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Estas son las razones que podrían alejar al 'Tigre' Gareca de Perú, por Umberto Jara

A Ricardo Gareca le interesa seguir como DT de la selección, pero está claro que a cambio de respeto hacia su trabajo y el de quienes colaboran con él. ¿Tiene la FPF el suficiente tacto como para no dejar ir a quien ha logrado hacer realidad el sueño de un país?

Ricardo Gareca

El ‘Tigre’ Ricardo Gareca dirige a Perú desde el 2015 y ha logrado regresarnos a un Mundial por primera vez desde 1982. (Foto: Getty Images)

El presidente de la FPF, Edwin Oviedo, ha señalado que la continuidad de Ricardo Gareca es una decisión que depende más del técnico que de la FPF, porque esta entidad está preparada para hacerle una oferta económica importante gracias a los contratos que ya firmaron las empresas patrocinadoras de Qatar 2022. Sobre la base de ello, Oviedo sostiene que dichos contratos “nos permiten tener una posición sólida para poder competir con cualquier federación sudamericana”. El inconveniente es que este enfoque incomoda al director técnico porque el titular de la FPF difunde un mensaje según el cual el asunto de la renovación es un tema básicamente económico y que el conductor de la selección revisará cifras para tomar una decisión. Es un mensaje erróneo porque Ricardo Gareca es un hombre que se maneja sobre la base de principios y valores y el dinero es una variable que no ocupa el primer lugar en sus decisiones. Como todo profesional, aspira a una retribución adecuada, pero a lo largo de su carrera existen diversas evidencias de que sus decisiones no se basan exclusivamente en la parte económica. Para no ir muy lejos, tras la clasificación al Mundial Rusia 2018 recibió ofertas publicitarias por sumas importantes y las rechazó todas bajo este criterio: “Me pagan para estar concentrado en mi trabajo y no para ser anunciante publicitario”. Más aún, Gareca nunca ha tenido un mánager que esté a la caza de propuestas y negociaciones; sus asuntos los maneja su abogado, Mario Cupelli, un amigo suyo desde la juventud. Tampoco recurre al mecanismo de promocionar su éxito y más bien insiste en mantenerse ajeno a los flashes y al ruido mediático porque no le interesa la figuración que busca obtener réditos.

El proyecto versus el ‘paolismo’

En la lista de valores profesionales de Ricardo Gareca está, en primer lugar, la palabra proyecto. Su interés es trabajar sobre la base de un plan a futuro que tenga consistencia y objetivos, que sea estimulante, que tenga retos y, sobre todo, que exista respeto por su trabajo y el de quienes colaboran con él. Y es aquí donde asoman sombras propiciadas desde la dirigencia en un momento en el cual debería existir el máximo tacto. No solo es un equívoco situar la decisión de Gareca en el ámbito económico, exponiéndolo ante la opinión pública como un profesional que firmará una renovación en función del dinero, sino que existe un problema mayor. En los últimos meses, en la Videna se ha ido diluyendo el concepto básico de trabajo en equipo, que era la columna vertebral de este proceso. Sobre la base de ese concepto, las decisiones eran tomadas por consenso y teniendo como pilar fundamental a la parte deportiva, cuyos planteamientos, además, siempre fueron tan profesionales como razonables y condujeron al éxito. Sin embargo, el presidente de la FPF ha empezado a modificar el estilo de trabajo y a tomar determinadas decisiones sin diálogo previo. 

Ricardo Gareca

El proyecto es más que solo buenos resultados. Las imágenes de Gareca protegiendo, alentando y consolando a sus jugadores en los momentos difíciles se quedan en la retina de los peruanos. (Foto: EFE)

Un antecedente de este cambio de estilo que ha pasado de las decisiones consensuadas a las decisiones unilaterales fue el caso Paolo Guerrero. Después del 5 de mayo, cuando el fallo adverso del TAS fue anunciado, el ambiente se contaminó con versiones de abogados que venían de ida y vuelta y, sobre todo, se personalizó todo en la figura de Guerrero, como si la selección no estuviese compuesta por otros 22 jugadores y un comando técnico. El punto más álgido ocurrió con aquel viaje a Suiza que concluyó con la medida cautelar que autorizó al jugador a participar en el Mundial. Dicho viaje fue una decisión exclusiva de Oviedo, sin una consulta previa al director técnico nacional. Nadie discute que el presidente de la FPF pudo tener la mejor de las intenciones, pero se alejó del estilo de trabajo en equipo, más aún en un tema que involucraba directamente a la parte deportiva. No debe entenderse que el técnico no quería a Paolo. Sostuvo siempre que es un excelente jugador al que quiere en su equipo, pero en condiciones adecuadas y no con una para de más de 200 días y a puertas de un torneo con las inmensas exigencias de un Mundial. Para Gareca, el delantero debió estar disponible desde el 5 de mayo, pero las erróneas decisiones de su entorno lo impidieron y ese era un costo que no le correspondía asumir a la selección, que ya había estructurado un equipo. Sin embargo, fueron varias las semanas previas a la cita mundialista en que todo se personalizó en la figura de Paolo Guerrero y no en la selección peruana y fue el presidente de la FPF quien pasó a comandar esa ‘ola de paolismo’ sin realizar consultas ni establecer un consenso sobre los pasos a seguir. Por ello, no fue ninguna casualidad el formal y frío recibimiento a Guerrero y Oviedo cuando ingresaron a la concentración en Austria. Para los miembros del seleccionado nacional, en ese tema debió estar presente el nosotros antes que el yo, porque ese concepto de nosotros fue un constante factor de cohesión.

