactividad” tiene que ver con las dificultades del niño para controlar sus conductas y emociones.

Además, es importante identificar las dificultades para focalizar su atención, ya que no suele prestar suficiente atención a los detalles o comete errores por descuido frecuente y suele tener dificultad para mantener la atención en tareas”, nos comenta la especialista.

Luego, Angélica Araujo describe un poco más como es el comportamiento de los niños que padecen trastornos por déficit de atención: “A menudo no sigue instrucciones. Suele tener dificultad para organizar tareas y actividades. Los niños con TDAH responden inesperadamente o antes de que se haya concluido una pregunta, y en algunas ocasiones llegan a interrumpir conversaciones; con frecuencia le es difícil esperar su turno”.

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¿Y como se identifica este problema?

El diagnóstico no se da simplemente porque aparecen los síntomas, en la evaluación psicológica se valora el desde la aparición de los síntomas (generalmente antes de los 12 años), la duración de los síntomas (por más de un año) y en los lugares que aparecen (que debería ser en todos los ambientes en donde el niño se desarrolla), antecedentes (si algún familiar padece alguna dificultad psicológica, diagnosticado o no), y muchos más elementos.

Contrario a los que muchos podrían pensar el diagnóstico no se da con la aparición de la síntomas, puesto que estos mismas características pueden aparecer en niños con problemas conductuales, de aprendizaje, de lenguaje, disfunción disejecutivo, o niños que han pasado por dificultades emocionales muy fuertes.

Este trastornos del neurodesarrollo no tiene cura, los niños nacen con esta condición que va cambiando y transformándose durante los años de vida del sujeto. Esto no quiere decir bajo ninguna circunstancia que la condición trunca la vida del niño: esta condición no debería impedir el desarrollo emocional, social o educativo del que lo tenga. Sin embargo, es crucial que si notamos que el niño tiene dos o más de las características se realice una evaluación para brindarle la terapia pertinente.

Angélica Araujo, psicóloga educativa señala el punto clave para tratar este mal; “Como profesional, creo que lo más importante de la evaluación no es el diagnostico en sí, sino el perfil de puntos fuertes (los cuales se reforzarán y ayudarán al niño a solucionar sus dificultades de forma más adaptativa) y los puntos débiles (los cuales marcaran las directrices de la terapia ya sea psicológica con o sin uso farmacológico)”.

Estas son algunas de las recomendaciones de Angélica Araujo que le da a los padres de los niños que padecen este mal:

1) La aceptación y el conocimiento del trastorno: Los padres con ayuda del psicólogo que los acompaña deberán trabajar en la sensibilización de esta condición. Los niños son un espejo de los padres, si ellos se muestran impacientes, frustrados o si ven al trastorno como una enfermedad (que no lo es) el niño se sentirá etiquetado, lo que no ayudará a que viva con naturalidad.

2) Implementación de normas: se ha demostrado que los niños con tdah tienen dificultades de control conductual y falta de organización; no saben por dónde empezar cuando hacen sus tareas, y se difícil terminar sus quehaceres sin monitoreo, es por esto que el uso de normas bien establecidas, cortas y en positivo, les ayuda mucho, puesto que el niño sabrá exactamente que se espera de él o ella. Evitar el “Marcelo, pórtate bien”, “Micaela, no hagas esto”, siguieron cambiarlo por: “Marcelo, siéntate a mi lado mientras estoy hablando”, “Micaela, has silencio mientras escribes en esta hoja”. Hay que recordar que el portarse “bien” o “mal” no existe, las conductas son adecuadas o inadecuadas de acuerdo al lugar en donde estamos, las personas con las que estamos, etc.

3) Preparar el espacio de estudio con anticipación: Retirando objetos que le distraigan de la mesa de trabajo. Asegurar que las instrucciones se realicen una o una manteniendo contacto visual.

4) Utilización de horario: Ordenar el día del niño hará que sea que es lo que tiene que hacer, ya sea en cuestiones de tareas, requerimientos de casa u horas de juegos. La rutina lo ayudará a mejorar su planificación y organización.

5) Realizar actividades con ellos: Los niños con tdah no hacen lo que hacen por el simple hecho de no hacer caso o desobedecer, si tiene el comportamiento que tiene es porque aún no tienen las herramientas necesarias para controlar su conducta o sus reacciones emocionales, por esto es necesario pasar tiempo con el niño: escuchándolo, jugando y compartiendo. Conversaciones, deporte, juegos de mesa, intentar cocinar, armar legos ayudará al niño estimular: tolerancia a la frustración (cuando pierde), esperar su turno, a tener disciplina (empezar algo y terminarlo), atención, planificación, etc.

Tanto el psicólogo, los docentes, los padres y los amigos del niño con Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) son entes cruciales para que el autoestima del niño no decaiga. Los niños notan sus dificultas al mantener la atención, su constante aburrimiento, y que se comportan diferente. Es nuestra responsabilidad mostrar señales firmes y positivas, que no significa permisivas, continuamente.

Entendamos que todos somos diferentes; todos tenemos nuestras capacidades y discapacidades; cada uno tenemos maneras únicas de adaptarnos a nuestro entorno. Por eso, es fundamental sensibilizar a la sociedad sobre este y muchos otros trastornos para que se mire desde un enfoque empático y generar oportunidades de mejorar a los niños.

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