LatinoaméricaPerseguir el sueño de convertirse en bailarina profesional le trajo más que un problema en casa, como les suele pasar a muchos jóvenes que se quieren dedicar al arte. Luego de estudiar Administración de Empresas en la Universidad del Pacífico, Verónica Álvarez comenzaba una promisoria carrera en el mundo corporativo, cuando le dijo a sus padres que lo dejaba todo para hacer lo que verdaderamente le gustaba. Por mucho tiempo, había hecho lo que se esperaba de ella, hasta que no pudo más: su corazón, alegre y apasionado, le decía que debía seguir el camino trazado por los dioses de la danza.
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Tomar esa decisión no fue fácil, recuerda. Había miedo. Había dudas. “Cuando yo decido dedicarme a esto, no tenía todo el apoyo de mi entorno. La clásica pregunta era: ‘¿De qué vas a vivir?’”, relata la bailarina peruano-dominicana. “A mí el baile me transformó, me atrapó, me enamoró. Me enganché porque cambió la forma en la que yo me veía. Antes me costaba mirarme en el espejo, aceptarme cómo era. Yo destacaba en el colegio entre mis amigas por ser curvilínea, digamos. Y en esa época, mis amiguitos adolescentes me hacían sentir mal. Vestía con ropas muy anchas cuando iba a las fiestas. La danza me enseñó a mí a quererme como soy, a que mis curvas eran algo positivo”, añade.
Su formación comenzó en Lima, en la Escuela D1 de Vania Masías, pero su hambre de perfección y crecimiento la llevó al otro lado del continente, a la capital mundial de las artes escénicas. En Nueva York, se enfrentó al rigor y la exigencia de una ciudad hipercompetitiva. Estudió en prestigiosas escuelas, donde no solo aprendió de los mejores maestros, sino también una nueva forma de entender el cuerpo: como instrumento de poder, libertad y verdad.

“Nueva York es una ciudad que tiene demasiada energía, la velocidad de la gente es diferente. Incluso, si no estás acostumbrado a ese ritmo, te puede parecer un poco agresiva”, comenta Verónica. “Para mí, al principio fue un poco abrumadora, pero con el tiempo logré entenderla, apreciarla. Es un lugar que siempre me da nuevas ideas, que me inspira un montón”, complementa.
En esa ciudad vibrante, la bailarina peruana perfeccionó su arte y también descubrió una nueva voz: la de una mujer decidida a crear espacios donde otras también pudieran expresarse con autenticidad. Así nació la semilla de Bailarte, su proyecto más íntimo y audaz, que finalmente abrió en el 2020 en Lima. “Mi pareja —el actor Mateo Garrido Lecca— también me motivó muchísimo a hacerlo. Él comparte conmigo esta idea de vivir de tu pasión y de gestionar tus propios proyectos”.

EN CONSTANTE MOVIMIENTO
Verónica dice que su intención nunca fue establecerse de manera permanente en el extranjero. “Siempre estuve yendo y viniendo. Mi objetivo siempre fue construir una carrera en el Perú para poner aquí en práctica todos mis conocimientos”, apunta la artista. En los últimos años, ha participado en musicales y obras de teatro producidos en nuestro país, como “Cabaret”, “West Side Story”, “El chico de Oz”, ‘Los locos Adams”, “Sweet Charity”, “Blanca Nieves”, “Avenida Larco”, entre otros. Ahora mismo se alista para su regreso a las tablas con la obra “Verdon, un legado en Broadway”, en el teatro Ricardo Blume.
Viendo las cosas en retrospectiva, Verónica agradece su paso por las aulas universitarias, pues sus estudios le han permitido dirigir de la mejor manera su escuela de baile. Como profesora, se ha especializado en ‘sexy dance’ y ‘dance hall’, dos propuestas que ella misma dicta en Bailarte. “Me siento muy completa cuando llego acá y veo a las alumnas y veo a mis chicas dictando sus propias clases. Yo no podría hacer esto sola de ninguna manera”, cuenta.

El equipo de Bailarte está compuesto por profesionales apasionados y experimentados, quienes trabajan en conjunto para crear un entorno donde el arte de la danza se convierte en una herramienta poderosa para el crecimiento personal y la expresión individual. En su espacio ubicado en Miraflores, ofrecen una variedad de cursos diseñados para adaptarse a diferentes intereses y niveles de experiencia: sexy reguetón, ‘urban flow’, danza contemporánea, salsa, bachata, entre otros géneros.
“Hace poco, hemos lanzado Bailarte Kids y Bailarte Teens. Tenemos programas para niños desde los cuatro años hasta adolescentes de diecisiete. Arrancamos las clases el 5 de mayo”, comenta Verónica, quien en unos días volverá a Nueva York con un grupo de alumnos de su academia para hacer un recorrido por las mejores escuelas de baile y teatro de Broadway. Bailarte es un reflejo de su viaje: una apuesta por lo verdadero, un espacio donde el movimiento cura, une, libera. Allí, entre espejos, risas y música, la bailarina siembra todo lo que aprendió.
Ella lo resume así: bailar es mucho más que moverse; es atreverse a ser. //
Para mayor información sobre horarios y clases, pueden visitar la página web: bailarte.pe. También pueden seguir sus redes sociales, en Instagram y Facebook: @bailarte.pe. Dirección: avenida Reducto 1225, Miraflores. Teléfono: 997 020 157.
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