CualSe ha intentado explicar desde distintas ciencias sociales porqué un producto como las narconovelas (o en su defecto, las narcoseries) terminan por enganchar casi de forma adictiva a millones de televidentes en todo el planeta. Si se tratase de poner una línea de tiempo a todo este fenómeno, el primer punto clave bien podría ser “Pablo Escobar, el patrón del mal”, la mega historia que Caracol TV de Colombia estrenó en 2012 y que, en nada menos que 74 episodios, contaba el surgimiento y caída de Pablo Emilio Escobar Gaviria, el otrora fundador del Cártel de Medellín. Un chico de la clase media antioqueña (interpretado por un notable Andrés Parra) que, sin estudios superiores, usa su picardía y atrevimiento para lo malo: vender (en todas sus fases) cocaína a casi todo el planeta.
Esa industria –de cine y tv—basada en el oscuro ‘encanto’ por las vidas que cambian con una facilidad inusitada tiene un segundo hito, tres años después, cuando la poderosa Netflix estrena “Narcos”. Si en “El patrón del mal” el nivel de producción ya era alto –se gastaron cientos de miles de dólares por episodio--, aquí la propuesta alcanzó un siguiente nivel. La teleserie de Caracol se basó, fundamentalmente en el bestseller “La parábola de Pablo” del periodista y político colombiano Alonso Salazar. El proyecto de Netflix tenía un pie en la realidad, pero otro en la ficción. No obstante, aunque las licencias eran evidentes –un brasileño como Wagner Moura interpretaba a Pablo Escobar—el producto jamás se vio afectado. A final de cuentas, siempre quedó claro que lo que veíamos en pantalla era un relato de una porción de nuestra historia (latinoamericana) con añadidos que lo convertirían en un producto global.

Aunque posteriormente a “El patrón del mal” y “Narcos” surgirían muchos otros productos audiovisuales con el mismo trasfondo, tal vez ninguno logró su misma trascendencia. Pero sería en medio de esta ola de historias con un personaje común que apareció alguien vinculado a él y que, de distintas maneras, intentó cuestionar en más de una ocasión la forma en cómo se contaba lo que él llamaba también su historia. Juan Pablo Escobar Henao, el hijo mayor del ‘Patrón’ recorrió decenas de países presentando libros y dictando conferencias sobre los efectos de la violencia en la sociedad. El escritor consideró en más de una ocasión que series como “Narcos” frivolizaban el fenómeno y por ello siempre intentó mostrarse lejano a su construcción. También, por supuesto, negó la exactitud de varios de los pilares en que se construyeron muchas de estas producciones.
EL TURNO DEL HIJO
Hoy le ha tocado el turno a Juan Pablo Escobar de participar en todo el proceso de construcción de una historia de este tipo. Aunque "Dear Killer Nannies: criado por sicarios" es, en honor a la verdad, un producto con varias cabezas detrás. Al hijo mayor del fallecido cabecilla del Cártel de Medellín se le suma el mediático y exitoso Sebastián Ortega como Showrunner. Ambos, amparados por una cadena como Disney+ (transmisora en toda Latinoamérica) y Telemundo (cadena realizadora), han priorizado un enfoque singular: la vida de aquellos hombres encargados de poner el pecho para salvar la vida del ‘engreído’ de su patrón: los sicarios.
Ahora, tomarse unos minutos (u horas) para comparar cuál de estos sicarios se repite, con el mismo nombre y características en producciones como “El patrón del mal” o “Narcos” sería una pérdida de tiempo. Lo mejor en casos como estos es disfrutar lo que Ortega y Escobar han querido ofrecernos en las pantallas de Disney+: el especial vínculo que un niño construye con gente surgida de la pobreza que tiene en la violencia una forma de subsistencia en la Colombia de fines de los ochenta y principios de los noventa.

"Dear Killer Nannies: criado por sicarios" es presentada bajo un esquema de ocho episodios de 35 minutos de duración. En ellos pueden verse las etapas que Juan Pablo atraviesa antes de terminar ‘exiliado’ en Argentina junto a su hermana, novia y madre. Ya con su padre muerto y, supuestamente, sin dinero alguno, pues todo se lo ha entregado a los enemigos de su progenitor.
Como pasa en la gran mayoría de series y películas vinculadas al fallecido cabecilla del cártel de Medellín, muchos de los actores que veremos en pantalla han aparecido ya en otros proyectos. Por su puesto que bajo otros personajes/seudónimos. Tal vez el caso más saltante resulte el del actor colombiano Julián Díaz, quien interpreta a Lagaña un sicario que solo con mirarte transmite miedo. En esta ocasión, Lagaña es solo uno más del batallón de delincuentes que protege al ‘patroncito’. En ese sentido, debe cargar un arma de fuego, pero también estar dispuesto a jugar a las ‘escondidas’. Díaz transmite con solvencia eso que muchos ‘empleados de la violencia’ probablemente sintieron mientras estaban bajo el yugo de uno de los narcos más poderosos: inmortalidad. Eso, y además el agradecimiento impedían que se atrevan a cuestionar sus decisiones. Lo mismos pasaba en “El patrón del mal” y “Narcos”.

