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El sexo no incomoda: dime qué te excita y te diré quién eres, la columna de Lorena Salmón

Cualquier mortal puede mostrar cierta excitación hacia un objeto o una situación sin que pueda considerarse como una patología.

El sexo no incomoda: dime qué te excita y te diré quién eres, por Lorena Salmón

El sexo no incomoda: dime qué te excita y te diré quién eres, por Lorena Salmón.

Hay quienes sienten placer cuando ven a otros llorar. No me refiero a ese tipo de placer que se despierta cuando uno comprueba que el karma existe y devuelve con la misma moneda a quien nos hizo daño o a quien lo merece. No, aquí no hay connotación de revancha ni de venganza, aquí hay placer sexual. Es decir, hay quienes ‘se ponen’ viendo a los demás llorar.

Como este patrón de comportamiento sexual está basado en el dolor generado por la humillación, se le considera una suerte de sadismo: un juego de poder donde el dominante controla la respuesta psicológica del sumiso.

Pero este patrón no es el único inusual o atípico en cuanto a conductas sexuales. Existen más. De hecho, muchos más.

Por ejemplo, hay quienes sienten placer teniendo relaciones sexuales con una persona dormida. Ni siquiera necesitan llegar a tener contacto físico con ella: solo ver a alguien dormir los excita.
Hay quienes lo hacen cuando se sienten en peligro, por ejemplo, durante un asalto; es decir, en situación de sumisión y vulnerabilidad.
También están los que se excitan con árboles, plantas, flores y sus derivados. Para esta clase de comportamiento también existe nombre: dendrofilia.

¿Se acuerdan de la hermosa película Llámame por mi nombre, ganadora del Óscar al mejor guion adaptado? En ella hay una escena erótica en la que su joven protagonista, Elio, que además se encuentra en el preciso momento de experimentación de su sexualidad, está echado en su cama comiendo un jugoso durazno, que luego decide usar para su propia satisfacción personal.

Todas estas conductas sexuales aparecen en Kiki, el amor se hace, y se llaman parafilias. Kiki es una curiosa comedia española dirigida por el actor Paco León (que interpretó al esposo transexual de Paulina en La casa de las flores). La vi hace unos meses atrás, extrañadísima con tanta novedad. La película narra la historia de diferentes personajes y sus patrones de comportamiento sexuales atípicos: historias eróticas tan extravagantes como reales.

De hecho, mientras lee estas líneas, quizá pueda sentirse identificado con alguna de las filias arriba mencionadas; si es así, no tema. Nadie lo sabrá: quizás solo su pareja (o su terapeuta).

Existen 500 rarezas eróticas, quizás más. Desde excitarse con la imagen de uno mismo en el espejo –cual Adonis–, hasta excitarse con los tejidos o fibras, o inclusive hasta con un robot (estilo Black Mirror) o con el olor de una flor (cual Jean-Baptiste Grenouille).

Algunas de ellas podrían encontrarse dentro de un tratado de psiquiatría como trastornos, pero la verdad es que la Asociación de Psiquiatría Americana ha señalado que cualquier mortal puede mostrar cierta excitación hacia un objeto o una situación sin que pueda considerarse como una parafilia o patología.
Uff.

Es así como la última versión del Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales solo considera una conducta sexual como trastorno si esta causa malestar a la persona afectada o genera daños a terceros.

¿Dónde quedarían entonces todos estos comportamientos? Pues de acuerdo con Martin Paul Kakfa, psiquiatra de Harvard y experto en parafilias, estos patrones de comportamiento serían nada más que peculiaridades eróticas inofensivas. Quizás más naturales y comunes de lo que se piensa.

Quizás por eso cuando uno ve la película, no se incomoda: el sexo y su vasto universo es tratado con la naturalidad que se exige. Basta ya de estigmatizarlo, condenarlo, satanizarlo.

No tenemos que esperar a que cualquier peculiaridad personal nos haga preguntarnos, cuestionarnos, inquietarnos o contactarnos con nuestra sexualidad por primera vez.

Menos en épocas como esta, en que la información está asequible y disponible y donde aparecen voces como las de Pamela o Raquel (leer el informe de la portada de hoy), quienes hablan de sexo sin ninguna incomodidad. Lo hacen con la mayor frescura y naturalidad posible y, además, están dispuestas a resolver sus dudas. //


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