Por Oscar García

Decir que el k-pop ya no es un fenómeno de nicho, sino una fuerza que reconfigura el mapa del poder musical global, suena tan obvio como decir que el agua moja. Pero incluso las verdades evidentes tienen su momento de confirmación. Durante gran parte del siglo XX, Estados Unidos fue el centro del pop mundial, pero ese dominio hoy muestra fisuras. El dato llegó la semana pasada: según el reporte anual de Luminate, seis de los diez CD más vendidos en Estados Unidos son de grupos surcoreanos. La hegemonía parece resquebrajada. Y justo en ese punto de quiebre histórico, BTS —la ‘boyband’ más popular del planeta— regresa a la actividad y a las giras. Más que un ‘comeback’, es un movimiento de carácter sísmico en la industria.

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