Por Redacción EC

Cuando Alianza Lima parecía tener al alcance una remontada que podía quedar en la memoria, un instante de desconcierto terminó cambiando el destino del clásico. Todo comenzó con el pase largo de Inga y continuó con el pivoteo de Valera, hasta desembocar en una inesperada descoordinación entre Gianfranco Chávez y Duarte. El error defensivo abrió una puerta que Lisandro Alzugaray, recién ingresado, no desaprovechó. En cuestión de segundos, el atacante convirtió una jugada aparentemente controlada en el golpe definitivo. Matute quedó en silencio mientras Universitario encontraba el camino hacia una nueva celebración.