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Señor Oviedo: ¿la persona o la institución?, por Pedro Ortiz Bisso

¿Si la federación tiene bases sólidas y no está atada a ningún personalismo, por qué no dejarla marchar mientras resuelve sus problemas personales?

Oviedo

Lo que tanto costó construir está a punto de irse al tacho por obra de su arquitecto mayor: el propio señor Oviedo.

Cuando todo era felicidad y vivíamos anestesiados por los goles de Paolo, el señor Edwin Oviedo hablaba del denodado esfuerzo de la Federación Peruana de Fútbol para convertirse en una gran institución tras el desastre heredado de la gestión de Manuel Burga.
Hablaba, pues, de institucionalidad, de una organización transparente y rigurosa que funcionara por encima de las personas. Para ello, creó una estructura similar a la de una gran empresa, multiplicó gerencias y comisiones, estableció protocolos e incorporó las técnicas del márketing moderno.

Profesionales de primera línea le dieron vida a esa nueva maquinaria. El trabajo con los menores tomó otro vuelo, empezaron a poner en vereda a los clubes -esos grandes bastiones de la informalidad- e hicieron de la selección mayor un equipo competitivo que alcanzó su clasificación al Mundial. 

La Federación Peruana de Fútbol adquirió una estatura impensable apenas pocos años atrás. Se convirtió en un organismo respetado, una marca poderosa. 

Lo que tanto costó construir está a punto de irse al tacho por obra de su arquitecto mayor: el propio señor Oviedo. El escándalo de los audios lo ha puesto en entredicho al colocar los reflectores, nuevamente, sobre sus problemas judiciales por su participación en Tumán, una de las principales azucareras del país. 

Los audios, hasta el momento, no señalan delitos, pero sí abren preguntas. Muchas preguntas. Y estas no tienen que ver solamente con el señor Antonio Camayo, su encarcelado amigo, cuya empresa ganó una licitación organizada por la federación. 

Aunque él ni sus adláteres quieran reconocerlo, todo esto ensombrece su presencia al frente del ente máximo del fútbol nacional. 

¿Si la federación tiene bases sólidas y no está atada a ningún personalismo, por qué no dejarla marchar mientras resuelve sus problemas personales? ¿Por qué aferrarse al cargo si no hay nada que temer? ¿Por qué, señor Oviedo

¿Qué importa más, la persona o la institución?

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