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La lógica del suicidio, una discusión desde el inicio de los tiempos, por Pedro Suárez-Vértiz

"No hallo hasta ahora un nexo común entre quienes decidieron quitarse la vida"

La lógica del suicidio, una discusión desde el inicio de los tiempos, por Pedro Suárez-Vértiz

La lógica del suicidio, una discusión desde el inicio de los tiempos, por Pedro Suárez-Vértiz.

La semana pasada, mi esposa me despertó diciendo: “Alan García se ha disparado. Pongamos las noticias”. Aún no especificaban la zona del balazo. Entonces le dije que seguramente se había herido una pierna para evitar alguna diligencia. Estaba cien por ciento seguro de que él jamás se suicidaría, ni por inmolación. Pero a mis 50 años la realidad me dejó en ridículo.

“El suicidio no significa que no hayan culpables”, reza un dicho que no comparto, pero que últimamente se escucha muchísimo. Esta frase despierta controversia. Las desavenencias alrededor de si hay o no lógica en el suicidio existen desde el inicio de los tiempos.

En el antiguo Egipto se dio el caso de Cleopatra, quien, al ser vencida por la imponente fuerza de Octavio y su ejército, prefirió quitarse la vida antes de ser capturada y enviada a Roma. La reina egipcia utilizó una mezcla de venenos que acabaron con su vida. El de Cleopatra es uno de los casos de suicidio más famosos –y, lamentablemente, más influyentes como ejemplo para ‘preservar el honor’– de la historia universal.

Otro caso histórico de suicidio, pero ‘en defensa de sus ideas’, fue el de Sócrates. El filósofo griego se mató tomando un brebaje a base de cicuta, una planta venenosa. Esto luego de ser acusado de atentar contra el conocimiento y creencias de los jóvenes atenienses, insuflándoles el escepticismo en relación a la existencia de los dioses ancestrales. El caso de Sócrates le dio fama a la planta generadora de su muerte. El suicidio entonces no es una errónea práctica reciente o ‘producto de la decadencia contemporánea’.

A lo largo de nuestras vidas hemos oído sobre personas que, con o sin razón, deciden dejar este mundo por sus propios medios. Robin Williams fue un actor y comediante estadounidense, muy respetado y querido. El 11 de agosto de 2014, Williams, de 63 años, fue hallado muerto por asfixia en su hogar en Paradise Cay, California. El actor se colgó del cuello con un cinturón en su dormitorio. Entre las primeras suposiciones sobre la razón de su suicidio estaba la depresión, que padeció toda su vida y que le generó un durísimo alcoholismo. Pero esto fue desmentido por su viuda. “La depresión fue uno de los aproximadamente 50 síntomas que Robin padecía, y esta era solo una pequeñez en comparación del resto de síntomas”, declaró. La esposa explicó que se trataba de una ‘demencia con cuerpos de Lewy’ (DCL) y especificó que eso fue únicamente lo que lo mató.

Un suicidio contemporáneo es el del vocalista y guitarrista de Nirvana, Kurt Cobain. El líder de la banda más influyente del grunge fue encontrado en su vivienda sin vida, con una herida de escopeta en la cabeza y una nota suicida dejada al lado de un florero. Su anticipada partida a los 27 años lo colocó en el ‘27 Club’ junto a Jimi Hendrix, Jim Morrison, Janis Joplin, Brian Jones y Amy Winehouse, entre otras leyendas de la música. Nuevamente, la depresión surgió como factor clave para explicar la resolución de Cobain. Esto llenó de culpabilidad al cantautor canadiense Neil Young, pues la carta dejada por Kurt citaba como una razón poéticamente lógica para matarse un extracto de la canción Hey Hey, My My, de Young. El verso dice: “Es mejor irse en un destello que desaparecer de a pocos”.

En la misma línea nos topamos con la lamentable partida de Chris Cornell hace un par de años. Cornell fue el vocalista y líder de bandas como Audioslave, Soundgarden y Temple of the Dog. A sus 52 años, se le encontró muerto por asfixia tras haberse colgado en el baño del hotel de Detroit donde se estaba hospedando.

No hallo hasta ahora un nexo común entre quienes decidieron quitarse la vida. Aunque reconozco que el suicidio es una gran tentación cuando la muerte luce mejor que la vida. Pero mis seres queridos, creencias religiosas y los testimonios de suicidas revividos clínicamente me tienen totalmente convencido de no hacerlo. Debe de haber una razón a largo plazo –que solo el tiempo revelará– para entender el suicidio citado al principio de esta columna. //

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