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"¿Incondicionales?", por Pedro Ortiz 

Christian Cueva es el nuevo enemigo número 1 del país y Ricardo Gareca de tener un 99 % de aceptación pasó a ser asesinado cada minuto por redes sociales. Los reclamos son inevitables, pero de verdad somos 'incondicionales' o la palabra nos queda muy grande. 

Christian Cueva

Al final del partido de Perú contra Dinamarca y luego de fallarse el penal, así fue la reacción de Christian Cueva; nadie más que él lo lamenta. (Foto: Reuters)

En el fútbol de hoy, entre un héroe y un villano existe un solo tuit de distancia. O un estado de Facebook. O un mural garabateado con una frase insultante. Acaba de ocurrirle a Christian Cueva, convertido en el nuevo enemigo número 1 del país tras haber errado un penal ante Dinamarca. Hasta el sábado era Cuevita. Hoy quien se siente mal dice estar “hasta las ‘cuevas’”. Y muchos ríen.

Esto no es nuevo ni propio del Perú. Ocurre donde el fútbol apasiona. Ricardo Gareca, dueño hasta el sábado de un 99% de aceptación según El Comercio-Ipsos, cada minuto es asesinado por haber cometido un pecado mayor: ordenar que Paolo Guerrero caliente banca ante los daneses.

“Tanto que luchamos para que vuelva Guerrero y no lo pone”, escribía el domingo un indignado hincha, como si él o los miles que hoy vilipendian al argentino hubiesen sido parte del equipo de abogados del atacante ante el Tribunal Federal Suizo.

Los reclamos son inevitables, tanto como la ingratitud que aflora en estos momentos en que fungimos de generales luego de la batalla perdida ante Schmeichel y sus amigos.

Pero una cosa es mantener una mirada ecuánime y otra exigir incondicionalidad hacia la selección, esa que se reclama hasta en las pantallas de los celulares.

Que Gareca haya dado razones para confiar en él no lo convierte en infalible. Tampoco lo son Cueva, Carrillo, Farfán o el casi intocable Guerrero.

Es en los momentos difíciles en que más se necesita una postura crítica para advertir errores y empujar acciones que los remedien.
El periodismo debe tenerlo presente. Nuestro trabajo es informar, analizar y opinar. Así nos duela el corazón.

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