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Fernando de Szyszlo: 'La vida sin dueño', su libro de memorias

A los 92 años, partió uno de los últimos artistas de una generación que parió las más lúcidas mentes del arte y las letras peruanas. Rememoramos sus más recientes memorias con este entrevista que le concedió a la revista 'Somos' 

FERNANDO DE SZYSZLO

El pintor y escultor, quien murió ayer a los 92 años, fungió también de analista político.(Foto: Leslie Searles)

El pintor y escultor, quien murió ayer a los 92 años, fungió también de analista político.(Foto: Leslie Searles)

El pintor y escultor, quien murió ayer a los 92 años, fungió también de analista político.(Foto: Leslie Searles)

Solo se puede guardar silencio y escuchar cuando Fernando de Szyszlo
habla. Escuchar sus historias con sus grandes amigos, sus fantasmas, como los llama: Arguedas, Eielson, Sologuren, Westphalen, Salazar
Bondy. Cada uno tan grande como el otro. Escuchar como defiende a su admirado Mario Vargas Llosa mientras su mirada azul se posa, revolotea, por los rincones de esa casa suya que más parece un templo. Escuchar y ver cómo aún lo quiebra hablar de Lorenzo, su hijo que murió a los 35 años en un accidente aéreo en 1996. Y referirse a ella, a la poetisa Blanca Varela, su primer amor, el que lo colmó en lo intelectual aunque quizá no en lo sentimental. Ahora sí, guardemos 
silencio. 

- ¿Por qué “la vida sin dueño”?

Es una alusión a que nunca he tenido jefe. Siempre he sido una persona independiente y, entonces, no he tenido que cuidarme de lo que digo. He podido opinar sobre política o lo que sea con entera
inocencia, con entera ingenuidad…

- Y con entera irresponsabilidad también, entonces. 

Con entera irresponsabilidad también, claro, porque no me iban a botar de ningún lado. El hecho es que, en principio, así ha sido mi vida, nunca he dependido de nadie: he volado solo. 

- Ha sido un hombre sin dueño, pero con algunas dueñas. 

[Ríe] Eso sí, sin duda. Soy un hombre muy sensible a la belleza 
femenina. 

- “Fuera del arte, solo me ha torturado mi relación con las mujeres”, ha escrito. 

Con ellas soy vulnerable… Soy una persona que cree en el amor, y  siento que una de las cosas que han perdido las nuevas generaciones es esa capacidad de amar, esa capacidad de sentir al otro o a la otra como un ser sagrado, respetable, misterioso, etc. Por ejemplo, veo que los chicos hacen el amor con demasiada facilidad, para ellos es un encuentro pasajero y sin ninguna gravedad. 

- Las mujeres han sido tan importantes en su vida como la pintura. 

Exactamente. Es una pasión insaciable, inalcanzable… Toda mi vida me la he pasado diciendo que hay un cuadro que tengo adentro y que
debo sacarlo, pero ahora con los años me doy cuenta de que ese cuadro nunca lo voy a hacer: el desafío es tratar de hacerlo. Todo el misterio, la fascinación, es perseguirlo, porque es elusivo, siempre se
escapa cuando uno cree que lo va a coger. 

- ¿Es cierto que siempre se queda insatisfecho con sus cuadros? ¿Que ninguno lo satisface plenamente? 

Sin duda. Esa no es una frase. Cuando veo una exposición mía, cuando vi la gran exposición que hizo el MALI, lo único que me provocaba era sacar un pincel y corregir los cuadros. Lo único que le veía eran los defectos. 

- ¿En más de 70 años, siente que no logró hacer el cuadro que persiguió toda su vida? 

Sigo tratando, porque sigo pintando. No he cesado nunca de pintar y pintar porque es lo que le ha dado sentido a mi vida. Mejor dicho, lo que me ha ayudado a vivir... Perder un hijo es un escándalo, una maldición, una prueba dura de que Dios no existe. Imagínese a Lorenzo: 35 años, lleno de talento, de ganas de vivir… ¡borrado! A su
mamá, a Blanca, la mató también… [De Szyszlo lucha contra su dolor, pero las lágrimas confirman su humanidad.] 

- ¿Fue la pintura su barca de salvación en esos días? 

La pintura… eso es lo que me permitió vivir. Si no, no sé qué habría hecho. Era mi única forma de protestar ante una condición humana tan cruel, incomprensible, injusta. Pero sobreviví, no morí, seguí creyendo. 

- Me ha dicho que la muerte de Lorenzo también mató a su mamá. 

Sí, fue fatal para ella. Duró poco después de eso, unos dos o tres años. Lúcida, digo, porque a Blanca le han venido todos los premios cuando
prácticamente ya estaba inconsciente. 

Con Blanca vivió sus días más oscuros y, a la vez, los de mayor luz, como su viaje a París. 