Pensamiento Oviedo

El razonamiento del presidente de la FPF es propio de un hombre que viene del ámbito empresarial y no maneja en detalle las relaciones personales y profesionales del fútbol. Oviedo piensa que el ofrecimiento de una sustancial mejora económica es el punto central. En el mundo del fútbol, donde existen personajes como Ricardo Gareca, las cosas son distintas y requieren de otro tipo de manejo. Más aún, el futuro del fútbol peruano no pasa por cifras de dinero, sino por la continuidad y consolidación de un proceso que apenas tiene tres años de iniciado. En este sentido, es necesario recordar que uno de los fundamentos del cambio en el fútbol nacional se debió a que se dejaron de lado posiciones personales y, sobre todo, se dejaron de lado intereses y agendas particulares. La imagen que hoy proyecta Edwin Oviedo es muy distinta de la del dirigente que arribó al cargo con las mejores intenciones y que supo echar a andar un proyecto fundamental. En la actualidad parece estar tocado por el síndrome del poder. El dirigente sensato cuyo mérito notorio había sido el de solicitar la opinión de expertos y que tomaba decisiones a partir de su diálogo y respeto por la parte deportiva está mostrando ahora otra faz: la del presidente que ejerce un poder y toma decisiones propias. Esta no solamente es una mala señal, sino que, en cualquier actividad, el síndrome del poderoso termina en resultados poco favorables para quien ejerce un cargo y para la institución que conduce.

Ricardo Gareca

Máscaras de los jugadores y de quien hizo posible lo imposible. El país no desea que se interrumpa un proceso que recién empieza y que ha involucrado sentimentalmente a todos.

En este contexto, un asunto que debería llamar a preocupación es la versión que existe de que se estaría tratando de contactar al abogado de Gareca, Mario Cupelli, para tener una reunión con Edwin Oviedo a fin de negociar el contrato del director técnico de la selección. Esto significa que el presidente de la FPF estaría buscando asumir una negociación que no le corresponde realizar. Su cargo lo obliga a situarse en una posición que no es la de negociador. Un presidente de la FPF se debe preservar como última instancia. 

Asimismo, cuando Ricardo Gareca aceptó venir al Perú en el año 2015, la discusión última fue la del dinero, porque el técnico le dio su asentimiento al director deportivo, Juan Carlos Oblitas, tras un extenso diálogo entre dos hombres que se reconocían un respeto mutuo y hablaban un mismo lenguaje basado en años de experiencia. Fue esa relación de confianza entre dos figuras del fútbol internacional lo que decidió al técnico argentino a asumir una tarea que nadie aceptaba, por su alto riesgo. En tal sentido, hoy no existe ninguna explicación de por qué Oviedo prescinde de Oblitas como interlocutor con Gareca en un momento crucial como el de retener al hombre que trazó este camino que debe continuar. Retirar a Oblitas de la negociación para lograr la continuidad del técnico es un asunto que puede tener consecuencias severas si tomamos en cuenta las declaraciones que dio Gareca en la sala de prensa del Fisht Stadium de Sochi, tras el triunfo ante Australia: “Juan Carlos Oblitas fue quien me designó, y es una persona muy importante en el proceso de la decisión que pueda tomar”. Dijo más Gareca en esa conferencia en la que Somos estuvo presente. Señaló que, antes de tomar una decisión, necesitaba una pausa razonable para hacer un balance y “entiendo que la Federación Peruana de Fútbol también debería realizar un balance”. Esa es la tarea del presidente de la FPF y su equipo: hacer un balance; no es otra. El mensaje dado por Gareca es muy nítido. La pregunta es: ¿lo escuchará Edwin Oviedo, quien a cuenta propia estaría pidiendo una cita al abogado de Gareca para negociar? 

Hay señales manifiestas de lo contrario: la búsqueda del aplauso de la tribuna. El razonamiento de Oviedo parecería ser este: “Si la gente pide a Paolo, me encargo de Paolo; si la gente pide a Gareca, me encargo de Gareca”. El objetivo, entonces, sería la búsqueda del aplauso y, probablemente, la necesidad de resolver problemas extrafutbolísticos. Y allí está el error. Si la FPF se convirtió, gracias a la gestión de Oviedo, en una institución manejada con criterios profesionales, no existe hoy ninguna razón para modificar ese esquema por atender una agenda que parece ser personal.

Cuando existen personajes como Ricardo Gareca y Juan Carlos Oblitas, que cuentan con el respeto bien ganado de todo un país, hay que saber respetar su espacio y sus funciones. Si esto se olvida, ocurrirá el adiós de Gareca y de varios miembros de la parte deportiva. Y esa factura tendrá un costo muy elevado para Oviedo, para el fútbol peruano y para el proceso que el país no desea que se interrumpa. La muestra más clara del camino correcto que hay que transitar fue la última imagen mundialista cuando Gareca esperó, al borde de la cancha, a cada uno de sus muchachos, que recibían el homenaje conmovedor de un estadio lleno de camisetas y banderas rojiblancas. A Gareca, que es líder de este éxito, no se le ocurrió pedir ningún aplauso. Y vaya que merece todos los aplausos.

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