Por Oscar García

Una de las escenas mas reveladoras de “Eternally Electric”, la autobiografía que Debbie Gibson publicó el año pasado, transcurre en una sala de juntas de Atlantic Records donde la desproporción lo dice todo. De un lado de la mesa, una chica de 16 años sentada junto a su madre. Del otro, una docena de ejecutivos trajeados que discuten si esa adolescente tiene derecho a escribir y producir su propia música. En medio de esa tensión, la madre golpea la mesa: “Mi hija puede grabar un disco mejor que nadie”. Ella lo sabe porque ha visto a Debbie armar un estudio casero en el garaje de su casa a los 14 años, porque la ha visto componer desde los 5 años. Los ejecutivos siguen sorprendidos. Que una joven artista que todavía va a secundaria pelee por el control creativo de su carrera les parecía una afrenta o una burla.

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