La vida es así, hay gente con la que compartes descubrimientos
importantes, como ir a París o como ser pobre; nunca había sido rico, pero nunca tampoco había sido pobre, miserable… 

- La gente recuerda su relación con ella porque también fue una  intelectual conocida, pero por lo escrito en su libro entiendo que no fue la mujer de su vida. 

Fue una de las mujeres de mi vida, llenó una parte, pero no la amorosa. Fuimos unos chicos irresponsables que intelectualmente estábamos maduros, sin duda, pero emocionalmente éramos ingenuos. No sabíamos lo que era el amor ni lo que hay que hacer para que una relación amorosa crezca. 

- Nació en una Lima muy distinta, en 1925. ¿Se siente cómodo en esta época? 

No me siento fuera, pero hay muchos aspectos que me son 
incomprensibles. Me consuelo pensando que las civilizaciones tienen altibajos. Cuando veo en lo que se ha transformado el arte… 

- ¿El arte actual? 

Claro, las artes plásticas son ahora un juego banal, no hay 
compromiso. Tanta gente se ha suicidado, se ha cortado la oreja, se ha ido a vivir a Oceanía como Gauguin para poder lograr el sueño de pintar, y estos chicos creen que porque ponen un palito que lo pegan
a una escoba y lo paran de cabeza, ya es arte. Esos seguramente son gestos de rebeldía valiosos, pero esa rebeldía no tiene nada que ver con el arte. El arte es una cosa más seria. Siempre he criticado el arte que se hace ahora, pero he llegado a una conclusión: he sido injusto, porque los artistas contemporáneos –como los llaman– lo que hacen es producir el arte de la sociedad en la que viven, que es una sociedad banal que no cree en el amor, donde el sexo es una gimnasia como
cualquier otra, donde no hay suicidios por amor… 

- ¿Lo dice como una figura por falta de intensidad y pasión? 

Claro, de falta de gravedad y compromiso. Esta es una sociedad a la que le interesa el fútbol, la televisión. Han dejado de ser activos y son contemplativos: ven la vida pasar son espectadores. Me da mucha
pena que los tiempos se me vayan acortando, pero eso no significa que no perciba que nuestra civilización está viviendo un período muy bajo.

- Ha escrito que “uno es también los amigos que ha tenido” y que, en su
caso, ellos hicieron que sea mejor.
 

Sin duda, he tenido la suerte de conocer personas maravillosas, a José María Arguedas, a Octavio Paz... 

- ¿Quién fue su mejor amigo? 

Bueno, mis grandes amigos de toda la vida: Luis Miró Quesada Garland, Mario Vargas Llosa, Octavio Paz, José María Arguedas, Emilio Westphalen, Javier Sologuren, Eielson… 

- Todos grandes, pero solo le queda uno... 

Mario, sí… Tengo en mi computadora un archivo al que llamo "fantasmas” y ahí he apuntado, poco a poco, en el transcurso de estos años, a las personas que han sido importantes para mí y que se han ido muriendo. 

- ¿Son muchas? 

¡Más de 50! Qué terror. Es decir, son más las personas que están del otro lado de la laguna que de este… Ya Jorge Manrique, en el siglo
XV, lo sabía, que la vida es un sueño, que todo pasa, que nada se queda. 

- ¿Le tiene miedo a la muerte? 

No, de lo que tengo miedo es de no vivir. Ya extraño la vida, ya extraño la vida… Pero a desaparecer, no. Me he preparado toda la vida
para desaparecer. Yo digo: uno se muere y, en realidad, vuelve a la nada, pero las personas que lo quieren son las que sufren. ¿No es cierto? Entonces, en realidad la muerte es una gran traición que hacemos a las personas que nos quieren. 

- Recuerda en su libro que durante la juventud fue un gran simpatizante de las ideas de la izquierda. 

De las ideas de izquierda, sin duda, pero nunca afiliado a un partido político y menos a uno tan radical como el Partido Comunista, que mató a tanta gente. 

- Excepto durante su incursión en el Movimiento Libertad. 

La única vez que he participado en política fue con Mario, cuando un grupo de liberales peruanos quisimos compartir su sueño de que se podía cambiar este país prontamente. Mario perdió, pero sus ideas no. Fujimori, cuando hacía campaña, era populista, tenía un programa que se llamaba Concertando, pero cuando fue elegido hicieron que se dé cuenta de que era fatal para el Perú. El pensamiento político de Mario fue el que ganó las elecciones del 90. 

- ¿Golpeó mucho a Vargas Llosa esa derrota de 1990? 

Seguro. Él es una persona muy sensible. Recuerdo que cuando anunciaron que habíamos perdido la segunda vuelta, me dijo: ahora me toca lo más duro, que es ir a felicitar a Fujimori. No como su hija [Keiko], que ha estado escondida por no reconocer una derrota humillante. 

Esta entrevista fue publicada el 19 de noviembre del 2017 en la revista Somos.

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