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"El hombre de mi vida", por Carlos Galdós

Luca, junio y la etapa maravillosa de esta ola que corremos juntos

"El hombre de mi vida", pro Carlos Galdós

"El hombre de mi vida", pro Carlos Galdós. (Ilustración: Nadia Santos)

Cuando tu hermana mayor cumplió 10 años, pensé que ya era momento de que llegaras, que por fin aterrizara un hombre en mi vida, ya que el primero, el que por ‘naturaleza’ debió aparecer, nunca arribó. Y cómo será de importante tu llegada, que no vienes en un mes cualquiera: apareces en este mes (junio), el mes que más me arruga el corazón. También el mes que marca el inicio de un nuevo ciclo en mi vida (me caso con tu mamá) y finalmente tú. El hombre de mi vida llega en el mes del padre y yo no sé cómo es eso de ser papá de un hombre, no sé cómo comportarme, no sé si te debo llevar al fútbol o al ballet, que es lo que más me gusta. No hay ni un solo cuento de superhéroes en la casa, pero sobran los libros de poesía que le he leído a tu hermana mayor. No me gustan los autos, me da igual la marca o la velocidad; con que se muevan me parece suficiente. Más bien creo que nos vamos a divertir mucho en la bicicleta tándem de cuatro personas que he mandado a construir. 

Eres el segundo de tres y te elegí, te escogí, te decidí masculino. Mujeres generosas tu mami y la mamá de Valentina, que me permitieron decretarlos. Entonces, cuando yo dije: “quiero que sea mujer”, nació Vale. Diez años después el amor cambia de nombre y esta vez Carla me permite decidir y naces tú, Luca. Y como para que nunca más me falte familia y sentirme como un Pachá, le pedí nuevamente a tu mamá que me regale una última vida. “Esa la dejamos a Dios”, me dijo… “Que sea lo que ÉL quiera”. Y le dije que no, que yo quería otra mujer y nació Camile (gracias, Dios, por dejarme jugar a ser tú por un momento).  

Te cuento que ya tienes dos años y el Pachá de la casa eres tú. Yo juego a ser tu súbdito y soy el encargado de tus mamaderas nocturnas, la de la 1:15 de la madrugada y la de las 5:17, al amanecer. Me inclino ante ti todo el tiempo que sea necesario para jugar y te amo. Estoy enamorado de ti y, aunque todos dicen que te pareces muchísimo a Carla (cosa que me encanta), yo tengo escondida una foto donde eres igualito a mí, igualito, una fotocopia. Así como los hijos negados se parecen a sus padres (físicamente), tú eres –recontraconfirmado– exactamente idéntico a mí a tu edad. No soy de los que aspiran a que sus hijos continúen la vocación del padre. Sin embargo, no deja de sorprenderme la manera como llevas el ritmo de la música en el auto de manera natural y aplaudes al tiempo. Te acercas al piano y simplemente tocas. No suenas como Fréderic Chopin, pero hay coherencia en el sonido y yo jamás te he sentado al piano; lo has descubierto solo. Ya deben existir unos 300 videos tuyos cantando Cumpleaños feliz y no porque nos guste la canción, sino más bien por lo entonado que la cantas. Y tampoco te hemos enseñado a cantar. “¿No será que estamos babeando?”, nos preguntamos siempre en la casa. Entonces les enseño tus videos a mis amigos psicólogos (que son los que me han tratado toda la vida) y les exijo que me digan la verdad: “Dígame la verdad, doctor, ¿es así este niño o estoy loco?”. 

La foto ideal que he diseñado en mi cabeza se está haciendo realidad. Valentina y tú se adoran, y Camile ya entró a ese sistema que ustedes tres están construyendo. Has llegado a mi vida en un momento muy particular, justo en el momento en que me estoy bajando de la ola. He surfeado 15 años seguidos y un día me cansé. Ya no soy el hit de las mañanas por la radio; tampoco el irreverente de las noches por la televisión. Los fines de semana ahora los paso en casa con ustedes y ya no los llevo a mis giras interminables donde hacía reír a la gente... cambios, cambios y más cambios. Y quien ha marcado la pauta de esta nueva etapa eres tú. Gracias, Luca, eres el hombre de mi vida, mi primer hombre, te amo.  

Esta columna fue publicada el 09 de junio del 2018 en la edición impresa de la revista Somos.


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