Por Gabriela Machuca Castillo

En las cuatro décadas que tiene fundada su academia de natación, Ernesto Domenack presencia cada año la misma dinámica: su piscina abarrotada de niños y adolescentes durante enero y febrero; y la misma, mucho menos concurrida, los meses que siguen. No es que esté vacía, siempre hay adultos y competidores que le dan duro a las brazadas de forma constante. Pero el declive del interés de los padres por matricular a sus hijos es innegable una vez que culminan las vacaciones. Está acostumbrado y lo entiende: los limeños les tenemos miedo a las piscinas si no es verano. Lo que no quiere decir que comparta el sentir; por ello, recomienda lo opuesto: nadar de forma permanente es beneficioso para la salud y el desarrollo de los más chicos de la casa.

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