Los ocho episodios de "Dear Killer Nannies: criado por sicarios" son presentados por la reflexiva voz de Escobar Henao (luego se cambiaría el nombre a Sebastián Marroquín, más precisamente, antes de abandonar su país junto a sus familiares). En las líneas que el hoy escritor y conferencista lee se percibe un intento honesto por describir su infancia, sus momentos felices, pero también, los más crudos, cuando sintió de cerca la muerte o cuando descubrió quién realmente era su padre. El personaje del ‘Patroncito’ es interpretado por tres diferentes actores asignados a la niñez, pubertad y casi adultez. Más allá de los gustos, interpretativamente los tres tienen un nivel parejo. Lo mismo podría decirse de John Leguizamo, actor nacido en Colombia, pero con gran parte de su trayectoria hecha en Estados Unidos. Aunque es probablemente el actor de mayor edad que ha interpretado al extinto cabecilla del Cártel de Medellín (comparado en su momento con Parra o el propio Moura), sus virtudes lo convierten en pieza clave del rompecabezas familiar de los Escobar.

El nexo entre Juan Pablo niño y sus sicarios, sin embargo, viene acompañado de algunos condimentos que –en honor a la verdad—a ratos parecen distraer la propuesta. Podríamos decir eso de, por ejemplo, los personajes de Rodri (Julián Zuluaga) y Angie (Juanita Molina), a la sazón, dos de los más jóvenes sicarios a órdenes de Escobar que, inevitablemente, en algún momento terminan enredados sentimentalmente ante la sorpresa del ‘Patroncito’, quien --ante la permanente ausencia de su padre-- se siente empoderado para opinar y decidirlo casi todo.
Tal vez tentado a recurrir al sermón permanente mientras narra el devenir de su historia, Juan Pablo Escobar y el equipo detrás de esta serie "Dear Killer Nannies: criado por sicarios" equilibra las cosas con detalles como la sensualidad y arrebatos de algunos personajes (Rodri, Angie e incluso la ‘profesora’ Margaret (Carmen Electra), pero también con la exposición de diferencias muy notorias respecto a los proyectos previos. Un gran ejemplo de esto bien podría ser la desaparición casi total de Hermilda Gaviria, la mamá del extinto jefe del Cártel de Medellín. Ella, por ejemplo, si fue segunda voz en importancia de una teleserie como “El patrón del mal” ahora prácticamente ha sido borrada de un plumazo.

Habíamos dicho que la adición de Rodri y Angie (personajes no identificables con facilidad en “El patrón del mal” o incluso la misma “Narcos”) parece a ratos distraer la atención, sin embargo, es en el desenlace de la serie de Disney+ donde la espera tiene un premio. Surgen, en medio de todo esto, ciertos elementos que nos sonarán ‘familiares’, como los agentes de la inteligencia estadounidense, su silencioso acercamiento al círculo cercano a Pablo Escobar, pero, sobre todo, su disposición a convencer hasta al más fiel de los sicarios o, por lo menos, a ‘dejarlos pensando’ en que hay vida más allá de la Hacienda Nápoles o del interminable edificio Mónaco.
"Dear Killer Nannies: criado por sicarios" es un buen producto televisivo. Aunque a primera vista la locución realizada por el ‘Juan Pablo Escobar del presente’ parece tener cierto aire a sermón/moraleja, en pantalla la historia está lejos de presionarte y corre con meridiana naturalidad, combinando mediante saltos temporales la exposición de personajes que en algún momento se entregaron al lado malo. Tal vez inicialmente confiando en que lo hacían por su bien o el de su familia, y quizás creyendo que sería por un corto plazo. Lo rescatable, felizmente representado por personajes como Rodri, es que todos tenemos la posibilidad --en algún momento de nuestras vidas-- de mirarnos al espejo y plantearnos corregir el camino. Que así sea.











