El rango de edad en el que hombres y mujeres comienzan con algunos tratamientos anti-age es cada vez menor: unos 25 años, en promedio.
El rango de edad en el que hombres y mujeres comienzan con algunos tratamientos anti-age es cada vez menor: unos 25 años, en promedio.
Nora Sugobono

34 años. Cutis mixto. De genética me viene tener poros abiertos; tendencia a la aparición de arañas vasculares (unas venitas que suelen salir en la nariz o las mejillas; tuve 3 sesiones con láser para borrarlas pero persisten, las malvadas); pecas; manchas solares; y algunas rojeces. Tengo zonas de la cara que a veces se pelan y otras que son algo grasosas: todo a la vez. Encontrar productos que se adecuen a estas características -y a las posibilidades de mi bolsillo- es una bonita exploración a la que estoy entregada más o menos desde los 14 años. Como tantas mujeres (y hombres) en el mundo entero.

El lado más amable de mi herencia física -gracias mamá- hace que casi no tenga arrugas a estas alturas de mi vida. Solo en el último año es que he empezado a notar pequeñas líneas de expresión alrededor de mis ojos (sobre todo si sonrío; no pienso evitarlo), y una línea cada vez más pronunciada en el entrecejo (sobre todo si me amanezco; tampoco pienso evitarlo). Mis cachetes han perdido cierta elasticidad (como si la cara se estuviese cayendo un poquito, literalmente) y la piel de uno de mis párpados se ha -a falta de otra palabra- descolgado. Hace un año dejé de fumar (no fumaba mucho, pero todo suma), y sospecho que este factor ha ayudado a que muchas cosas mejoren. Este es mi diagnóstico personal, la evaluación que suelo realizar en piloto automático frente al espejo. Un autoexamen que muchos solemos tomar cada mañana y cada noche (a veces sin ser muy conscientes) y que nos confirma una verdad universal: el paso del tiempo es irremediable. Me detengo en este punto para aclarar -solo por si es necesario- que hablar de cuidados, bienestar y belleza poco o nada tiene de frivolidad y bastante tiene de necesidad. Según cifras de Copecoh (Gremio Peruano de Cosmética e Higiene Personal), las peruanas gastamos más de 1700 soles al año en el mercado cosmético. Eso incluye desde el shampoo hasta el lápiz labial.

El mercado se divide en tratamientos invasivos (procedimientos que ingresan a la piel, como las inyecciones) o no invasivos (todo lo que sea superficial, desde las cremas a la aparatología),
El mercado se divide en tratamientos invasivos (procedimientos que ingresan a la piel, como las inyecciones) o no invasivos (todo lo que sea superficial, desde las cremas a la aparatología),

Con los años las reglas cambian. La rutina de belleza facial no es la misma a los 20 que a los 30, a los 40 y así en adelante. Sin duda, las alternativas que existen hoy en día eran impensables hace una década o dos, y eso ha llevado a que muchos chicas y chicos de 20-y-pico recurran a tratamientos invasivos como el botox (algo que no se aconseja). Sea cual fuera nuestra necesidad o deseo específico, hay ciertas consideraciones que debemos tener presentes. La primera de ellas es que el sol es nuestro principal enemigo (sí, la playa es rica, pero no olvidemos esto jamás). Una buena idea para recordar aplicar el bloqueador todos los días de nuestra vida (sea invierno o verano) es empezar de lo más ligero a lo más ‘pesado’ cuando se trata de la cara.

Después de la limpieza de la piel, podemos aplicar esta fórmula: tónico facial (ayuda a que todo lo demás haga efecto) + crema hidratante + alguna clase de serum (reafirmante, de vitamina C... el que cada uno use) + bloqueador. Siempre al final, como un sello. Solo después de esto es que podemos aplicar el maquillaje. Así empiezo yo todos y cada uno de mis días, algo que me ha costado mucho, pero que hoy hago a ojos cerrados. Repetir hasta memorizar: ponerse bloqueador es como lavarse los dientes. Desmaquillarnos antes de dormir es como amarrarse las zapatillas: si no se hace, nos caemos.

Más cosas a considerar: nada funciona de la noche a la mañana; se requieren constancia, buena alimentación, litros de agua y relativa paciencia (varias aplicaciones o sesiones de un producto o tratamiento). Si buscamos algún tratamiento, es imprescindible pasar por una evaluación personal, especialmente si se trata del rostro. Finalmente, los únicos habilitados para realizar tratamientos invasivos son doctores calificados (dermatólogos o cirujanos). Nunca me he realizado un tratamiento invasivo (es decir, nada que se inyecte) pero no descarto hacerlo alguna vez, más adelante. No sé cuándo ni cuál sería, pero me parece un acto de honestidad reconocer que estoy abierta a las posibilidades. Lo que sí he realizado, muchas veces a lo largo de la última década -tanto por trabajo, para escribir al respecto; o para solucionar algo específico- son tratamientos no invasivos con aparatología. Aquí tenemos mucho por contar y, año a año, la oferta va variando.

