Por José Silva

Ya venía con una carrera cimentada en su natal México, pero Manuel García-Rulfo (Guadalajara, 44 años) ha tenido su gran presentación internacional con una serie más bien ‘gringa’: “El abogado del Lincoln” (). Por cosas del destino, terminó colgándose el terno de Mickey Haller, ese abogado creado alguna vez por el escritor superventas Michael Connelly que combina encanto, astucia, aunque también una que otra debilidad humana, pero siempre con la proporción justa.

Esta serie cuenta la historia de un hombre de letras que casi ‘abandonado’ a su suerte tras dos divorcios, con una hija adolescente, y dedicado apenas a tomar sol, debe retomar su profesión para litigar por un tema personal: un viejo colega le ha dejado su cartera de clientes. Así pues, ante este nuevo panorama, se va rodeando de la gente correcta para enfrentar una serie de casos que le granjearán la fama de “El abogado del Lincoln” (merced a los hermosos autos que conduce por Los Ángeles)

Lejos de ser la única serie judicial de la historia de la TV, y mucho menos la única que sigue emitiéndose en la actualidad, “El abogado del Lincoln” condensa lo mejor del personaje creado por Connelly, con singulares añadidos de un guionista/adaptador tan brillante como David E. Kelley. En pantalla, pues, desde hace cuatro años, vemos a un galán mexicano interpretando a un abogado que despliega los trucos más insólitos para derrotar a sus rivales en la corte. En dicho trabajo no estará solo.

Haller ve alterada su alegría de arranque en la temporada 4.
Haller ve alterada su alegría de arranque en la temporada 4.

En las tres primeras temporadas de la serie de Netflix, Mickey Haller se ha rodeado de un grupo caracterizado fundamentalmente por la lealtad. La mente abierta de todos los involucrados hace que su mano derecha sea la aspirante a abogada Lorna Crane (Becki Newton), una de sus exesposas, con las que mantiene respeto y admiración. A ella se le suma su novio Cisco (Angus Sampson), un silencioso y brillante investigador privado que siempre tiene la forma correcta de cumplir los requerimientos de Haller. También podemos contar aquí a Izzy Letts (Jazz Raycole), una joven bailarina que –como suele pasar con Haller—decide pagarle un favor trabajando para él. Hasta que las cosas van tan bien que el vínculo laboral se extiende.

Algo que preserva “El abogado del Lincoln” a través de los años es la misma química entre sus personajes clave. Ver caminando a Mickey y Lorna genera la misma sensación en la primera que en la recientemente estrenada cuarta temporada. Conservar este aspecto otorga familiaridad, pero, sobre todo, empatía hacia un público acostumbrado a recibir series y películas tan nuevas como artificiosas cada día, en las que a veces es complicado lograr conexión y menos aún vínculos.

El vínculo entre Lorna y Cisco se refuerza a lo largo de esta cuarta temporada.
El vínculo entre Lorna y Cisco se refuerza a lo largo de esta cuarta temporada.

Tras asumir la cartera de clientes de un viejo colega, en el inicio de aquella primera temporada, Haller comienza desempeñarse como abogado bajo distintas circunstancias y desplegando las habilidades arriba mencionadas. De la mano de Cisco, Lorna, Izzy y gracias a los consejos de Legal (Elliot Gould), un viejo amigo de su fallecido padre que hoy le sirve de mentor, Mickey parece dominar los entresijos de las cortes de Los Ángeles con facilidad. Esto, no obstante, genera incomodidades y resucita envidias. Aquí los malos no solo visten uniforme de presidiarios, sino también sacos de las más prestigiosas marcas.

Aunque no ahondan mucho en su pasado, por ejemplo, como estudiante de leyes, a lo largo de las primeras tres temporadas de “El abogado del Lincoln” veremos no solo presuntos delincuentes exigiendo a Haller que lo liberen o salven de una sentencia fija, sino también a excolegas, pero más aún: a sus exparejas. Porque Lorna no es la única dama en el círculo de inteligentes y bellas mujeres que orbitan alrededor de este letrado ‘latin lover’. La más importante puede considerarse Maggie McPherson (Neve Campbell), la primera esposa de Mickey, una fiscal de la Ciudad con la que comparten la crianza de una adolescente de nombre Hayley.

