DataDecir que el k-pop ya no es un fenómeno de nicho, sino una fuerza que reconfigura el mapa del poder musical global, suena tan obvio como decir que el agua moja. Pero incluso las verdades evidentes tienen su momento de confirmación. Durante gran parte del siglo XX, Estados Unidos fue el centro del pop mundial, pero ese dominio hoy muestra fisuras. El dato llegó la semana pasada: según el reporte anual de Luminate, seis de los diez CD más vendidos en Estados Unidos son de grupos surcoreanos. La hegemonía parece resquebrajada. Y justo en ese punto de quiebre histórico, BTS —la ‘boyband’ más popular del planeta— regresa a la actividad y a las giras. Más que un ‘comeback’, es un movimiento de carácter sísmico en la industria.
Decir que el k-pop ya no es un fenómeno de nicho, sino una fuerza que reconfigura el mapa del poder musical global, suena tan obvio como decir que el agua moja. Pero incluso las verdades evidentes tienen su momento de confirmación. Durante gran parte del siglo XX, Estados Unidos fue el centro del pop mundial, pero ese dominio hoy muestra fisuras. El dato llegó la semana pasada: según el reporte anual de Luminate, seis de los diez CD más vendidos en Estados Unidos son de grupos surcoreanos. La hegemonía parece resquebrajada. Y justo en ese punto de quiebre histórico, BTS —la ‘boyband’ más popular del planeta— regresa a la actividad y a las giras. Más que un ‘comeback’, es un movimiento de carácter sísmico en la industria.
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El regreso de RM, Jin, Jimin, Suga, J-Hope, V y Jungkook, tras completar su servicio militar obligatorio, ha sido una detonación. En cuestión de segundos, las ARMY —ese ejército mundial de fans tan organizado que impone hashtags y es capaz de recaudar millones de dólares en horas para causas sociales— tomaron la conversación de tal forma que incluso personas que hasta ayer creían que BTS era “eso que escucha mi sobrina” terminaron interesándose. En el Perú, su ARMY llevaba meses rastreando rumores de una gira mundial, resignada —una vez más— a la idea de tener que cruzar fronteras para verlos. Muchas ya tenían un fondo de ahorro destinado a ese viaje cuando les cayó la bomba: BTS vendría a Lima. Y, para colmo, en dos fechas.

Esa primera reacción fue visceral. “Cuando nos enteramos, mi hermana se puso a gritar y yo a llorar. Literal. Ella gritaba y yo lloraba al mismo tiempo. No pensábamos que iban a venir al Perú, ya teníamos planeado viajar”, cuenta Lizbeth Jurado, fan de 23 años, sobre ese histórico primer anuncio. Para Liz, las lágrimas están justificadas: estos “idols” han sido parte de su vida y hoy también son su sustento. Desde el día en que vendió un disco repetido de la banda se dio cuenta de que podía dedicarse a eso. Hoy es la dueña de Collectors House, una tienda de ‘merchandising’ de K-pop con tres sedes en la ciudad.
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A pocos días del anuncio, la locura por BTS ya se ha traducido en ventas. En Collectors House, Lizbeth ve cómo los productos oficiales se agotan, desde sencillos ‘photocards’ hasta los costosos peluches de la línea BT21, diseñados por el propio grupo. Los ‘lightsticks’, esos palitos de luz que se han convertido en un símbolo infaltable entre los fans del K-pop, están agotados en todo Corea, cuenta. “Las últimas unidades que se consiguen acá se están revendiendo al doble o triple. Algo que normalmente cuesta entre 290 y 300 soles ahora lo ofrecen a 500 o hasta 700”. La demanda se concentra sobre todo en los álbumes —“los que más se venden son los de Jungkook, luego V y Jimin”—, pero también en todo lo que permita llevar un símbolo del grupo al concierto. “Para muchas fans, tener el ‘lightstick’ es como estar presente de verdad”, dice. “Es una manera de sentirse parte del show”.

Un ejército movilizado
La historia de ARMY en el Perú comenzó, como tantas otras pasiones contemporáneas, desde una pantalla. Hacia 2013, muchas fans peruanas seguían a BTS en soledad, convencidas de que eran pocas o casi únicas. Se reconocían por comentarios en español en YouTube. Ese mismo año empezaron a reunirse en el parque Castilla, en encuentros como los que organizaba la comunidad BTS Perú. Con el tiempo aparecieron más grupos en el país. En 2016 nació ARMY Perú, una de las fanbases más organizadas. Sus integrantes recuerdan que las primeras reuniones presenciales fueron pequeñas, de apenas unas decenas de personas, en el Campo de Marte, en Jesús María.
El boca a boca hizo lo suyo y las concentraciones explotaron. El crecimiento del grupo a nivel internacional, especialmente desde 2018, impulsó también el crecimiento del fandom peruano. Las convocatorias pasaron de decenas a miles de personas. En algunos aniversarios llegaron a reunirse entre tres mil y cuatro mil fans en parques de Lima. Ya no eran solo reuniones: eran eventos con programación, carteles, escenarios improvisados y grabaciones de videos con drone. El fandom empezaba a operar como una organización cultural, con capacidad de producir sus propios rituales, símbolos y espacios de encuentro.
A lo largo de los años, las fans han impulsado muchas acciones solidarias a nombre de BTS, replicando una de las prácticas más fuertes del fandom global, que es convertir el fanatismo en donación. Entre sus proyectos figuran campañas para la protección de los bosques de Tambopata a nombre de Jungkook, aportes a organizaciones científicas dedicadas a la observación de la vida acuática, donaciones para entidades que trabajan con personas con autismo y colaboraciones con la Fundación Peruana de Cáncer. Durante la pandemia, incluso, un grupo de fans organizó una colecta para instalar una planta de oxígeno a nombre de J-Hope, en un momento en que ese recurso era vital en el país.
Con el tiempo, el ‘fandom’ en el país también se volvió tan diverso como la propia ciudad. Hoy no existe una sola ARMY, sino muchas: fanbases por regiones, por edades, por intereses específicos. Incluso hay comunidades pensadas para nichos impensados hace algunos años, como la Army Adulta, integrada por mujeres que conocieron la música de BTS a través de sus hijas y terminaron encontrando en el grupo algo propio. Para ellas, seguir a BTS es disfrutar de sus canciones y sentirse parte de una comunidad que las acoge sin importar la edad, el origen o la experiencia previa con el K-pop. En la música del grupo —dicen— todos tienen un lugar, porque el mensaje central no es la exclusividad, sino la pertenencia.

