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"El lenguaje del norte", por Renato Cisneros

Cosas que aprendí en Bogotá

"El lenguaje del norte", por Renato Cisneros

"El lenguaje del norte", por Renato Cisneros.

Aprendí que el clima diario de la capital colombiana contiene las cuatro estaciones. Verano, otoño, primavera e invierno se suceden en 24 horas, y por eso es normal que tras un sol esplendoroso el cielo bogotano se oscurezca para luego de unas horas –lluvia copiosa mediante– aclare nuevamente. En realidad, ya había percibido este fenómeno atmosférico en visitas anteriores, pero ahora lo verbalicé por primera vez. Y aprender, ya se sabe, no es percibir, sino nombrar. 

Aprendí que también allá, como en tantos lugares, hay malditos pederastas que abusan de niños desvalidos. El caso más emblemático de los últimos años probablemente sea el de Yuliana Andrea Samboni, de siete años, quien en diciembre de 2016 fue raptada en su barrio, Chapinero, torturada, violada y asesinada por Rafael Uribe Noguera, un ‘respetable’ arquitecto de 38 años, un desquiciado en realidad, que una vez capturado confesó ser autor del crimen. El salvaje recibió 58 años de prisión, pero el juicio a sus hermanos –presuntos cómplices al momento de deshacerse del cuerpo de Yuliana– aún continúa y mantiene perturbados a los colombianos.  

Aprendí que la Feria del Libro de Bogotá es hoy por hoy el gran encuentro cultural de Sudamérica. Con más de 1.700 eventos y 575 mil asistentes, la Filbo 2018 –con Argentina como país invitado– superó los récords en asistencia y venta de libros de la edición previa y confirmó la potencia de la industria editorial colombiana, que además tiene en Cartagena, Cali, Medellín y Bucaramanga otros polos de constante actividad libresca.  

Aprendí que Corferias, el campo ferial de casi 60 mil metros cuadrados que aloja a la Feria del Libro y a otras 55 ferias a lo largo del año, le ofrece a Bogotá un interesantísimo lugar de interacción ciudadana. Toda capital debería tener un centro de convenciones de referencia que aglutine ordenadamente ferias y exposiciones. A ver si este año algún candidato a la alcaldía de Lima muestra un mínimo interés por conseguir un espacio donde se desarrollen, con orden y seguridad, desde la Feria del Libro, Mistura, la Cade o las ferias artesanales y agropecuarias hasta el Motor Show o el Lima Fashion Week. ¿Hasta cuándo tendremos que montar nuestra Feria del Libro internacional en el parque Matamula? Un amigo bogotano me contó que hace un tiempo el director de Corferias visitó Lima para ver si era posible replicar aquí su modelo, pero desechó la idea tras el enésimo pedido de coimas.  

Aprendí que muchos colombianos están, como nosotros, más interesados en el Mundial de Rusia que en la política local. Ellos tendrán que ir a las urnas el próximo 27 para elegir presidente y, según encuestas y vaticinios, es probable que resulte triunfador Iván Duque, candidato del partido uribista Centro Democrático, pero al pueblo le importa más, mucho más, que la selección cafetera, con James Rodríguez a la cabeza, supere a Japón, Polonia y Senegal en la fase de grupos de la Copa.  

Aprendí que la cocina peruana sigue ampliando su feligresía por esos lares. Los colombianos adoran la carta de Nazca, acaban de descubrir los sándwiches de La Lucha y siguen visitando ese estupendo restaurante que es De los Tres, cuyo lomo con rissotto de ají amarillo no tiene competencia.  

Aprendí que en el Apache Bar, en lo alto del hotel Click Clak, se sirven unos gin tonics de antología. Que en cualquier Bogotá Beer Company la Candelaria Clásica es más rica que la Bacatá Blanca, pero que la Septimazo Ipa es mejor todavía. Y que los vasos de aguardiente saben mejor si se secan de golpe al borde de una mesa de la Sandunguera, el templo de la salsa clásica.  

Aprendí, pues, que los colombianos son, en este dolorido vecindario, nuestros vecinos más empáticos. Siguen discutiendo el futuro y trabajando por la paz pero sin relegar un ápice su contagioso optimismo. Y siempre hablando tan melodiosamente, con esa respetuosa coquetería que los hace más queridos y entrañables. 

Esta columna fue publicada el 12 de mayo del 2018 en la edición impresa de la revista Somos.

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