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'Choros' de a dos o la satanización de la motocicleta, por Jaime Bedoya

Jaime Bedoya desenmascara la ridiculez que existe detrás de la polémica propuesta que afecta a los motociclistas.

Motos

Audrey Hepburn y Gregory Peck a bordo de una Vespa en Vacaciones en Roma ( 1953 ). Hoy irían presos por choros.

Si dos personas sobre una moto son delincuentes solo por el hecho de estar sobre una moto, entonces cuatro señores con cuello blanco serían una banda de coimeros. Tres carpinteros en un taller serían los Asesinos del Martillo. Dos policías gordos yendo a baja velocidad en un patrullero serían vendedores de kermesses. Y un caballero untando mantequilla a un pan con un cuchillo sería un destripador.

El reduccionismo con que ciertos alcaldes con pocas ideas y mucha pantalla están enfrentado la plaga delincuencial es penoso. No atacan el origen del problema sino su manifestación en base al prejuicio y al cuestionable efectismo de la racionalidad de noticiero. Que en su máxima expresión se traduce en una entrevista disparatada en un mundo paralelo de lágrimas y desvaríos donde una lagartija es un dinosaurio.

Casi 4 mil personas mueren al año en el Perú por accidentes de tránsito. Prohibir la circulación absoluta de autos reduciría esta cifra a cero. Cuatro ex presidentes peruanos están bajo gravísimas acusaciones de corrupción. Prohibir las elecciones reduciría la corrupción en la política a cifras mínimas. Este tipo de éxito idiota es el que se quiere presentar como sensatez a través de una satanización indiscriminada de la motocicleta. Si las autoridades, empezando por la policía y terminando por el poder judicial, hicieran su trabajo, no se estaría buscando como chivo expiatorio a un medio de transporte.

Los efectos terapéuticos de movilizarse sobre un vehículo motorizado de dos ruedas tienen constatación médica. La libertad física que supone rodar sentado en un motor implica una danza de equilibrio entre el propio cuerpo y el conjunto de metal, plástico y combustible que conforman la moto. Y supone un riesgo, la posiblidad de hacerse daño ante la indefensiòn estructural. Ahí empieza su mala fama.

Este desdén por lo seguro consolida el aura reputacional de riesgo, peligrosidad y reto a la motocicleta. Dice el mito que las prefieren los chicos malos, los pandilleros y busca bullas. Que cuando sobreviven a su juventud se convierten en moteros fonavistas más buenos que el pan, pero que insisten en cabalgar ruidosas bestias de acero. A ellos, y aun en mucho mayor cantidad, a honestos repatidores de comida y documentos en dos ruedas, es a quienes se está acosando en esta falaz persecución del crimen. El ladrón sigue robando. Lo hace moto, en Audi y a pie. O con saco y corbata desde la comodidad de un cargo público.

Culpar a las motos y prohibir que dos personas viajen juntas obviamente reducirá los delitos cometidos con ellas: los delincuentes buscarán otros medios transporte. Ese racionamiento progresivamente necesitará que se prohiban usar los pies, el definitivo y final mecanismo anti crimen.

Lejanos los tiempos, casi de otra civilizción, en los que los poetas modernistas como Juan Parra del Riego humanizaban las máquinas y celebraban la poética implícita en la mecánica de la moto. Parra, barranquino y motociclista, enamoró a quien sería su esposa yéndola a buscar en moto para pasear sintiendo el viento en la cara. Ella era monja y estaba en un convento.

En uno de sus versos de 19243 Parra escribió mi motocicleta es alegre como el sol!

1 https://publimetro.pe/redes-sociales/noticia-facebook-convocan-marcha-que-milagros-leiva-no-salga-mas-television-98004


2 https://www.prnewswire.com/news-releases/riding-a-motorcycle-improved-metrics-of-focus-and-decreased-stress-biomarkers-according-to-a-new-neurobiological-study-300779860.html


3 ¨Polirritmo dinámico de la motocicleta

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