Aunque dice estar retirado, Alan García reapareció mediáticamente por estos días. A su paso no dejó de criticar al Gobierno. (Fotoilustración: Verónica Calderón)
Aunque dice estar retirado, Alan García reapareció mediáticamente por estos días. A su paso no dejó de criticar al Gobierno. (Fotoilustración: Verónica Calderón)

El reingreso político de , esta semana, ha sido por todo lo alto, prodigándose en varios medios de comunicación, en los cuales aprovechó para lanzar artillería gruesa contra el Gobierno.

Respecto de esta reaparición –intercalada con sus apariciones judiciales–, cabe preguntarse si efectivamente –como él mismo lo reitera– estamos ante una decisión irrevocable de jubilación política o si se trata de una auscultación del escenario para evaluar de acá a unos años si cabe una nueva postulación presidencial. 

“Yo soy como un elefante en una casa. No me pueden encerrar en un baño, porque se sale la trompa; no me pueden poner en el cuarto, porque no entro; estoy condenado a estar en la sala”, cuenta siempre Alan García a sus compañeros de partido, como una metáfora para graficar la situación omnipresente a la que está ‘condenado’. Efectivamente, es una figura demasiado grande y central como para pensar en él como alguien accesitario. 

No fue, sin embargo, su mano la decisoria en los asuntos internos del aprismo. Los eventos del último Congreso Nacional lo colocaron en una situación en la que de hecho intervino, pero dicha participación no explica los resultados acaecidos. 

A la hora de rastrear en qué anda el partido político más antiguo del país, si ya logró restañar las heridas de su última participación electoral o de su accidentado proceso interno, cabe hallarlo en situación de tránsito, atrapado en estos impases endógenos y un rol ambiguo o polivalente frente al actual gobierno de Pedro Pablo Kuczynski.

Hoy el APRA en el Congreso tiene una escopeta política de cuatro cañones. Por un lado, la confrontacional de Mauricio Mulder, la cogobiernista de Del Castillo, la de estar bien con el Gobierno y con los fujimoristas de Velásquez Quesquén (leal a Alan García y quien le sirve de nexo con los naranjas) y la “no posición” de Elías Rodríguez. 

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