Por José Silva

Con la intención de calmar su evidente preocupación, Doña Sebastiana (Tânia Maria) se dirige a Marcelo (Wagner Moura) y empieza a mostrarle algunos viejos retratos que adornan su sala. La anciana rememora su estadía en Italia, el fin de la Segunda Guerra Mundial, las ideas políticas que profesó (no recuerda si primero fue comunista o anarquista), para cerrar mencionando muy cariñosamente a cada uno de los refugiados a su alrededor. No le importan mucho sus verdaderas identidades. Su prioridad parece ser protegerlos. Protegerlos y soñar con “un Brasil con menos odio”. Este momento bien podría resumir “El agente secreto”, la película del director Kleber Mendonça Filho que tiene a como protagonista y que aspira a cuatro estatuillas del .

Aunque se maneja en tres líneas temporales, el peso fundamental de esta propuesta recae en la etapa de la dictadura brasileña a finales de los años 70. Marcelo (también Armando) ha vuelto a su natal Recife para hacerse cargo de su hijo Fernando (Enzo Nunes), un inocente púber que parece obsesionado con el cartel de “Tiburón”, aquel hito del cine del terror que Steven Spielberg dirigiese allá por 1975. La alusión a la cinta protagonizada por Roy Scheider y Robert Show es apenas uno de los varios guiños que “El agente secreto” le hace al séptimo arte (Mendonça Filho, antes de cineasta fue crítico de cine, tiene en su haber tres películas y un documental). Y no es preciso ser un experto para percibirlos.

Wagner Moura y el director de cine Kleber Mendonça Filho. (MUBI)
Wagner Moura y el director de cine Kleber Mendonça Filho. (MUBI)

Pero antes de avanzar en el argumento de la historia toca concentrarse en su protagonista. Con 49 años, Wagner Moura ha seguido un largo camino antes de esta merecida nominación. Si uno quisiera establecer un punto de partida más popular, digamos, tendría que señalar su rol de Pablo Escobar en “Narcos” de Netflix. No obstante, en honor a la verdad, el actor nacido en Salvador de Bahía, ya había demostrado su capacidad interpretativa varios años atrás en aquella ambiciosa propuesta denominada “Tropa Élite” de José Padilha, donde interpretaba al justiciero capitán Nascimento. Entre ambos proyectos y el presente, el actor supo escoger buenos roles, pero sobre todo historias potentes.

Un ejemplo en dicha línea podría ser “Dope Thief” (“Ladrones de drogas”), serie de AppleTV+ en la que da vida a Manny Carvalho, un intrépido delincuente que desfalca escondites de sustancias prohibidas haciéndose pasar como agente de la agencia antidrogas americana (DEA). A esto le podríamos sumar una de las mejores películas producidas por A24 en el último tiempo: el thriller distópico “Civil War”, en el que interpreta a Joel, un fotoperiodista que registra cómo el sistema democrático de los Estados Unidos parece irse a pique. Una propuesta ambiciosa y cautivante para cualquiera que ejerza este oficio.

Fotografías de la película "El agente secreto". (MUBI)
Fotografías de la película "El agente secreto". (MUBI)

Arribando a “El agente secreto” en un momento de madurez interpretativa innegable, hoy todo parece salirle bien a Moura en pantalla. En la cinta de Mendonça Filho da vida a un hombre que va soltando una a una todas sus capas hasta que, inevitablemente, llega el momento de la tragedia. Su personaje, Marcelo, intenta acomodarse con perfil bajo en Recife hasta que una dama con poder le consiga unos pasaportes para huir con su hijo (la segunda línea temporal puede ser esta, cuando el protagonista le cuenta a Elza porqué su vida corre peligro, y le permite grabarlo).

Decíamos que “El agente secreto” es mucho más que una película política. Desde su inicio te anticipa la frase "Nuestra historia tiene lugar en Brasil en 1977, una época de llena de picardía“. ¿Qué buscaba el director dándonos la bienvenida así? Resta un largo camino por delante para ir descubriendo la respuesta. Y la mejor manera quizás es ir uniendo pieza por pieza todo lo que conforma este artefacto singular que tenemos al frente. Marcelo, apenas llegado a Recife, descubre un cadáver en proceso de putrefacción. Al rato aparecen, primero, unos perros callejeros y, segundo, unos policías. Los primeros, evidentemente hambrientos, intentan conseguir algo de carne, pero, los segundos, también están ahí por algo: al ver a nuestro protagonista con aspecto foráneo, ponen de cabeza su automóvil para hallar un motivo por el cual multarlo. Al no conseguirlo, terminan pidiéndole una ‘colaboración’. Sobre el cadáver, claro, cero interés.

Fotografías de la película "El agente secreto". (MUBI)
Fotografías de la película "El agente secreto". (MUBI)

Otro aspecto a rescatar en esta cuatro veces nominada cinta, bien podría vincularse a lo cultural. Marcelo llegó a su ciudad en pleno carnaval. Y el carnaval remite, inevitablemente, a la música, un factor importante en momentos de picardía –cuando un cartero se traslada por un inmenso edificio burocrático para llevar un telegrama—, pero también de peligro –cuando un sicario huye tras fracasar en su ‘encarguito’. Seis minutos escapando por galerías y casas de Recife se coronan con un periódico tamaño sábana tapando otro cadáver: “Carnaval dejó 91 muertos”, se lee en la nota abridora.

Con la premisa de estar ante una historia ficticia anclada en un momento histórico, “El agente secreto” expone otros elementos insoslayables que seguramente han servido al momento de nominarla a Mejor película, Mejor película internacional, Mejor actor y Mejor casting. Surgida tras el derrocamiento del presidente Joao Goulart, la dictadura brasileña se extendió entre los años 1964 y 1985. Según una comisión de la verdad creada específicamente para ese tema, a lo largo de ese periodo se contabilizan 434 asesinatos y desapariciones. Un periodo aciago debe representar temor para gran parte de una sociedad. La película de Mendonça Filho tiene a Marcelo en el rostro más visible de ese miedo. ¿El delito? Haberse negado a los cambios que, desde una entidad estatal, se pretendía hacer en las oficinas de investigación de una universidad local a cargo suyo. Para el villano Henrique Ghirotti –notablemente interpretado por Luciano Chirolli—quien declina los cambios no solo no está a favor del régimen, sino que lo desafía y, por consecuencia, no tiene perdón.

Fotografías de la película "El agente secreto". (MUBI)
Fotografías de la película "El agente secreto". (MUBI)

Pero, como dijimos líneas arriba, “El agente secreto” no es tan política como pareciera, felizmente. La cinta tiene momentos dramáticos, inevitables ante el destino de su protagonista, pero también otros ciertamente curiosos, por decirlo menos. Un gato negro con dos caras merodea la casa de Marcelo. Oficinistas le coquetean por lo bajo cada vez que pueden. Pero, fundamentalmente, una pierna peluda va asesinando a parejas exhibicionistas en los parques de la ciudad. Por último, Fernando, el hijo de Marcelo que dibuja el afiche de “Tiburón” obsesivamente, deja de tener pesadillas con el depredador marino el día que su abuelo –un proyector de cine local bastante bonachón-- le deja ver la película de Steven Spielberg. Se trata, pues, de pequeñas piezas de este singular artefacto que, incluido en la gran categoría de los Oscar –ante las favoritas “One Battle after Another” o “Sinners”—tiene un panorama difícil, pero ya en otras plazas como Mejor Película Extranjera (ante propuestas como la enigmática “Sirât” de Oliver Laxe) parece tener posibilidades mucho más factibles.