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El amor como un puente, por Lorena Salmón 

La solidaridad es una fuerza positiva, es energía pura, transformadora

El amor como un puente, por Lorena Salmón

El amor como un puente, por Lorena Salmón. (Ilustración: Nadia Santos)

Cuando hay solidaridad, las situaciones difíciles se hacen más soportables. ¿Por qué? Porque el sentirnos conectados con los demás, acompañados y seguros de que alguien estará con nosotros, pase lo que pase, nos da soporte, estabilidad, esperanza. Es vital para nuestra salud emocional y mental, nos hace más felices sentirnos parte de un todo más grande que traspasa cualquier dirección geográfica, condición de raza y que responda claramente a un bien común.  

Eduardo Galeano define la solidaridad en contraposición con la caridad así: “A diferencia de la solidaridad, que es horizontal y se ejerce de igual a igual, la caridad se practica de arriba abajo, humilla a quien la recibe y jamás altera ni un poquito las relaciones de poder”.  

Por eso para ser solidario uno primero debe dejar de lado su ego. Literalmente, despojarnos de él como si nos estuviésemos sacando el uniforme de trabajo al fin de la jornada. Chau al ‘yo, yo y solo yo’.  

Aunque suene complicado, sí podemos, y créanme, no es tan difícil ser solidario: lo mágico de esta virtud es que puede aprenderse rápido y no requiere de mucho, solo necesitamos querer con el corazón abierto y comprometido, incorporar este hábito en nuestra vida.  

Podemos comenzar con una sonrisa hacia un desconocido, manejar respetuosamente, ayudar sin que nos lo pidan, preguntar a un amigo en el trabajo cómo está y escucharlo. Podemos inclusive ir más allá y ayudar a una causa. Por ejemplo, convertirnos en voluntarios.  

De acuerdo con las Naciones Unidas, hay en la actualidad 140 millones de personas que hacen un trabajo voluntario. De hecho, por el valor que aportan al planeta, los voluntarios son la séptima economía de la Tierra. Increíble. ¿No se sienten absolutamente motivados?  

Estamos atravesando una realidad a nivel global que nos exige movernos, reaccionar, no quedarnos con los brazos cruzados. En todo aspecto. 

Tenemos que ser solidarios con el planeta: estamos obligados a dejar de consumir plástico, a reciclar en casa, a reusar y reutilizar, comprar menos ropa con tiempo de vida de meses (¿sabían que una de las industrias que más contamina el planeta es la industria de la moda?).  

Tenemos que ser solidarios con quienes lo necesitan: donar lo que pueda servirles a los demás. No vendan aquellas cosas que no son de su utilidad; sin duda encontrarán valor en otras personas.  

Donemos tiempo, energía, talento: hay cientos de causas por las que tenemos que alzar nuestra voz. A todos nos gusta que, cuando lo necesitamos, nos tiendan las manos. Hagámoslo también.  

Donemos salud, sangre, nuestros órganos cuando ya no estemos más por acá: hacen falta donantes de todo tipo. El Perú tiene una de las tasas más bajas de donantes de Latinoamérica.  

Tenemos que ser solidarios con quienes se encuentren en una situación de vulnerabilidad y peligro y vienen a pedirnos ayuda.  

Hace un año, El Comercio, junto a Ipsos, desarrolló una encuesta para saber cuáles eran los valores más presentes en los peruanos. ¿Saben cuáles fueron los resultados? El 35% respondió que consideraba a los peruanos como solidarios, de hecho fue uno de los valores que más destacó entre los demás. La solidaridad.  

Seamos, entonces, coherentes: tendamos la mano siempre que podamos hacerlo, seamos empáticos con la necesidad ajena y agradezcamos, siempre, por estar del lado de los que podemos ayudar. 

Esta columna fue publicada el 01 de setiembre del 2018 en la edición impresa de la revista Somos.

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