La electromovilidad dejó de ser una promesa a futuro en América Latina para convertirse en una sólida realidad sobre el asfalto. La región oficialmente superó la barrera del millón de vehículos electrificados en circulación, consolidando un punto de inflexión histórico para la industria automotriz y la transición energética del continente.
La electromovilidad dejó de ser una promesa a futuro en América Latina para convertirse en una sólida realidad sobre el asfalto. La región oficialmente superó la barrera del millón de vehículos electrificados en circulación, consolidando un punto de inflexión histórico para la industria automotriz y la transición energética del continente.
El motor de este crecimiento exponencial responde a cifras contundentes: solo en el último año, las ventas de carros electrificados experimentaron un salto interanual superior al 47%, demostrando que los conductores latinoamericanos miran cada vez con mayor confianza hacia las tecnologías limpias.
En este mapa de ruta, Brasil y México se mantienen firmemente en el podio como los mercados de mayor volumen, apalancados por una infraestructura de recarga pública en rápida expansión —con Brasil rozando las 25.500 estaciones y México duplicando sus puntos de carga— y fuertes inversiones de terminales automotrices. Muy de cerca, Colombia se erige como una de las plazas de mayor dinamismo y crecimiento sostenido en el segmento de vehículos particulares, acompañada por pioneros en adopción per cápita como Costa Rica y Uruguay.
Pero el fenómeno no se limita a los automóviles de pasajeros. El transporte público también está electrificando sus flotas con miles de buses a batería circulando por las principales metrópolis de la región. Más allá del evidente beneficio ambiental, el factor económico juega un rol clave: según estimaciones de la Organización Latinoamericana de Energía (Olacde), operar un carro eléctrico en la región llega a ser unos US$2.000 más barato al año en combustible frente a uno de combustión interna, una cifra que asciende hasta los US$26.000 de ahorro anual en el caso de los buses urbanos impulsados por electricidad en comparación con el diésel.
A pesar de los retos pendientes en materia de incentivos fiscales estables y la expansión de la red en rutas de larga distancia, el millón de unidades electrificadas marca el inicio definitivo de una nueva era para el parque automotor latinoamericano.