Un grupo que te canta a ti
Esa capacidad de hacerlas sentir parte de algo y conmover no es casual. Desde su debut en 2013, bajo el sello Big Hit, BTS ha tejido un estrellato poco convencional. En su caso se puede hablar de un vínculo afectivo de ida y vuelta. Pocas bandas se mostraron tan preocupadas por su ‘fandom’ como los coreanos durante la pandemia, con constantes mensajes de apoyo en aquellos meses. El grupo prefiere hablar de temas como la ansiedad, la inseguridad, la depresión, el amor a uno mismo y el crecimiento personal, con una cercanía más propia de un libro de autoayuda que del pop tradicional. “Eso no lo he logrado empatizar con ningún otro artista”, dice L.A., una fan de BTS que ha recorrido el mundo para verlos y que prefiere no revelar su nombre completo por temor al comentado acoso que están sufriendo muchas seguidoras estos días por el asunto de las entradas. “No es solo disfrutar la música. Es el mensaje, la comunidad que se crea, las personas que conoces gracias a ellos. Eso va mucho más allá”.

Para Shirley y Saori Tsuhako, hermanas creadoras de contenido sobre cultura asiática (IG: @tsuhakosisters), BTS llegó primero como una experiencia emocional antes que como un fenómeno musical. Shirley los descubrió por recomendación de una amiga que atravesaba un momento difícil y se había refugiado en sus canciones. Esa sensación de consuelo es algo que muchas fans repiten. “Cuando los escuché con más atención, conecté con sus mensajes y con la forma tan honesta en la que transmiten emociones reales”, dice. La conexión fue tan fuerte que se involucraron más con el ‘fandom’. Con el tiempo, ese entusiasmo se transformó también en un proyecto propio: juntas crearon una marca de ropa inspirada en BTS (IG: @sam3.peru), con diseños minimalistas pensados para fans que querían llevar su gusto de forma cotidiana.
Saori admite que al inicio se resistió. No porque no conociera el K-pop —lo seguía desde hace años—, sino porque sentía que no estaba preparada para generar un vínculo emocional con un grupo. “Con BTS fue distinto. Más allá de la música, lo que hizo que me quedara fue sentir que eran genuinos, transparentes y cercanos, como personas reales con las que era fácil identificarse”, explica. Con el tiempo, ambas pasaron de vivir ese gusto en privado a compartirlo con miles de personas a través de su marca, sus redes, viajes y colaboraciones culturales. Hoy, como embajadoras informales de Corea en el Perú, lo dicen sin vueltas: BTS les cambió la playlist, les cambió la forma de habitar una comunidad. Y, en octubre, por primera vez, esa comunidad dejará de mirar una pantalla para cantarles de frente. //
El planeta K-pop anda bastante sacudido este 2026 con noticias de los grupos principales de la movida. Por un lado, Blackpink confirmó el lanzamiento de su esperado tercer miniálbum, “Deadline”, que llegará el 27 de febrero de 2026. Este proyecto marca su primer regreso discográfico como grupo completo desde “Born Pink” (2022) y se anunció con un ‘teaser’ que encendió a millones de fans, conocidos como BLINKs, tras meses de especulación sobre un ‘comeback’ global que coincida con el cierre de su gira mundial Deadline World Tour.
En paralelo, Stray Kids se prepara para el estreno en cines de “Stray Kids: The dominATE Experience”, que llegará al Perú el 5 de febrero, priorizando formatos especiales como IMAX, 4DX y pantallas XD. La respuesta del público ya es contundente: solo en preventa se han vendido 23 mil entradas, superando antes del estreno a títulos como “One in a Mill10N” (+93%) y “Blackpink World Tour: Born Pink In Cinemas” (+60%). Tras su concierto en el Estadio San Marcos en 2025, el fenómeno Stray Kids está más fuerte que nunca. En otro plano, también hay expectativa por una posible victoria de Rosé, integrante de Blackpink, en los Grammy. La artista tuvo un 2025 especialmente sólido gracias al impacto de su sencillo “APT”, que la consolidó como una de las figuras más visibles del pop global.

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