Niña viendo uno de los partidos de la selección en Rusia 2018. (Foto: Reuters)
Niña viendo uno de los partidos de la selección en Rusia 2018. (Foto: Reuters)
Nora Sugobono

Es mucho lo que se puede hacer en cuatro años. Aprender a manejar, tener un hijo, tener dos hijos, estudiar algo (lo que sea), dar la inicial para un departamento; no hacer ninguna de las anteriores y dejarlo todo para empezar de nuevo. Cuatro años es un tiempo prudente.

Un tiempo para trabajar y conseguir que las cosas pasen. En esos mismos cuatro años es muy posible que nuestra selección clasifique a . Si algo nos ha dejado –el antes, el durante y el después– es habernos devuelto la fe en el fútbol. O lo que es acaso más importante: la fe en nosotros mismos.

El espíritu patriota ha estado bien alimentado en los últimos meses. Ya sabemos de lo que somos capaces. Este es el momento para hacer del que nos vea llegar nuevamente al Mundial un país del cual podamos sentirnos plenamente orgullosos. Donde la vida de una mujer valga; donde no nos quemen ni nos arrastren por el suelo, ni tengamos menos oportunidades. Donde las decisiones sobre nuestro futuro no dependan de un sistema podrido de corrupción y borracho de poder. Donde violadores y ladrones –de toda índole y procedencia– paguen por sus delitos como merecen y en el momento debido. Donde la condición sexual de las personas no determine sus derechos. Donde sepamos elegir a quienes nos gobiernan y donde la justicia no se discuta por teléfono.

Ese será un Perú, de verdad, campeón. Tenemos cuatro años. Ojalá sea antes.