LA CUARTA, UNA TEMPORADA DECISIVA

Transcurridas las primeras tres temporadas de la serie de Netflix puede ratificarse, además, un claro intento por mostrar las raíces mexicanas del protagonista. Su madre –en la ficción, una vieja figura de la TV en su país—lo llama cada cierto tiempo para recordarle que se alimente bien. Por allí hay una recurrente alusión a platillos mexicanos. No es raro, entonces, ver ‘charros’ caminando por las calles y menos provocarse mientras Haller pide unos tacos para ‘matar’ el hambre en momentos de descanso del trabajo. Pero esto no es en absoluto el punto clave de la temporada cuatro, la mejor según los seguidores y gran parte de la crítica especializada.

¿Qué ha llevado a cuarta a ser la mejor parte en lo que va de “El abogado del Lincoln”? Aunque por su trabajo se ha visto involucrado con delincuentes de temer, y más de una vez inclusive ha recibido una golpiza o sido apuntado por un arma de fuego, el abogado Mickey Haller despidió la temporada tres de su serie siendo intervenido luego de que se halle el cadáver de uno de sus viejos clientes en su maletera: Sam Scales (Christopher Thornton). El hallazgo fue un ‘baldazo de agua fría’ pues el letrado venía de celebrar un trajinado triunfo contra la Fiscalía del Distrito, que le iba a generar una muy buena compensación económica a repartir entre su equipo. En este ‘círculo’, precisamente, una persona pierde la vida, llenando de un profundo dolor a Haller.

El equipo completo de Michael Haller en el velorio de Legal, su querido mentor, y mejor amigo de su padre.
El equipo completo de Michael Haller en el velorio de Legal, su querido mentor, y mejor amigo de su padre.

En más de una ocasión ‘Legal’ (Elliott Gould) aconsejó a Haller que más peligroso que cualquier delincuente común era uno que responde a una institución tutelar. El anciano abogado hizo hincapié en los policías. Por eso cuando el arresto de Haller se da por un oficial de proceder oscuro todo hacía presagiar lo que finalmente ocurrió: nuestro protagonista está copado de enemigos que no piensan detenerse hasta que ‘pague’ por haberlos sentado en el banquillo. En el camino veremos desde patrulleros hasta detectives, pasando por inclusive agentes del FBI y la DEA.

Como suele pasar en las mejores adaptaciones, la serie de Netflix conserva la intención de resguardar ciertos detalles del libro original. Seguiremos viendo a Mickey impecablemente vestido, repitiendo gestos, y siempre a bordo de sus lujosos automóviles, pero sobre todo rodeado de féminas que significan un descanso a labores 24/7 en tribunales. En orden de importancia, la temporada cuatro ha perdido a la abogada y fiscal Andrea Freeman (la querida Yaya Acosta/April Sexton de la mejor etapa de “Chicago MED”), con quien Haller tuvo un tórrido romance que jamás afianzó. Sobre ella, la producción ha dicho que simplemente el espacio de cada temporada exige hacer recortes, pero no se descarta un retorno.

Luego de ella están, por supuesto, Lorna y Maggie, las dos ex esposas. La primera ya a punto de graduarse como abogada y la segunda con otra pareja, aunque innegablemente aún enamorada del padre de su hija. La sociedad entre Haller y Crane se refuerza. Tal vez los casos que la rubia letrada intenta llevar adelante no tienen la cobertura que nuestro protagonista, pero sí hay un innegable toque a ‘Legalmente rubia’ que roba sonrisas al espectador. Del otro lado, la fiscal McPherson parece no dudar mucho en suspender su carrera para apoyar a Mickey en el momento menos inesperado: afrontar la posibilidad de ser condenado por asesinato.

