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Una defensa de aquellos que sufrieron un boicot, por Pedro Suárez-Vértiz

"Un caso difamatorio que tocó mi círculo íntimo fue el ocurrido a Christian Meier. Años más tarde, el mismo actor que inició el boicot lo buscó para disculparse y aceptar que todo fue montado".

El comediante estadounidense Bill Cosby ha sido sentenciado a no menos de tres años en prisión tras varias acusaciones por abuso sexual. El cómico podría pasar hasta una década tras las rejas. Situación prácticamente terminal, ya que cuenta con 81 años de edad y es ciego. Necesita la ayuda de una persona para caminar. Cosby, entre otras acusaciones, es inculpado de penetrar sin consentimiento a Andrea Constand, quien dice que previamente fue drogada por él.
Escándalos como estos derrumban de un día a otro a una celebridad. En muchos casos, con sustento (la sentencia a Cosby se basa en los escalofriantes testimonios de una treintena de mujeres). Pero otras veces, en el lado corrupto del mundo de la fama, se le inventa un escándalo a alguien para sacarlo de carrera.

El actor Kevin Spacey, dos veces ganador del Óscar, atravesó un episodio parecido recientemente. Se sospecha que en la serie de Netflix House of Cards 
–que él protagonizaba y producía– se revelaron muchas intimidades de la política norteamericana. Por eso se sortiene que lo investigaron hasta encontrarle una gresca gay de hace 30 años para demolerlo y desaparecerlo. Kevin Spacey, sin embargo, logró no enfrentar cargos penales debido a ‘pruebas insuficientes’. Pero el daño ya estaba hecho. 

En el 2004, Michael Jackson fue acusado de abusar de un niño de 13 años. Parecía que su trayectoria había llegado a su fin. Pero luego de varios meses Jackson fue declarado inocente. Se probó que no pasó lo que se dijo, pero Jackson quedó de por vida como pedófilo. Lo que pocos conocen es que años antes acusó pública y temerariamente a poderosos ejecutivos discográficos de ser mafiosos. Esto encaja perfectamente con el hipermediático juicio de pedofilia a Jackson como venganza.

Vemos boicots a celebridades hasta en la segunda mitad del siglo XIX. Esto desgració a uno de los escritores más notables de la historia: Oscar Wilde. El autor fue enjuiciado por un texto sobre un amor homosexual. Pero ¿por qué fue llevado a la corte Wilde si la homosexualidad no es delito?. Simplemente porque su joven novio era hijo del primer ministro británico, el marqués de Queensberry, y juró acabar con el escritor. El marqués le acusó públicamente de “alardear de sodomita”, por lo que Wilde acabó condenado a dos años de trabajos forzados. Fue a parar a la cárcel de Reading y murió cinco años después, arruinado y apartado de sus dos hijos.

Jessica Alba, la bella actriz de Los 4 Fantásticos, vivió un escándalo que no la degradó moralmente, pero que melló su principal capital: su belleza. ‘Fuentes cercanas’ –típica muleta difamatoria– a la alguna vez considerada mujer más sexy del mundo dijeron que la actriz tenía herpes genital. Relacionar a un ícono estético como Alba con una infección vaginal es algo que ningún posterior desmentimiento logra borrar.

Un caso difamatorio que tocó mi círculo íntimo fue el ocurrido a Christian Meier. Recuerdo que llegó a ser el actor número 1 de la cadena Telemundo para toda Latinoamérica. Le daban los proyectos más ambiciosos. Pero la fama en México es muy cotizada y los outsiders siempre desequilibran. Dicho y hecho, como Christian no es gay ni adicto, sus colegas rivales inventaron, en sincronía total, que tenía mal aliento. Christian nunca contestó, que era lo que buscaban, y sobrevivió al corrupto incidente. Años más tarde, el mismo actor que inició el boicot lo buscó para disculparse y aceptar que todo fue montado.

Quizá al peruano Mario Testino le pasó exactamente lo mismo. En enero del 2018, The New York Times publicó una nota que lo acusaba de acoso sexual. Presentaron a 13 asistentes y modelos masculinos testimoniando “coqueterías y toqueteos” por parte del fotógrafo hacia ellos. El morbo social puso a Testino en el candelero. ¿Quién juntó al unísono a estos pelagatos para desprestigiar a Testino en un medio tan importante? Ser el fotógrafo favorito de la familia real británica, de la revista Vogue y ser considerado el mejor fotógrafo de modelos del mundo por más de tres décadas es imperdonable para quienes pugnan estos privilegios. Esta es la cara fea de la industria del entretenimiento. //

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