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Alejandro Hohberg y un club del cual se puede enamorar, por Pedro Ortiz Bisso

Fue el pase más comentado del año y hoy, con su influencia y sus goles, Alejandro Hohberg paga con creces la apuesta de Nicolás Córdova por él. Una mirada sobre uno de los mejores del clásico que ganó Universitario en Matute

Cuando Alejandro Hohberg fichó por la ‘U’, el hincha de Alianza fue presa de un súbito ataque de catatonia. Recuerdo a mis amigos aliancistas, estupefactos por la noticia. Sus rostros parecían haber sido congelados por carbonita. Perdieron sus más nobles sentimientos. Nunca creyeron posible que uno de sus héroes se pasara a la vereda de enfrente.

No fue lo mismo que con Juan Reynoso. Pero mientras al Cabezón lo llamaron de traidor para abajo, olvidando que fue una de sus joyas que más orgullo les trajo, a Hohberg empezaron a tratarlo como uno del montón, un accidente del momento, un jornalero más que se ganó el sueldo en Matute sin mostrar mayores brillos. Etapa de negación, le llaman.

De mi lado, apenas supe que se vestía de crema puse en blanco y negro (o para estar a tono con los tiempos, en píxeles), un concepto que sigo sosteniendo: con Hohberg la ‘U’ está para pelear.

El nieto de Juan Eduardo, héroe del legendario Hungría-Uruguay del 54, es uno de esos jugadores que uno ve como juguete nuevo en las vitrinas de los centros comerciales y sueña con que se lo regalen en Navidad. Todos los hinchas tenemos nuestra colección de rivales que quisiéramos ver con nuestros colores. Me pasó con el Diablo Drago, el Pato Cabanillas, Malásquez, Reynoso, Corzo y ahora con Hohberg.

¿Qué aporta Alejandro? Velocidad, remate de larga distancia, ligereza para moverse en todo el frente de ataque y como ayer, en el gol de Lavandeira, inteligencia para buscar el espacio a las espaldas de los defensores y cruzar la pelota, culminando una jugada seguramente trabajada en la semana.

Es, además, incansable para el ida vuelta y el contragolpe. No es un crack, pero brilla. Y ha llegado a un club del cual, si quiere, se va a poder enamorar.

Cómo Denis y Lavandeira, Hohberg entendió desde el primer minuto lo que es Universitario. Sabe que quien se pone la crema no puede abandonar la cancha con la camiseta limpia. Que debe entregarla al utilero sucia, chorreando sudor por las costuras. Si puede con sangre. A la ‘U’ no se viene a vacacionar, se viene a luchar.

Meterse en el corazón del hincha merengue no es fácil. Ser un buen jugador no es suficiente. Hohberg, como profesional que es, probablemente seguirá su carrera en otros clubes. Pero aún estando lejos, si quiere se puede quedar en Ate. La fórmula la conoce, el hincha ya le abrió sus puertas. Todo depende de él.

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