¿Más grandes, más seguros? El mito de los SUV y pick-up que pierde fuerza frente a la evidencia
Aunque dominan las ventas y proyectan robustez, diversos estudios advierten que su mayor tamaño no necesariamente mejora la seguridad de los ocupantes y sí incrementa los riesgos para otros usuarios de la vía
Durante años, el crecimiento de los SUV y pick-up en el mercado ha estado acompañado de una idea difícil de desmontar: a mayor tamaño, mayor seguridad. Sin embargo, la evidencia técnica y los estudios recientes apuntan en otra dirección. La robustez que proyectan estos vehículos no siempre se traduce en una protección significativamente superior y, en algunos casos, puede incluso generar nuevos riesgos.
Durante años, el crecimiento de los SUV y pick-up en el mercado ha estado acompañado de una idea difícil de desmontar: a mayor tamaño, mayor seguridad. Sin embargo, la evidencia técnica y los estudios recientes apuntan en otra dirección. La robustez que proyectan estos vehículos no siempre se traduce en una protección significativamente superior y, en algunos casos, puede incluso generar nuevos riesgos.
Un análisis Insurance Institute for Highway Safety (IIHS), difundido en el diario El País, es claro en su conclusión: los vehículos más grandes y pesados “apenas mejoran la protección de sus ocupantes” y, al mismo tiempo, resultan “mucho más peligrosos para el resto de usuarios de la carretera”.
El punto de partida de esta percepción es físico. En una colisión entre dos vehículos, el más pesado tiende a transferir menos energía a sus ocupantes, lo que puede implicar una ligera ventaja. Sin embargo, ese beneficio es cada vez menos relevante en un contexto donde todos los autos modernos, independientemente de su tamaño, incorporan avanzados sistemas de seguridad pasiva, como zonas de deformación programada y estructuras reforzadas.
Más allá de esa ventaja relativa, aparecen los riesgos. Uno de los principales es el comportamiento dinámico. Los SUV y pick-up tienen un centro de gravedad más alto, lo que los hace más propensos a volcaduras en maniobras de emergencia. A esto se suma una menor agilidad en comparación con vehículos más bajos, lo que puede dificultar evitar un accidente en primer lugar.
Por sus dimensiones, el Frontier pertenece al segmento mediano de pick-up. (Foto: Fernando Roca)
/ Fernando Roca
El problema se amplifica cuando se observa el impacto sobre terceros. El diseño frontal elevado de estos vehículos, especialmente en SUV grandes, incrementa la gravedad de los atropellos. Un estudio citado en la industria señala que por cada 10 centímetros adicionales en la altura del capó, el riesgo de lesiones mortales en peatones aumenta en un 22%. En términos simples: el golpe no solo es más alto, sino que impacta zonas vitales del cuerpo.
Además, la mayor altura genera puntos ciegos más amplios. Esto reduce la visibilidad del conductor, especialmente en entornos urbanos, donde peatones y ciclistas son más vulnerables. Esta combinación de factores ha llevado a diversas organizaciones a cuestionar el crecimiento sostenido de estos vehículos en las ciudades.
Paradójicamente, parte de su éxito comercial radica en esa “sensación de dominio” al volante. La posición elevada, la percepción de control y la imagen de robustez generan confianza en el conductor. Pero esa confianza no siempre está respaldada por datos objetivos. De hecho, especialistas coinciden en que la seguridad real de un vehículo depende más de sus sistemas activos, como frenado autónomo, asistencias a la conducción o estabilidad electrónica, que de su tamaño.
En el mercado peruano, donde los SUV lideran las ventas y continúan ganando participación, este debate cobra especial relevancia. La elección de un vehículo ya no debería basarse únicamente en su apariencia o dimensiones, sino en un análisis más amplio de su comportamiento, tecnología y desempeño en pruebas de seguridad.
Porque, al final, en seguridad automotriz, más grande no siempre significa más seguro. Y entender esa diferencia puede marcar la distancia entre una percepción y la realidad.