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Filón de la unión, por Pedro Suárez-Vértiz

El correcto uso de la palabra ‘matrimonio’

Filón de la unión, por Pedro Suárez-Vértiz

Filón de la unión, por Pedro Suárez-Vértiz. (Ilustración: Nadia Santos)

La RAE define ‘matrimonio’ como: “Unión de hombre y mujer, concertada mediante ciertos ritos o formalidades legales, para establecer y mantener una comunidad de vida e intereses”. El matrimonio existe desde las primeras civilizaciones, pero hoy muta con demasiada aceleración. En países donde predomina el machismo, el matrimonio siempre será un patriarcado en el cual la mujer se queda haciendo las labores de la casa, mientras que el hombre trabaja y mantiene a la familia. 

Se considera que ocurrió un pequeño boom matrimonial a mediados del siglo pasado. La autora e historiadora estadounidense Stephanie Coontz dice: “A comienzos de los años 50, hombres y mujeres de todo el mundo estaban deseando casarse. En 1959, en Estados Unidos, casi la mitad de las mujeres de 19 años estaban casadas. Chicos y chicas se casaban más jóvenes. El matrimonio era sencillamente el primer y último propósito de la vida”.  

Pero nunca se podrá generalizar sobre el matrimonio. Diversas culturas alrededor del mundo tienen diferentes maneras de concebirlo. Por ejemplo, el harén. Esta unión matrimonial se basa en el hecho de desposar a más de una mujer. Esto técnicamente es conocido como poligamia, a diferencia del matrimonio con una sola mujer, comprendido como monogamia.  

El harén, que en la cultura occidental es tabú, es de procedencia arcaica. El profesor y licenciado en Historia de España Eduardo Fayanas Escuer dice: “Si seguimos la historia antigua, vemos que la poligamia era una práctica habitual. En el Antiguo Testamento, Abraham tiene dos esposas y comprobamos cómo muchos reyes de Israel practicaban la poligamia”. Así que el harén existe desde el inicio de las civilizaciones, quizás porque la naturaleza sexual del hombre es poligámica. Es más, la figura del harén continúa hasta hoy pero de manera oculta, furtiva, adúltera.  

Pero si ahondamos en formatos matrimoniales más extravagantes, encontramos hoy personas casándose hasta con árboles. Son numerosas las ocasiones en las que podemos observar una ceremonia completa, con novia vestida de blanco –o novio en traje–, padrinos, primera dama, invitados, etc. celebrando una boda con un objeto, animal o planta.  

Quienes se casan con árboles argumentan que ellos son los principales “dadores de vida y de oxígeno”. Casarse con un árbol es una forma de expresar un compromiso con el medio ambiente. No es solo sembrar un árbol y dejarlo ahí. Karen Cooper realizó en Florida su casamiento, con más de 50 espectadores, para pactar su unión de vida con un árbol y así evitar que lo talaran. Ella dijo: “si cortan este árbol, quedaré viuda”.  

El matrimonio entonces va tomando variantes más allá de la “unión de amor entre hombre y mujer”. Etimológicamente, la palabra matrimonio significa “oficio o construcción de la madre” –en latín, matrimonium–, debido a que la mujer carga con el embarazo, el parto y la asistencia de los hijos. Al oficio o construcción del padre se le denomina patrimonium, que equivale a sus posesiones. Entonces, en el matrimonium el hombre obtiene derechos sobre la familia engendrada por la madre, a cambio de que ella obtenga derechos sobre el patrimonium del padre.  

Pero las extravagantes ramificaciones de los casamientos que se ven hoy sobrepasan la cordura. En Japón, un señor llamado Lee Jin-Gyu se casó con una almohada con la impresión de una mujer en ella. El diario español 20 minutos dijo: “Se casó con la almohada en una ceremonia especial, tras el equipamiento con un vestido de novia, frente a una sacerdote de la localidad”. Un fetiche o atracción por objetos inanimados puede llegar a extremos. Erika Eiffel, de EE.UU., se casó, como su apellido lo amerita, con la famosa Torre Eiffel. Ella explicó: “Alguien que se enamora de los objetos puede controlar esa relación en sus propios términos. Los objetos no lo defraudarán”. Amy Wolfe, también de EE.UU., no quiso algo tan inanimado... y se casó con una atracción de un parque de diversiones.  

Se concluye, entonces, que la palabra matrimonio –por su prefijo ‘matri’– define exclusivamente la unión hombre-mujer y ‘casamiento’ define las demás variantes del pacto legal por unión amorosa de por vida. 

Esta columna fue publicada el 04 de agosto del 2018 en la edición impresa de la revista Somos.

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