La mentalidad de crecimiento jugará un papel predominante en nuestra labor como agentes de cambio. (Foto: Pixabay)
La mentalidad de crecimiento jugará un papel predominante en nuestra labor como agentes de cambio. (Foto: Pixabay)

En esta nueva normalidad, o en cualquier situación que sea necesario, ¿cómo puedo ser YO un agente de cambio? Los cambios son constantes, es un hecho. Pero primero, lo importante es reconocer que inevitablemente viviremos nuevas emociones. En situaciones de cambio, podemos elegir resistir, o simplemente dejarnos llevar o promoverlo activamente. No siempre elegiremos el mismo camino; sin embargo, cuando decidimos promover el cambio y apoyamos a que suceda efectivamente dentro de un grupo u organización, nos convertimos en agentes del mismo.

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La mentalidad de crecimiento jugará un papel predominante en nuestra labor como agentes de cambio. Estaremos atentos a reconocer oportunidades de mejora y actuar sobre ellas. Para ser un agente de cambio es necesario ser un participante activo y no pasivo. Ser un agente de cambio implicará llevar a cabo ciertas acciones para ayudar a nuestros equipos, colegas o socios a adaptarse a un cambio.

Les compartimos algunas ideas que nos pueden ayudar a promover el cambio e implementarlo:

1. Preparándonos para el cambio: Muchas veces olvidamos que antes de iniciar cualquier cambio es fundamental crear un clima para el cambio. Esto implica crear sentido de urgencia, co-crear una visión clara sobre el cambio y desarrollar un robusto plan de comunicación que nos permita comunicar la visión y el por qué del cambio. No podremos iniciar si las personas que serán parte de él no lo entienden. Por último, es importante en esta etapa designar un equipo (multidisciplinario) de cambio que ayude con la implementación. Un cambio será mejor aceptado si tomamos en cuenta las distintas perspectivas de los equipos de trabajo, así como si entendemos las dificultades para cada grupo.

2. Implementado el cambio: En la segunda etapa, debemos priorizar involucrar desde el inicio a la organización o equipos que formarán parte del cambio con el fin de aminorar la resistencia al mismo. El ser un agente de cambio nos requerirá ser empáticos, sensibles, maduros y auténticos. Será crucial tener la capacidad de conectar con aquellos que están desconectados y con quienes les puede estar costando más el cambio. Busquemos que el cambio no sea percibido como impuesto y tratemos de crear un espacio de confianza donde conversar sobre el cambio y sus implicaciones. Es importante mostrarnos presentes y disponibles para ayudarles a resolver sus dudas.

3. Normalizando el cambio: En esta última etapa estaremos construyendo sobre el cambio y anclando el mismo a la cultura de la empresa. Como agentes de cambio necesitamos ser pacientes y persistentes. No deberemos perder el entusiasmo frente a los obstáculos que se nos presenten; tratar de ser siempre optimistas, pero sin perder noción de la realidad.

Recordemos que desarrollar una mentalidad de crecimiento nos ayudará a adaptarnos mejor a los cambios y tomar los errores como aprendizajes, permitiéndonos fungir como verdaderos agentes de cambio. Es importante que, en el camino de este proceso de implantación del cambio, no nos enfoquemos en nuestras pérdidas sino en lo que estamos ganando a cambio. De esta manera podremos transmitirlo aún mejor.

No existe una fórmula garantizada para lograr que el cambio suceda o sea rápidamente aceptado. Sin embargo, al convertirnos en agentes de cambio, será clave encontrar aquellos aspectos que nos permitan conectar con las personas, reclutar aliados, y tener la capacidad de entender y por lo tanto manejar los diferentes obstáculos y retos que se presenten en el camino. //

*Raphaela Berckemeyer y Claudia Vallejo son coaches ejecutivas certificadas por la Universidad de Columbia en NY

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