Volviendo a los aspectos legales de un show de este tipo, la cuarta temporada de “El abogado del Lincoln” pasa gran parte de sus 10 episodios entre el tribunal, los corredores y, además, la prisión del condado de Los Ángeles. Decir que Haller la tiene jurada es exagerar, pero su apodo no pasa desapercibido entre reclusos que, sin embargo, no lo ultiman por la intervención casi divina de Bamba (Marcus Henderson), un presidiario que termina ‘chalequeando’ a Mickey a cambio de una promesa de ayuda futura cuando ambos dejen la prisión. El vínculo, como ya hemos explicado en otros casos, se refuerza y finalmente el segundo termina de chofer del primero.

Muy buen trabajo de Constance Zimmer como la fikscal Dana Berg. Ella quiere ver condenado a Haller.
Muy buen trabajo de Constance Zimmer como la fikscal Dana Berg. Ella quiere ver condenado a Haller.

Contrario a lo que debería, Haller es quien debe pasarla 10 episodios intentando demostrar su inocencia ante un caso que es llevado por una fiscal aguerrida y que tampoco lo quiere mucho del pasado: Dana Berg, interpretada por nada menos que Constance Zimmer. Ella conoce del pasado a Haller, pero más aún a Maggie, con quien finalmente termina entablando un enfrentamiento luego de que Lorna ceda la posta ante la presión de manejar el bufete abandonado de Mickey y además representarlo en un caso de asesinato. Así pues, con la necesidad de interactuar a diario, la reconciliación (entre Mickey y Maggie) resulta latente en diez episodios.

Algo que sí ha dejado ciertamente de lado el avance de la serie de Netflix –aunque sin problemas podría retomar a futuro—son los flashbacks alusivos al pasado de Haller. Aunque sí hay recuerdos de sus interacciones privadas con clientes (para llenar huecos de la trama), nunca más lo vimos en su fase de niño junto a su papá abogado, a su madre actriz y al querido Legal. Los fanáticos de la serie probablemente coincidan en que momentos así condimentaron la temporada estreno, donde además hubo aspectos como tener al propio Mickey explicando (a la chofer Izzy y bajo un brillante sol color naranja) sus estrategias para ganar los casos más polémicos en la corte de Los Ángeles.

El vínculo de padres entre Maggie y Mickey ha sido imposible de quedar atrás. Y esta temporada lo refuerza.
El vínculo de padres entre Maggie y Mickey ha sido imposible de quedar atrás. Y esta temporada lo refuerza.

La elogiada temporada 4 de “El abogado del Lincoln”, entonces, se reparte entre Mickey buscando probar su inocencia, sus amigos y socios ayudándolo a llevar su caso, y a mantener el bufete a flote (nadie quiere contratar a otro abogado que no sea el de las noticias, y nadie confía en la recién graduada Lorna), pero también constantes alusiones lo turbios que pueden ser ciertos funcionarios para evitar tapar sus malos manejos. Un agente de la DEA amenaza en la puerta de su casa a Mickey. Exponer su vida con tanta crudeza es quizás la prueba de fuego para un personaje, y para un actor, que ha llevado tres temporadas con soltura entre ropa elegante, relojes brillantes, noches de pasión y mucha comida rápida.

Haller dice bien que esta vez no le importaba ser hallado no culpable, sino que quería una sentencia de inocente ante todos. El prestigio estaba por delante, pero también su honor. Por su hija (que también quiere ser abogada), pero sobre todo por sí mismo. Hemos pasado de ver el retrato de un profesional de las leyes capaz de forzar los trucos más sinuosos para ganar casos a otro que termina compartiendo inodoros con sicarios. Ese giro fortalece una propuesta que quizás no era la llamada a mantenerse a través del tiempo, pero que hoy con justicia se alista para grabar su quinta temporada, con un Manuel García-Rulfo que aprovecha este segundo brillo de su carrera para seguir manejando Lincoln’s, pero a la vez para probarse en otros proyectos, comerciales y algunos no tanto.

El mexicano es un artista en permanente construcción.