Las doctoras Francys Pacheco y Nathaly Merino, de La Clinic, en Chacarilla. La zona -entre Surco y San Borja- se ha convertido en una suerte de paraíso para centros de estética avanzada.
Las doctoras Francys Pacheco y Nathaly Merino, de La Clinic, en Chacarilla. La zona -entre Surco y San Borja- se ha convertido en una suerte de paraíso para centros de estética avanzada.

Mi 2019 ha estado más o menos entretenido. En el último año he podido probar un facial Total Lifting a base de polifenoles de uva (activan el colágeno que atenúa las líneas de expresión y las arrugas). Otro liftling facial no invasivo a base de Hilos Anti-age, que consiste en la aplicación de hilos en la superficie de la piel con una alta concentración de ácido hialurónico y proteínas, que se absorben al entrar en contacto con la aparatología de radiofrecuencia (). Y, hace muy poco, un Hidro Facial cuyo objetivo es limpiar, exfoliar y extraer impurezas y células muertas de la piel, mientras se hidratada con nutrientes, antioxidantes y -por supuesto- ácido hialurónico (. Este último es un componente de culto en cosmética y tratamientos, ya que ayuda a aumentar el colágeno natural de la piel y previene el envejecimiento. No lo parece por la complejidad de los nombres, pero estos tratamientos nada tienen que ver con el botox o el plasma o ningún procedimiento que requiera inyectables. La lógica es más o menos similar: se limpia, se extraen impurezas, se aplica el producto estrella, y se nutre. Una ecuación que no falla. Un gran primer paso en la estética de avanzada del rostro, digamos.

Cuando decimos que en la belleza todo se basa en la paciencia, nos referimos al lado poético como al práctico. Un tratamiento promedio suele durar entre 1 y 2 horas, y a veces requiere que no podamos hablar, abrir los ojos, o tener el celular a la mano. Tan solo el Hidro Facial, por ejemplo, consiste en un procedimiento de 7 pasos: primero se absorben los puntos negros con una especie de aspiradora a base de vapor (sistema Vortex) que también hidrata la piel; siguen el ‘martillo’ frío (no se asusten); el ultrasonido; la radiofrecuencia; el pulverizador; la corriente galvánica y, finalmente una mascarilla que cubre toda la cara (incluidos párpados y labios) y que se activa con luces LED de diferentes colores para mejorar la inducción de colágeno. El efecto es notorio: saludable, luminoso. Es importante, en cualquier caso, informarnos sobre los tratamientos que son recomendables para el verano, ya que estar expuestos al sol después de ciertos procedimientos podría tener el efecto contrario.

Si bien son las mujeres mayores de 35 años quienes conforman el grupo objetivo principal, las estadísticas han ido variando. Todo depende del procedimiento. Chicas desde los 25 buscan con frecuencia tonificación y reducción de medidas y hombres mayores de 40 se administran bótox para reducir los signos del envejecimiento.
Si bien son las mujeres mayores de 35 años quienes conforman el grupo objetivo principal, las estadísticas han ido variando. Todo depende del procedimiento. Chicas desde los 25 buscan con frecuencia tonificación y reducción de medidas y hombres mayores de 40 se administran bótox para reducir los signos del envejecimiento.

La pregunta del millón sigue siendo una: ¿cuál de todas las opciones posibles (cremas, sustancias, aparatos, procedimientos, pociones mágicas) es la que mayor efecto rejuvenecedor va a tener en nosotros? Me la hago constantemente y, casi con la misma frecuencia, me doy cuenta de que la respuesta se repite: ninguno por sí mismo. Este es un trabajo en conjunto, que va desde tener las horas adecuadas de sueño, hasta beber las cantidades de agua necesarias, comer con equilibrio y evitar exponernos al sol en exceso. En algunas personas nada funciona mejor que el aceite de coco para hidratar la piel del rostro a diario, y en otras es una obligación aplicar cremas de alta gama. Hay quienes prescinden de alcohol y carnes rojas; y quienes necesitan de ciertas cantidades de grasa en el cuerpo para que la piel se mantenga lozana. Al final del día, el espejo no miente. Lo importante aquí es que sepamos mirarnos: tanto por fuera como por dentro.