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"Un año cargado", por Juan Carlos Tafur

El año que se viene es incierto. Su desenlace depende de factores inesperados, aunque el papel que pueda desempeñar el recientemente indultado Alberto Fujimori será determinante. ¿Librará del respirador artificial a este gobierno en cuidados intensivos?

PPK

Muñeco con el rostro de Pedro Pablo Kuczynski para despedir el año. Se venden a 25 soles en el Mercado Central. El indulto a Fujimori es tomado por parte de la población como una traición. (Foto: Ana Lía Orézzoli)

De acuerdo con las expectativas de Pedro Pablo Kuczynski, el 2018 será un año más llevadero. El entorno del presidente está convencido de que el indulto a Fujimori parte en dos a la bancada de Fuerza Popular, le baja el tono al segmento keikista y le permite un juego político mayor. 

De hecho, el principal derrotado con lo sucedido es el sector termocéfalo de Fuerza Popular, presto para buscar la vacancia de PPK y que seguramente ya diseñaba su reedición. 

Desde el inicio de su mandato, considerando su situación minoritaria en el Congreso de la República, se mencionó la alternativa de ser un Gobierno confrontacional con el fujimorismo o uno cooperante. Y se le cuestionaba a PPK que no tomara ninguno de los caminos. 

Se supone que a partir del entendimiento con el sector ‘albertista’ de Fuerza Popular, el camino de la cooperación esté allanado. Y se espera, en esa medida, que se forme un gabinete que sintonice con ese nuevo estado de cosas. 

Va a depender todo este escenario, sin embargo, de lo que suceda entre Alberto Fujimori y su hija Keiko. Si logran ponerse de acuerdo y Fujimori padre logra convencerla de bajar las armas y sentarse a gobernar con el Ejecutivo de su lado, puede abrir un escenario de cooperación y de relativa tranquilidad política para los tres años y medio de gobierno que restan. 

Es difícil, sin embargo, que Keiko renuncie a sus posibilidades electorales del 2021. Una eventual cooperación con el Gobierno tornaría cuesta arriba ese escenario, ya que nada hace pensar que PPK pueda empezar a gobernar bien y que en esa medida no le traslade su propio desgaste a quien se le acerque. 

Kenji Fujimori tuiteó: “Los señores Figari y Ana Hertz de Vega han conspirado por años, sistemáticamente, contra la libertad de @AlbertoFujimori. Hoy, ambos en la sombra continúan atentando contra la gobernabilidad del país. Ellos son el problema. Reconciliación = Reestructuración”. Clara demostración de que las cosas no están definidas al interior del fujimorismo y hay cuentas por saldar. Se desprende, además, que el entorno de Keiko no se estaría allanando a un entendimiento con el Gobierno. 

La otra opción es que Keiko Fujimori no acepte el pacto y mantenga una bancada significativa, de al menos cincuenta parlamentarios (considerando que Kenji pueda duplicar su actual número de disidentes). 

Con ese bolsón de congresistas, Keiko podría mantener una actitud beligerante. Y dada una nueva circunstancia crítica del Gobierno, volver a intentar el camino extremo de la vacancia. Si se suman los votos fujimoristas restantes, los del Frente Amplio, de Nuevo Perú, de Alianza para el Progreso (que emitió un durísimo comunicado en contra de PPK), del APRA, de Acción Popular y los salidos de Peruanos por el Kambio, podría llegar a juntar 87 y lograr su propósito fallido. 

Todo apunta a que PPK se incline por conformar un gabinete proclive al fujimorismo. Es la consecuencia natural de la dramática decisión del indulto. Salvo que el presidente vuelva a sorprender a propios y extraños, y mantenga un perfil propio con participación de los sectores antifujimoristas, lo lógico sería que reconstituya su gabinete en función del nuevo escenario por él mismo detonado. 

Lo que PPK puede no percibir, sin embargo, es que con esta salida no ha resuelto su debilidad estructural. Por el contrario, hoy es más rehén de lo que decida el fujimorismo que hace un mes. Puntualmente hablando, más pesa en la gobernabilidad lo que puedan decidir Alberto y Keiko Fujimori antes que el propio presidente de la República. La fujimorización de PPK lo blinda relativamente, lo fortalece artificialmente y lo coloca en un disparadero de precariedad que sus propios errores pondrán en juego de modo permanente. 

Antifujimorismo
El movimiento antifujimorista ha salido fortalecido de la coyuntura postindulto. Demostró su capacidad de movilización para evitar la vacancia y luego la decisión de PPK los ha liberado de la carga de soportar su gobierno. 

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