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"Leyla Chihuán no es Christian Cueva: la analogía es absurda", por Renato Cisneros

"La calle juzga lo que los tribunales no. Cuando en una sociedad los encargados de administrar justicia no castigan o ni siquiera investigan a quienes triangulan con la corrupción, la población se encarga de hacerles saber a esos personajes lo repudiables que resultan".

La calle juzga lo que los tribunales no. Cuando en una sociedad los encargados de administrar justicia no castigan o ni siquiera investigan a quienes triangulan con la corrupción, la población se encarga de hacerles saber a esos personajes lo repudiables que resultan. La práctica se llama ‘sanción social’ y su abanico de manifestaciones puede ir desde la marcha pacífica y organizada hasta el cachetadón sorpresa, pasando por el lavado de bandera, el acopio de bolsas negras, el acribillamiento a punta de huevos crudos, la confección de un muñeco de año nuevo, el escrache incómodo, la siempre indignante mentada de madre. Todos son recursos del sujeto de a pie para protestar contra actos delictivos u oprobiosos que el sistema jurídico ha pasado por alto. Hace poco lo vivieron en carne propia los congresistas Héctor Becerril y Moisés Mamani, quienes salieron a caminar por la avenida Abancay recibiendo de parte de los vecinos toda clase de epítetos, siendo ‘mafiosos’ y ‘delincuentes’ los más delicados. 

Hoy la sanción social se aplica tanto en la calle como en las redes, pero no siempre de manera legítima, valiente o creativa; es más, últimamente lo que impera es el ‘troleo’ hostil, muchas veces producto de una evidente digitación política y puesto en marcha por cobardes cuentas anónimas (cuando no fantasmas) que lapidan honras ajenas a diestra y siniestra. 

Hago este preámbulo para referirme al comentado selfie del ciudadano Piero Brescia a la congresista Leyla Chihuán. Varias cosas que decir al respecto.

1) Así como se solazan con ‘repentinos’ baños de popularidad, los funcionarios públicos, sobre todo los más visibles, deben estar preparados para recibir críticas de todo tipo, en todo lugar. Tener correa ancha es la primera de las tácitas reglas de juego que acepta todo aquel que decide ingresar a la política. 2) La frase dicha por Brescia (“ole, le, ola, la, blindaste a un corrupto, vergüenza nacional”) —una arenga perfectamente imaginable durante el curso de una marcha en la Plaza San Martín— no constituye ofensa en sí misma, pues se ajusta a un dato cierto: en la sesión de Comisión Permanente del 27 de setiembre, Chihuán votó en contra de que al fugado César Hinostroza se le considerara parte de la organización criminal ‘Los Cuellos Blancos del Puerto’. Eso es blindaje químicamente puro y no creo que haya dudas respecto de la vergüenza que esos votos produjeron en la mayoría. 3) Leyla Chihuán no es Christian Cueva. La analogía es absurda,  por no decir idiota. El jugador fue uno de los puntales de la selección que nos llevó al Mundial, donde de manera involuntaria falló un penal que ningún peruano inteligente le reprocharía (salvo el sonso alegre que lo filmó en el avión y acabó pidiendo disculpas al ver las repercusiones de su idiotez). Chihuán, por su parte, es una parlamentaria que, en el chat de coordinación fujimorista ‘La Botica’, se refirió al fiscal José Domingo Pérez usando frases insultantes como “ese desgraciado” o “…con eso lo matamos”, que cayeron muy mal entre quienes respetan la imagen de Pérez.

4) Sin perjuicio de lo anterior, Brescia cometió un error garrafal: pretender ‘ajustar cuentas’ con la congresista delante de su hijo, un menor de edad que no tendría por qué haber presenciado la escena. 5) Ese desliz no solo desvirtúa el gesto, sino que deja a Brescia como un vulgar palomilla de azotea que, más que en el impacto de una verdadera sanción social, estaba pensando en los likes que conseguiría al circular su video. 6) Que este incidente sirva para entender que el tino y el sentido común son los criterios que marcan la enorme diferencia que existe entre los héroes cívicos que enfrentan políticos para denunciarlos y los oportunistas que se contentan con ser ‘tendencia’. //

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